lunes, 1 de enero de 2018

HACE 59 AÑOS FIDEL CASTRO ENTRABA EN LA HABANA


  
El triunfo de la Revolución Cubana no trajo la democracia en Cuba sino una larga dictadura familiar que lleva en el poder casi seis décadas de opresión y sufrimientos.


El 10 de marzo de 1952, Fulgencio Batista dio un golpe de Estado. El nuevo gobierno fue inmediatamente reconocido por los Estados Unidos. El abogado Fidel Castro, apoyado por unos 170 jóvenes universitarios, comenzó a organizar un plan de lucha armada con el objetivo de derrocar a Batista. Su primera acción fue el sangriento asalto al cuartel de Moncada, una base del Ejército con una dotación de mil hombres, efectuado el 26 de julio de 1953, y que fracasó estruendosamente. Los sobrevivientes fueron juzgados y recibieron duras condenas. Pero a los dos años gracias a la intervención del arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Pérez Serantes, Batista indultó a los rebeldes y les permitió marchar al exilio en los Estados Unidos. Hacia fines de 1955, luego de dos años de cárcel, Castro se reunió en México con un grupo de revolucionarios cubanos y de otros países latinoamericanos que se sumaron a la lucha contra Batista y fundo el Movimiento 26 de julio. Durante casi un año se entrenaron, en territorio mexicano, en la táctica de la guerra de guerrillas.

De acuerdo con plan trazado previamente, los revolucionarios debían arribar a Cuba el 30 de noviembre de 1956, en coordinación con un levantamiento civil en Santiago de Cuba, organizado por los integrantes del Movimiento que se encontraban en la isla. Pero el arribo del yate “Granma” -que transportaba a la fuerza guerrillera de 82 hombres- se demoró, el 2 de diciembre de 1956 desembarcaron en Los Cayuelos, cerca de Las Coloradas, Cuba, procedentes de Santiago de la Peña, un lugar próximo a Tuxpan, Méjico. Tras siete días de pesadilla para los navegantes.

El levantamiento civil fue aplastado y las fuerzas de Batista se encontraron en condiciones de repeler el desembarco de los guerrilleros con bombas de napalm. Sólo sobrevivieron Fidel Castro, su hermano Raúl, Ernesto “Che” Guevara y nueve hombres más que se refugiaron en la Sierra Maestra, un agreste cordón montañoso situado al oeste de la isla.

Durante los primeros meses de 1957, los guerrilleros comenzaron a instalar bases en la Sierra Maestra y a librar encarnizados combates con las fuerzas de Batista. Los guerrilleros lograron el apoyo de los campesinos a quienes prometían expropiar las haciendas –latifundios- y entregar la tierra a quienes la trabajaban. En las ciudades la adhesión inicial sólo correspondió a los sectores universitarios, el movimiento obrero no comunista se mantuvo fiel al gobierno, el Partido Comunista se declaró neutral, los sectores medios urbanos y el movimiento obrero comunista se sumaron a la revolución recién cuando ésta hubo triunfado.

Fueron seis años de combate de guerrillas, ataques y atentados que no lograban hacerse con el control de Cuba, ni siquiera de alguna capital de alguna provincia.

Fulgencio Batista recibía desde Washington armamento que llegó a incluir el napalm, pero en marzo de 1958, el gobierno del presidente Dwight Eisenhower, presionado por la opinión pública, anunció que dejaría de vender armas al gobierno cubano, y entonces todo cambió.
El embargo de los Estados Unidos a la venta de armas a Batista marcó el destino del frágil gobierno dictatorial. Para diciembre, los únicos que apoyaban a Batista eran los propietarios de tierras y empresarios cubanos que se había beneficiado económicamente de su dictadura.

El 15 de diciembre de 1958, los guerrilleros lograron abrir un segundo frente en el este de la isla aislando a la mayor parte de las fuerzas gubernamentales, establecidas en la ciudad de Santa Clara, una zona estratégica en el centro de Cuba, paso obligado para el transporte terrestre, y el último bastión defensivo hasta La Habana.

