viernes, 10 de febrero de 2017

EL MUNDO PREOCUPADO POR EL INCREMENTO DE PASAPORTES VENEZOLANOS FALSOS


Tal como anticipara TOTAL NEWS pasaportes venezolanos están siendo empleados por terroristas, narcotraficantes y espías para circular por el mundo con falsas identidades como ciudadanos venezolanos.

LA MISIÓN IDENTIDAD

Hace unos días alertamos en una nota sobre el perfil político del nuevo vicepresidente Tareck El Aissami. En esa ocasión dijimos que este funcionario y político chavista era responsable de la entrega (o venta) de documentos venezolanos auténticos (pasaportes y cédulas de identidad) a elementos criminales y terroristas extranjeros.

Recordemos que, en 2003, el entonces presidente comandante Hugo Chávez Frías creó la llamada “Misión Identidad” para reducir el número de venezolanos indocumentados.

El encargado de conducir esa “Misión” fue el joven abogado chavista Tareck El Aissami quien para cumplir con la orden presidencial instaló puestos callejeros en diversas ciudades venezolanas.

La Misión Identidad confeccionó con materiales de escasa calidad y sin mayores medidas de seguridad casi tres millones de células de identidad que fueron entregadas sin mayor verificación de los datos declarados por su titular.

El Aissami era también el director de la entonces Oficina Nacional de Identificación y Extranjería (ONIDEX), actualmente denominada Servicio Administrativo de Identificación, Migración Y Extranjería (SAIME) que no sólo otorgaba documentos domésticos (cédulas de identidad) sino también pasaportes.

Los pasaportes venezolanos son particularmente valiosos para los elementos criminales porque permiten viajar a 130 países sin necesidad de visa previa, entre ellos la mayoría de las naciones latinoamericanas y 26 estados de la Unión Europea.

El Aissami no sólo contaba con la total confianza del presidente Chávez, sino que había desarrollado fuertes vínculos con los órganos de inteligencia de Cuba e Irán y, a través de ellos con diversos grupos terroristas como las FARC y los chiíes de Hezbollah apoyados por Irán y Siria.

El Aissami comenzó a suministrar pasaportes venezolanos absolutamente auténticos y legales a terroristas colombianos y de Medio Oriente que permitían a estos elementos criminales circular con identidades falsas por todo el mundo.

Además, de esta red de intercambios oficiales clandestinos, El Aissami organizó, en paralelo, un negocio particular de venta de pasaportes venezolanos a narcotraficantes de diversos países (colombianos, mexicanos, paraguayos, etc.) a cambio de ingentes sumas de dinero.

Entre 2005 y 2007, el gobierno venezolano firmó convenios con varias empresas estatales cubanas para la compra e importación de la tecnología necesaria para reformar los documentos emitidos por ONIDEX y crear la actual SAIME. Como en muchos otros sectores donde Cuba no tiene un desarrollo tecnológico propio, la Isla se beneficia al convertirse en intermediaria de las compras del gobierno de Venezuela. La firma cubana Albet Ingeniería y Sistemas, SRL, obtuvo la concesión para emitir cédulas y pasaportes venezolanos.

A partir de 2011, se comenzaron a elaborar los pasaportes diplomáticos biométricos para la cancillería venezolana. El SAIME instaló una oficina en la Casa Amarilla, sede del ministerio de Relaciones Exteriores. Pero, aún los diplomáticos venezolanos recelan de la intervención de funcionarios cubanos en la expedición de los pasaportes diplomáticos venezolanos.

En 2014, según un informe elaborado por el Centro para una Sociedad Libre y Segura (SFS), un think thank global basado en Washington DC, y del Instituto de Análisis Social y Económico de Canadá, Tareck El Aissami desarrolló una sofisticada red financiera que sirve de apoyo a terroristas islámicos en Venezuela y en los países de la región. Esta organización comprendería a 40 compañías, que poseen más de veinte propiedades y 36 cuentas bancarias en Caracas, Panamá, Florida y Beirut entre otras ciudades.

