martes, 30 de mayo de 2017

LA TORMENTA SE CIERNE SOBRE WASHINGTON


El presidente Donad Trump enfrenta cada vez mayores problemas para reclutar y retener colaboradores de talento para su Administración.

A las sospechas que integrantes del círculo íntimo del presidente Trump entraron en colusión con los rusos para alterar el desarrollo de las últimas elecciones presidenciales se suman ahora la deserción del director de comunicaciones de la Casa Blanca, Mike Dubke.

El republicano moderado Mike Dubke, de 47 años, era un consultor en comunicación política que había creado su propia firma “Crossroads Media” antes de ser reclutado por el jefe de Prensa y portavoz presidencial Sean Spicer.

Dubke, que asumió como director de comunicaciones tan sólo el 6 de marzo, no había tomado parte de la campaña presidencia, nunca logró granjearse la confianza y adaptarse totalmente a la forma de trabajar del magnate inmobiliario y su círculo íntimo.

El pasado 18 de mayo, diez días más tarde de que Donald Trump decidiera destituir al director del FBI, James Comey, y cuando el rusiagate tomaba cada vez mayor dimensión involucrando en las sospechas al yerno presidencial, Jared Kushner, Dubke decidió su alejamiento y retorno a la actividad privada.

El funcionario pactó su salida demorando el anuncio para no afectar con un nuevo escándalo el desarrollo de la primera gira internacional del nuevo presidente.

Por el momento no han trascendido, ni los motivos de su renuncia, ni en qué fecha se hará efectivo el alejamiento de Dubke de su cargo, ni quien lo reemplazará como director de comunicaciones.

Jaqueado por las investigaciones del recientemente designado fiscal especial, el ex director del FBI, Robert Mueller, el presidente Trump planea reestructurar su equipo de comunicaciones.

Aplicando una estrategia similar a la desplegada por Bill Clinton para hacer frente a su affaire con la pasante de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky, Donald Trump creará un “equipo de comunicación de crisis” destinado tan sólo a responder a las filtraciones y acusaciones derivadas de las investigaciones que realicen tanto la Comisión de Inteligencia del Senado como el FBI.

Este equipo intentará dar respuestas duras y confrontativas a las acusaciones que surjan, mientras que la Casa Blanca reducirá aún más sus esporádicos contactos con la prensa.
Otro equipo integrado por prestigiosos juristas, posiblemente coordinados por Marc Kasowitz, el abogado particular de Trump desde hace años, se encargará de diseñar las acciones jurídicas para enfrentar cualquier proceso legal.

Lo cierto es que aún desde sus tiempos de presidente elector, Donald Trump ha tenido serias dificultades para conseguir que hombres de probado prestigio y talento trabajaran para él.

Las causas de esa resistencia son variadas. En gran medida se han debido al trato despiadado que el empresario suele dar a sus colaboradores, la forma en que gestiona todos sus emprendimientos, incluso los políticos y muy especialmente las polémicas políticas que pretende aplicar el presidente, en particular, en materia de migración, protección del medio ambiente, el derecho a tener y portar armas por los estadounidenses, etc.

El problema de reclutar talentos se ve agravado, en los últimos tiempos, por los cuestionamientos que sufre la nueva Administración por sus vínculos aún no esclarecidos con el gobierno ruso.

En ese contexto los más prudentes suelen abandonar un barco que se hunde y otros meditan mucho antes de aceptar unirse a un gobierno que ostenta tal nivel de rechazo y que no tiene asegurada su supervivencia.


Posiblemente, si la tensión sigue incrementándose y nuevas revelaciones sacuden a la opinión pública estadounidense la Administración Trump no podrá evitar nuevas deserciones. 

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