El Ejército Rebelde necesitaba dejar incomunicado el Occidente del Oriente de Cuba, controlar toda la provincia de Las Villas, forzando a que los traslados de tropas enemigas hacia Oriente tuviesen que hacerse por vía aérea, aviones que ya no tenía Batista. Además, aumentaría la credibilidad del Ejército Rebelde.

Pero Santa Clara contaba con una importante guarnición, tanques, morteros y buen armamento, además de aviación.
Los ataques comenzaron por Fomento, Nazareno, Remedios, el cierre de la vía Báez-Santa Clara, los cuarteles de Cabaiguán, Guayos, Sancti Espíritu, Placetas y el derribo del Puente de Falcón, en el tramo de la Carretera Central entre Placetas y Santa Clara.

Con la ola de ataques se terminó con un total de armamento y equipamiento militar capturado para abastecer a unos doscientos efectivos, y así se organizaron dos nuevos pelotones de reclutas. Todo quedó listo para el ataque a Santa Clara.

Guevara asignó al comandante Víctor Bordón la ocupación del territorio al oeste de Santa Clara, al comandante Camilo Cienfuegos el cierre de la costa norte, y al comandante Faure Chomón el cierre del puerto de Casilda.

El ejército cubano organizó la defensa con un sistema de puntos de resistencia dentro del municipio capital de la provincia de Villa Clara, y también concedió suma importancia a la defensa de la retaguardia por la Carretera Central con destino a La Habana.

El 28 de diciembre las milicias comandadas por Ernesto Guevara iniciaron el ataque contra la ciudad, gozando de apoyo popular, lo que permitía que, lentamente, ganaran terreno sobre la ciudad.

Los soldados de Batista habían sido asignados a los puntos más altos de la ciudad, y desde las terrazas tenían un mejor alcance. También tenían morteros y tanques, aunque en las calles del municipio los vehículos blindados no podían lucirse mucho.

En total, unos cuatro mil soldados contra un ejército guerrillero de cuatrocientos hombres pobremente armados.

En el combate el primer gran golpe guerrillero fue el descarrilamiento de un tren blindado que llegaba con enormes suministros y refuerzos para la defensa de la ciudad. El sabotaje fue todo un éxito y permitió a los guerrilleros recursos para el combate.

El “Che” pensaba que se necesitaría un mes de lucha para conseguir el control completo de Santa Clara, pero en los dos últimos días de diciembre, las tropas gubernamentales sólo mantenían bajo su control el Gran Hotel y el cuartel de la policía. La ciudad se llenó de barricadas levantadas por los revolucionarios. Siempre se habló de que la CIA estadounidense había sobornado a los altos mandos de Batista para que no resistieran en Santa Clara.

El 20 de diciembre de 1958 se rindió Santa Clara, sitiada por la cuarta columna del ejército revolucionario comandada por el “Che” Guevara.

El Movimiento 26 de Julio y el Partido Socialista Popular, de orientación comunista, declararon la huelga general en todo el país.

En Cuba, todo se aceleró. El 31 de diciembre Batista decidió huir hacia Santo Domingo, en un avión con una fortuna próxima a los cien millones de dólares, junto con el presidente electo Andrés Rivero Agüero. Cuba quedó a cargo del general Eulogio Cantillo. De República Dominicana, Batista viajó a la isla de Madeira, Portugal, y luego consiguió asilo en España, gobernada por Francisco Franco, donde falleció en 1973.

Fidel Castro ingresó a Santiago de Cuba, y la declaró capital provisional de Cuba. A su vez, las tropas del 2do. Frente Nacional del Escambray, comandadas por Eloy Gutiérrez Menoyo, entraron a La Habana, donde un día más tarde llegaron también las tropas del Movimiento 26 de Julio comandadas por Camilo Cienfuegos y el “Che” Guevara. 

