jueves, 16 de febrero de 2017

LA AGENDA DE TRUMP PARA AMÉRICA LATINA


Constituye un error pensar que el presidente Donald Trump no tiene otra agenda para América Latina que los problemas de inmigración e inversiones con México. Trump también se propone modificar la política de su predecesor con respecto a Venezuela y Cuba.

LA AGENDA DE TRUMP

La insistencia de Trump, durante la campaña presidencial, en el problema de la inmigración latina o sus medidas contra las empresas estadounidenses que proyectaban nuevas y sustanciales inversiones en México crearon, en periodistas y analistas, la falsa impresión de que su política para la región se agotaba allí.

Sin embargo, Trump también criticó la política de Barack Obama con respecto a Cuba e Irán, además de anunciar que daría prioridad a la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo yihadista y el crimen organizado transnacional.

Por lo tanto, no puede sorprender que en los últimos días el presidente Trump haya dado evidencias de que entre sus preocupaciones se cuenta la situación que atraviesa Venezuela.

La República Bolivariana, desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, es un alfil político y una fuente de financiamiento de la Cuba de los Castro.

También es la principal base regional de la República Islámica de Irán. Dos Airbus de la empresa venezolana Conviasa cubre, dos veces al mes, la ruta Caracas – Damasco – Teherán, un vuelo aprovechado frecuentemente por terroristas, agentes de inteligencia de Medio Oriente y también simpatizantes de la Revolución Iraní que viajan para realizar cursos de adoctrinamiento.

También es conocido que pasaportes venezolanos auténticos han sido encontrados en poder de terroristas y narcotraficantes, al ser detenidos.

Venezuela incluso desempeña un papel importante en las rutas de narcotráfico que inundan de cocaína y otras drogas la sociedad estadounidense.

Incluso desde el país caribeño opera el “Cartel de los Soles” una organización de narcotráfico conformada por altos cargos del Ejército, la Guardia Nacional Bolivariana y el Servicio Bolivariano de Inteligencia -SEBIN-.

La justicia estadounidense ha denunciado millonarias tramas de sobornos en la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PdVSA) y encarceló, en 2016, a dos sobrinos de la primera dama venezolana, Celia Flores, por intentar introducir trescientos kilogramos de cocaína desde Haití a los Estados Unidos.

Anteriormente, en 2015, el diario The Wall Street Journal informó que las autoridades estadounidenses investigaban al entonces presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, el influyente diputado Diosdado Cabello como responsable del envío de drogas a Estados Unidos.

En agosto de 2016, Néstor Reverol, ex director de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA) y ex comandante de la militarizada Guardia Nacional Bolivariana y a su ex director en la ONA, Edylberto José Molina, fueron acusados por un tribunal federal de Nueva York, de recibir sobornos de narcotraficantes para permitir sus actividades.

Para concluir, Venezuela es el principal comprador latinoamericano de armas chinas, que incluso envía a los hombres de sus fuerzas armadas a perfeccionarse en el manejo de este armamento al país asiático.

Por lo tanto, Venezuela se sitúa en el centro de una encrucijada donde confluyen distintas preocupaciones de seguridad nacional para los Estados Unidos.

SE DETERIORA LA SITUACIÓN VENEZOLANA

Desde los primeros días de 2017, el gobierno de Nicolás Maduro adoptó un conjunto de medidas tendientes a perpetuarse en el poder abandonando la “máscara democrática” que encubría al régimen chavista.

Maduro comenzó rompiendo el diálogo con la oposición agrupada en la Mesa de Unidad Democrática desairando al mismo tiempo a los presidentes de la Unión de Naciones del Sur -UNASUR- y al Papa Francisco cuya mediación había solicitado en noviembre.
Luego suspendió sin fecha todo tipo de elecciones -municipales y provinciales- y forzó a re empadronamiento acelerado de los partidos políticos opositores con la intención de limitar sustancialmente el número de formaciones políticas.

