sábado, 18 de febrero de 2017

LA PESADA HERENCIA DE RAFAEL CORREA


En Ecuador otro líder populista latinoamericano abandona el poder dejando tras de sí la herencia tradicional: corrupción generalizada, la economía en retroceso y una sociedad dividida.

LA POLITICA DEL BUEN VIVIR

Después de una década de despilfarro, autoritarismo y falso progresismo la llamada “Revolución Ciudadana” del presidente Rafael Correa tiene poco a su favor para mostrar.

La economía ecuatoriana ha experimentado, los últimos dos años, un estancamiento que disparó la desocupación y deterioró el escaso poder adquisitivo de los salarios en un país dolarizado donde el 20% de los trabajadores debe arreglarse con un salario promedio de 335 dólares mensuales, que no cubre sus necesidades básicas. Mientras que el “bono de desarrollo humano”, un subsidio estatal que se brinda a los ancianos sin recursos y a los discapacitados es de solo cincuenta dólares.

El PBI de Ecuador, está en declive desde 2015, son cinco trimestres consecutivos de contracción que fueron precedidos por uno de estancamiento. Ecuador, con una economía “petrodependiente” fue afectada, tanto por el descenso de los precios internacionales del hidrocarburo como, por la incapacidad del gobierno para, tras diez años de gestión, acumular las reservas suficientes para enfrentar con éxito los períodos de crisis.

En 2016, el PBI ecuatoriano, según algunas estimaciones, se contrajo en un 2,2%. En medio de este período de “vacas flacas”, que el gobierno se empecina no llamar “crisis”, ha caído bruscamente el consumo y por ende la recaudación fiscal.

El gobierno de Correa ha respondido incrementando el IVA (del 12 al 14%) y las contribuciones solidarias -y obligatorias- que han salido de los salarios, de la rentabilidad de las empresas y de impuestos al patrimonio. La excusa ha sido la necesidad de reconstruir las provincias de Manabí y Esmeralda afectadas por un sismo, en abril de 2016, en que murieron 660 personas.

Con esas medidas de excepción, el Servicio de Rentas Internas logró recaudar  12.261 millones de dólares, entre enero y noviembre de 2016, que fueron 220 millones menos que en igual periodo de 2015. Si no se tienen en consideración a las contribuciones solidarias, la baja en la recaudación fiscal se eleva hasta los 1.300 millones, lo que pone de manifiesto la magnitud de la recesión.

La agricultura, la producción manufacturera, la actividad comercial y la construcción son los cuatro rubros más importantes de la economía ecuatoriana y representan el 43,4% de un PBI de poco más de 100.000 millones de dólares. Estos cuatro rubros han registrado fuertes descensos en el año que pasó. Hasta septiembre de 2016, sin considerar el refinamiento de petróleo, las manufacturas sumaron 266 millones de dólares menos, la construcción 953 millones, el comercio 672 y la agricultura 90 millones menos.

No obstante, el gobierno incapaz de abandonar lo que llama su “política del buen vivir” y manejarse con austeridad, gasto en 2016, 17.000 millones (otras estimaciones llevan el gasto fiscal a 24.000 millones), evitando el ajuste económico y tratando de ganar tiempo en un año electoral. Pero, cuando parecía que estaba a punto de lograr su cometido estalló el escándalo Odebrecht.

EL CAPÍTULO ECUATORIANO DE ODEBRECHT

En el tramo final de la campaña presidencial que finalizó el pasado viernes, salió a la luz el escándalo de corrupción generado por los sobornos pagados por la constructora brasileña Odebrecht.

Los directivos de la firma brasileña declararon, el pasado mes de diciembre, ante la justicia de los Estados Unidos que, entre 2007 y 2016, precisamente los años del mandato de Rafael Correa, sobornos en Ecuador por un monto de 33,5 millones de dólares.
Pero, como este hecho de corrupción no parecía suficiente para acabar con la credibilidad de Correa, aparecieron en las redes sociales vídeos con las declaraciones del prófugo ex ministro Carlos Pareja Yannuzelli, alias “Capaya”. Estos escándalos manchan principalmente al actual vicepresidente Jorge Glas, quien forma parte del binomio de candidatos oficialistas y ha sido el hombre fuerte en los sectores estratégicos del régimen de Correa.

A partir de ese momento, todas las fuerzas del oficialismo se esmeraron en limpiar la imagen de sus candidatos, principalmente la de Glas, con nulos resultados.

Las intervenciones de Correa desmintiendo a Capaya solo han aclarado que la corrupción esta enquistada dentro de las esferas más altas del poder. Y mientras más demoras pone la Fiscalía General del Estado para sacar a la luz los nombres de los funcionarios corrompidos por Odebrecht, más convencida está opinión pública de que la corrupción en endémica al gobierno de Correa.

FINAL ABIERTO

Aunque el binomio del oficialista “Frente Unidos”, que presenta a dos ex vicepresidentes de Correa como candidatos, Lenin Moreno y Jorge Glas, marcha primero en las encuestas, ninguna de ellas lo da como triunfador en la primera vuelta electoral. Para ello debería superar el 40% de los votos válidos y mantener una diferencia de al menos diez puntos con su más cercano competidos. Las predicciones asignan tan solo un 30% de las preferencias a Moreno.

En segundo término, las encuestas sitúan a los candidatos de “Compromiso Ecuador”, la fórmula conformada por el empresario Guillermo Lasso y Andrés Páez, con un cómodo 23,5% muy alejado del casi 16% asignado a la candidata social cristiana Cynthia Viteri, tercera en las preferencias.

Los analistas hablan de “un alto número de indecisos”, de un “voto oculto” que no favorecería al oficialismo y hasta de la posibilidad de fraude oficial en los comicios. Pero, lo cierto es que, si el candidato oficialista no logra imponerse en las urnas este domingo, la cuestión se resolverá en abril entre los dos candidatos más votados, posiblemente Moreno y Lasso.


Frente a esta posibilidad Lenin Moreno no tiene la mejor parte, porque el voto opositor tenderá a unificarse. En ese caso, los ecuatorianos votaran por la continuidad de la “revolución ciudadana” o por un país más serio, más previsible y más próspero.