Una vez en el poder, Castro inmediatamente realizó una durísima represión de los ex partidarios de Batista, “las cárceles de la Cabaña en La Habana y de Santa Clara fueron escenario de ejecuciones masivas. Según la prensa extranjera, en un período de cinco meses esta depuración sumaria causó 6.000 víctimas entre los partidarios de Batista. Se organizaron tribunales de ejecución exclusivamente con el fin de pronunciar condenas. ‘Las formas de los procesos y los siguientes sobre los cuales se concebía el derecho eran altamente significativos: la naturaleza totalitaria del régimen estaba definida en ellos desde el principio’... Se celebraban simulacros de juicios en un ambiente de fiesta: una muchedumbre de 18.000 personas reunidas en el Palacio de los Deportes ‘juzgó’ apuntando con los pulgares hacia el suelo al comandante (pro – Batista) Jesús Sosa Blanco, acusado de cometer varios asesinatos. El comandante exclamó: ‘¡Esto es digno de la Roma antigua!’. Fue fusilado”.

El “Che” Guevara se encargo de los juicios y fusilamientos en “La Cabaña”, una tenebrosa fortaleza colonial de piedra donde fueron ejecutados miles de opositores -reales o potenciales-. Pronto los cubanos comenzarían a conocer a Guevara como “El carnicero de La Cabaña”.

En La Cabaña se fusilaba de lunes a viernes, en horas de la madrugada, poco después de dictar sentencia y lugar a apelaciones. Allí se hacinaban contingentes de ochocientas personas en un espacio calculado para trescientas personas. Los detenidos eran militares y policías del régimen de Batista, pero también periodistas, empresarios y comerciantes a quienes se consideraba como “enemigos de la Revolución”.

El padre Javier Arzuaga, quien ofició de capellán en La Cabaña dijo al respecto: “El “Che” nunca trató de ocultar su crueldad, por el contrario, entre más se le pedía compasión más el se mostraba cruel. El estaba completamente dedicado a su utopía. La Revolución le exigía que hubiera muertos, el mataba; ella le pedía que mintiera, el mentía. En La Cabaña, cuando las familias iban a visitar a sus parientes encarcelados, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca.”

En ocasiones, Guevara mandaba al paredón a los condenados con tan sólo una breve nota: “Dale aspirina”.

El propio Ernesto “Che” Guevara reconocería más tarde esto al declarar: “Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que hemos expresado siempre ante el mundo. Fusilamientos, sí hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cual sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cual es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba.”

Fidel Castro asumió como “primer ministro” y designó como presidente a Manuel Urrutia Lleó, representante de las clases medias urbanas. Aunque el poder político siempre estuvo en manos de Fidel y el control de las fuerzas armadas –por entonces denominadas “Ejército Rebelde”- bajo el control de su hermano Raúl Castro. Como hemos visto, inicialmente la Revolución Cubana contó con la aprobación y el apoyo de los Estados Unidos que impulsaban la democratización de América Latina.

Pero pronto la orientación de los cambios económicos en general y de la reforma agraria en particular, provocó el alejamiento de los sectores moderados. En julio de 1959, Urrutia exigió la convocatoria a elecciones y Castro lo destituyó. En los meses siguientes se registró un éxodo hacia Miami de los integrantes más acomodados de dichos sectores. El comunista Osvaldo Dorticós Torrado fue designado presidente, bajo la tutela de Castro.

Inmediatamente –mayo de 1959- el gobierno revolucionario lanzó la reforma agraria que afectó los intereses económicos de las empresas estadounidenses radicadas en la isla y durante 1960 se sucedieron una serie de agresiones económicas y militares de parte de los Estados Unidos contra Cuba –circunstancias en las cuales Cuba contó con el apoyo de la Unión Soviética. Como respuesta, el gobierno cubano expropió las compañías de capital estadounidense. El gobierno estadounidense decretó entonces un embargo comercial sobre todas las mercancías –excepto productos alimenticios y medicinales- destinados a la isla.