También designó como vicepresidente, y eventual sucesor, a un político muy controvertido. Se trata de Tareck El Aissami, ex legislador y gobernador del Estado Aragua.

El Aissami tiene probados vínculos tanto con Cuba como con Irán y la narcoguerrilla de las FARC. Ha sido una figura clave en el acercamiento de Irán con Argentina, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que dio lugar al polémico “Memorándum de Entendimiento” para el esclarecimiento del atentado a la Mutual de Entidades Israelíes en Argentina -AMIA-, en 1994.

Por último, El Aissami es también sindicado como uno de los principales líderes del mencionado “Cartel de los Soles”.

Como si hiciera falta algo más, Maduro prohibió las emisiones de la CNN en español en Venezuela por sus programas informando sobre los pasaportes venezolanos en poder de terroristas y narcotraficantes, donde El Aissami aparecía involucrado.

Por todos estos antecedentes, la designación de El Aissami como vicepresidente por parte de Maduro es una provocación y una señal de que el presidente chavista está dispuesto a imponer su voluntad en Venezuela despreciando a la oposición interna y a las presiones internacionales.

LA MOVIDA DE TRUMP

Estos hechos dispararon la reacción de la Administración Trump. La ofensiva contra el gobierno chavista se inició cuando la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) incluyeron al vicepresidente Tareck El Aissami y a su testaferro el empresario Samark José López Bello en la Lista de Narcotraficantes Especialmente Designados (Lista Kinglin).

Retiro a ambos la visa para ingresar al país y bloqueo sus bienes en el país, que comprenden decenas de millones de dólares, lujosos departamentos en Miami y hasta un jet privado. El gobierno estadounidense también identificó a trece empresas controladas por López Bello en Venezuela, Estados Unidos, Islas Vírgenes Británicas, el Reino Unido y Panamá, prohibiendo a ciudadanos y empresas estadounidenses negociar con ellas.

Inmediatamente, primero el vicepresidente Mike Pence y luego el propio presidente Donald Trump iniciaron una ronda de contactos con presidentes latinoamericanos para sondear su posición con respecto a Venezuela.

Los primeros consultados fueron el presidente de Colombia Manuel Santos, el de Perú, Pedro Pablo Kuczynski y de Argentina, Mauricio Macri.

En todos los casos la comunicación telefónica fue solicitada por el Departamento de Estado, se inició con un trato protocolar, luego se mencionó algún tema bilateral y finalizó con una referencia a la situación imperante en Venezuela.

Todas las comunicaciones concluyeron con una invitación al mandatario latinoamericano para conversar más extensamente en la Casa Blanca.

Recordemos que, tanto Kuczynski como Macri, han hecho públicos, en reiteradas ocasiones, sus cuestionamientos al gobierno de Nicolás Maduro y reclamado la liberación de los presos políticos venezolanos.

Mientras que Colombia, por su vecindad y sus vínculos políticos y económicos con Venezuela, es un país clave para cualquier iniciativa contra el régimen chavista.

Finalmente, el presidente Donald Trump realizó un gesto simbólico para enviar una clara señal de lo que se avecina con respecto a Venezuela. Recibió en la Casa Blanca y se fotografió junto a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, el líder del partido venezolano “Voluntad Popular”. López, desde hace tres años, cumple en la prisión militar de Ramo Verde una condena a catorce años de cárcel impuesta por el gobierno chavista.

En esa ocasión, Trump dijo claramente: “Venezuela debe permitir que Leopoldo López salga de prisión inmediatamente.”

TENSIÓN EN LA REGIÓN

Estos hechos, vistos en su conjunto, indican que en los próximos meses asistiremos a un incremento significativo de las tensiones entre los Estados Unidos y Venezuela.

Posiblemente, estas tensiones también involucren a la OEA y a otros países de la región.
Tampoco debe descartarse, que la oposición venezolana, al ver bloqueada la vía democrática y sintiéndose respaldada internacionalmente, lleve a cabo una ofensiva de resistencia civil que dispare la violencia en Venezuela.