domingo, 26 de febrero de 2017

LA HABILIDAD DIPLOMÁTICA DE MARRUECOS REVELA EL CARÁCTER TERRORISTA DEL POLISARIO


La evidente decadencia que enfrentan los separatistas del Frente Polisario impulsa a sus dirigentes a tomar medidas desesperadas como el intento de generar un incidente armado con Marruecos en el extremo sur de su territorio.

Los separatistas del frente Polisario enfrentan su peor momento. Al retorno de Marruecos a la Unión Africana, el único foro internacional donde tenían alguna presencia; se suma el fin del mandato de su aliado Bam Ki-moon al frente de Naciones Unidas y la pérdida de reconocimiento internacional para su parodia de estado, la autoproclamada “República Árabe Saharaui Democrática”.

Ayer mismo, por ejemplo, fue el ministro de Asuntos Exteriores de Zambia, Harry Kalaba, quién confirmó la retirada por Zambia, el 9 de julio de 2016, de su reconocimiento a la “RASD” y la rotura de toda relación de su país con esta entidad. A los problemas de los separatistas se agrega el creciente desinterés de la mayoría de las naciones africanas por la suerte de la supuesta “causa saharaui”.

Todo ello coloca a los dirigentes separatistas frente al dilema de apelar a medidas extremas o enfrentar una gradual, pero inexorable, desaparición como organización. Es por ello que apelan a su último recurso: la ruptura del alto al fuego acordado con Marruecos, el 16 de septiembre de 1991, bajo supervisión de las Naciones Unidas. Los polisarios han amenazado durante años en los diferentes foros internacionales con apelar a la violencia si sus demenciales demandas no son atendidas.

Recordemos que el Frente Polisario es una organización separatista que registra un largo historial de acciones terroristas no solo contra Marruecos, sino también contra ciudadanos y pesqueros españoles que operaban en aguas marroquíes o cooperantes internacionales que concurrían al Sáhara.

En los últimos tiempos, las amenazas de recurrir a la violencia se han incrementado, en parte por la pronunciada decadencia que en todos los campos registra la organización separatista, pero, especialmente, después de la designación de Brahim Ghali como Secretario General del Frente Polisario.

Este dirigente separatista enfrenta cargos por violaciones a los derechos humanos y crímenes comunes ante la justicia española. Además, durante los años en que condujo a las milicias polisarias fue responsable de planificar y llevar a cabo ataques terroristas que costaron la vida de numerosos ciudadanos españoles. En consecuencia, es lógico pensar que para Brahim Ghali la violencia es un recurso más del que dispone para intentar salvar a su causa de esa inexorable decadencia que enfrenta.

El procedimiento elegido en esta ocasión fue el de montar una provocación en la región de Guergarat, en el sur de Marruecos. En ese punto situado en el confín suroeste del territorio marroquí, al pie de las obras de defensa fronteriza y en proximidad de la línea de alto el fuego entre Marruecos y las milicias irregulares del Frente Polisario se fue conformando una angosta franja de territorio -que en su punto más ancho tiene una extensión de cinco kilómetros- que constituye una suerte de “tierra de nadie”, antes de llegar al territorio de Mauritania, creada por el acuerdo de 1991.

Aprovechando estas circunstancias que artificialmente se había generado en esa zona, se instalaron en el lugar bandas criminales que desarrollaban las actividades de tráfico ilícito frecuentes en el Sáhara: robo de automóviles, tráfico de autopartes, contrabando de combustible, cigarrillos, drogas y armas. Las actividades criminales en ese lugar beneficiaban a los dirigentes polisarios que las protegían e impulsaban y también a la población local mauritana desprovista, en muchos casos, de medios legales de subsistencia.

Debido al riesgo que el incremento de estas actividades criminales significaban para la seguridad de la región y a los efectos de evitar que se consolidara una “zona sin ley” en el lugar, el pasado 11 de agosto miembros de la Gendarmería Real, acompañados de personal vial y maquinarias, realizaron una operación sorpresiva de control, limpieza y extracción de restos de automóviles, destrucción de refugios precarios utilizados por los contrabandistas y reparaciones en la ruta que une Marruecos con Mauritania. Todas estas acciones tenían el único propósito de poner fin a las actividades criminales en el lugar.

El hecho provocó inmediatamente las protestas del Frente Polisario que lucraba con la protección brindada a los negocios ilegales en la zona, de los cuales sacaban beneficios especialmente los altos dirigentes del Polisario.

No obstante, el incidente no pareció, en un primer momento, pasar a mayores. Pero, después de que Marruecos concretó su retorno a la Unión Africana, en la Cumbre de Addis Abeba, en el pasado mes de enero, los dirigentes separatistas, en respuesta, incrementaron la presencia provocativa de sus milicianos en el lugar buscando generar un incidente de envergadura en el lugar.

El rey Mohammed VI comprendió la gravedad de la maniobra que pretendían implementar los separatistas y actuó con prontitud para contrarrestarla.

Inmediatamente, se comunicó telefónicamente con el flamante Secretario General de Naciones Unidas, el político portugués, Antonio Guterres, para ponerlo al tanto de la  situación real en el lugar y solicitarle la colaboración de las fuerzas de la MINURSO, garantes del cumplimiento del alto al fuego. Esto cortó radicalmente toda posibilidad, por parte de los separatistas, de escalar en el conflicto.

Al mismo tiempo, ordenó a las fuerzas marroquíes replegarse a unos kilómetros de la línea de alto al fuego de 1991 a los efectos de evitar cualquier incidente en la zona y como respuesta a la solicitud del Secretario General. Dicha actitud comprueba una vez más el compromiso de Marruecos para el respeto de las recomendaciones y apreciaciones de la ONU de conformidad con la legalidad internacional para una solución pacifica y mutualmente aceptable a este conflicto artificial.

Resulta evidente que los separatistas polisarios se encuentran desesperados y apelan a cualquier procedimiento para intentar contrarrestar el creciente peso internacional que Marruecos, gracias a la hábil diplomacia desplegada por Mohammed VI, adquiere día a día en África.

Seguramente, los dirigentes del Polisario no se arriesgarán a reanudar el conflicto en el Sáhara -que no podrían mantener en el tiempo sin el abierto apoyo de Argelia- pero sí a generar un incidente armado lo suficientemente grave para desestabilizar la zona.

Al mismo tiempo, los separatistas intentan poner a prueba la imparcialidad e idoneidad del nuevo Secretario General de Naciones Unidas para manejar una crisis en el Sáhara. Especialmente, cuando se acerca la fecha en que anualmente se debate la renovación del mandato de la MINURSO en la región.

El aumento de las tensiones armadas en Guergarat es tan sólo otro intento -grave y preocupante- de reflotar una “causa” que, desde hace años, hace agua por los cuatro costados. Por otra parte, la madurez de la política de Marruecos deja en evidencia el carácter violento y terrorista de una organización separatista en estado de agonía.


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