En diciembre de 1960, Cuba firmó tratados comerciales y de asistencia técnica con Rumania, la República Popular China, Alemania Oriental y Hungría. Estos tratados multiplicaron los mercados para el azúcar y posibilitaron, a través de convenios de trueque, la instalación de fábricas montadas por soviéticos y alemanes orientales.

En enero de 1961, después del fracaso de una invasión de exiliados cubanos en Bahía de los Cochinos –Playa Girón para los castristas- organizada por la Agencia Central de Inteligencia –CIA- de los Estados Unidos, que fracasó, Fidel Castro declaró el carácter socialista de la Revolución Cubana. Con lo cual la Guerra Fría irrumpió en América Latina. El gobierno de Washington quiso contar con el apoyo de los gobiernos latinoamericanos y revalorizó el papel político de los militares anticomunistas en la región.

Algunos sectores tenían una imagen romántica y un tanto idílica de los sucesos ocurridos en Cuba y creían que el ejemplo cubano debía ser seguido para “liberar” al país de la oligarquía y el imperialismo. 

Después de Bahía de los Cochinos, el presidente Kennedy lanzó un programa de ayuda para el desarrollo económico de América Latina que denominó “Alianza para el Progreso”, según el cual se invertirían veinte mil millones en la región en un plazo de veinte años.
En agosto de 1961, a los efectos de poner en marcha la Alianza para el Progreso se llevó a cabo en un balneario uruguayo la denominada “Conferencia de Punta del Este”. Al respecto recuerda Oscar Camilión, quien tuvo un importante papel en la organización de la misma: “La presencia de Cuba en la reunión de Punta del Este fue extremadamente importante y traumática. El enfrentamiento que planteó el jefe de la delegación cubana, Ernesto Guevara, desde el primer momento, fue indisimulado. Cuba había llegado con la decisión muy clara de separarse de América Latina y de señalar que tenía su propio camino hacia el desarrollo económico, que no se confundía con el camino latinoamericano. El famoso discurso de Guevara criticando a la Alianza con la imagen de las letrinas fue un momento muy dramático en la política continental, uno de los más emotivos que el sistema interamericano tuvo en el curso de su historia. Fue una brillante pieza de retórica la que pronunció Guevara, aunque a nuestro juicio totalmente alejada de la realidad y de los intereses verdaderos del pueblo cubano, como lo ha demostrado la historia”.
Pero el balance fundamental fue que Estados Unidos fue acompañado por la región en su conjunto, y que la llamada Carta de Punta del Este resultó un compromiso más o menos aceptable para todos los países. Brasil se sintió totalmente satisfecho. La Argentina, un poco menos. El gobierno de Kennedy pudo decir al final de la reunión que había conseguido por una parte aislar a Cuba, ya que había decidido tomar su propio camino, y por otra que los acuerdos básicos alcanzados con Brasil, la Argentina, Chile, México, abrían una expectativa de cooperación promisoria.”

A partir de ese momento, Cuba comenzaría a exportar su Revolución por los países del Tercer Mundo. La Revolución Cubana ensangrentó a América Latina durante los siguientes cincuenta años. La isla comenzó a apoyar financiera y políticamente a diversos grupos radicalizados dispuestos a conquistar el poder por medio de la “lucha armada” siguiendo el ejemplo del “foco guerrillero”. También los asistió con entrenamiento militar y armas.

En África, no solo brindaron apoyo y entrenamiento a los grupos guerrilleros, sino que fueron las mismas tropas cubanas -que en algún momento alcanzaron a 40.000 hombres- que se involucraron en los conflictos africanos, especialmente en Angola, pero también el Congo y en Argelia.


La Revolución Cubana, llevada a cabo en nombre de la democracia, terminó por sumir a Cuba en la dictadura y ensangrentar a muchos países del Tercer Mundo. La utopía se convirtió en pesadilla.

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