El volumen de pasaportes entregados o vendidos por El Aissami y otros funcionarios venezolanos fue tan grande que se convirtieron en una preocupación para los organismos de seguridad de otros países y pronto comenzaron a aparecer en manos de terroristas y delincuentes que eran detenidos.

Según algunas fuentes, las autoridades venezolanas habrían emitido, tan solo entre 2008 y 2012, al menos 173 pasaportes, cédulas de identidad, certificados de nacimiento, visas y otros documentos a islamistas radicales que buscaban entrar sin despertar sospechas por los países del continente americano.

Por lo general, cuando un pasaporte venezolano era empleado por un narcotraficante o terrorista colombiano, o incluso de un agente de inteligencia cubano, era muy difícil de detectar la falsa identidad del portador, pero esto no sucedía cuando quién pretendía pasar por venezolano era un iraní o sirio que no hablaba español.

Veamos algunos antecedentes que nos permitirán comprender en toda su dimensión la amenaza que representan estos documentos en las manos equivocadas.

El 10 de septiembre de 2004, las autoridades paraguayas detuvieron a diez ciudadanos peruanos que intentaban hacerse pasar por integrantes de un equipo venezolano de Bowling. Los pasaportes venezolanos que portaban eran auténticos, lo falso eran las visas estadounidenses que tenían estampadas. Los peruanos pretendían llegar a la ciudad mexicana de Cancún. Desde allí pensaban dirigirse hacia la frontera de los Estados Unidos. 

La detención de los peruanos se realizó debido a una alerta emitida por la Interpol.

En otro caso, el 13 de diciembre de 2005, agentes de inteligencia colombianos detuvieron en Caracas, a través de una operación encubierta, a Rodrigo Granda Escobar, un terrorista considerado el “Canciller de las FARC”.

Rodrigo Granda había concurrido a Venezuela para asistir al “Segundo Congreso de los Pueblos” organizado por el presidente Chávez.

En el marco de este evento, Granda se entrevistó con diversos personajes, entre los que se contaron el premio nobel de literatura portugués José Saramago y el premio nobel de la paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, los sandinistas nicaragüenses Tomás Borge y Daniel Ortega y la diputada de la Asamblea Nacional de Venezuela, Amarilis Pérez.

Las autoridades colombianas secuestraron en poder de Rodrigo Granda una cédula de identidad y un pasaporte venezolano con el cual el narcoterrorista colombiano había realizado más de doscientos viajes por todo el mundo. Inmediatamente el gobierno bolivariano de Venezuela se cubrió emitiendo un comunicado en el que afirmaba que Rodrigo Granda era ciudadano venezolano y que había obtenido su ciudadanía un año antes.

En 2006, en Venezuela fue detenido el narcotraficante colombiano Farid Feris Domínguez, alias “El médico”, quien tenía en su poder un pasaporte diplomático venezolano que lo acreditaba como “asesor” del ministro de Finanzas, Nelson Merentes. El narcotraficante colombiano negó conocer al ministro y dijo que el documento fue proporcionado por el Director del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, comisario Marcos Chávez.

En 2007, el presidente Hugo Chávez Frías se reunió con su homólogo iraní, Mahmud Ahmadinejad acordando la implementación de la ruta aérea Caracas – Damasco – Irán, una ruta que resultaría vital para los desplazamientos de agentes iraníes, militantes de grupos de izquierda latinoamericanos e incluso terroristas chiíes, entre América y Medio Oriente.

Meses más tarde, el entonces ministro de Relaciones Exteriores venezolano, Nicolás Maduro, se reunió en la ciudad de Damasco con el líder del grupo terrorista Hezbollah, Hasan Nasralá, a los efectos de coordinar el apoyo que Venezuela brindaría a las actividades del grupo terrorista pro iraní.

Fundada en El Líbano, en 1982, por un contingente de la Guardia Revolucionaria de Irán, Hezbollah es considerada por los Estados Unidos y otros países occidentales como una organización terrorista apoyada y financiada por el gobierno de Teherán.

Recordemos que el grupo Hezbollah aparece vinculado a los atentados terroristas de la Embajada de Israel (1992) y de la Asociación Mutual Israelita en Argentina (AMIA en 1994) en Buenos Aires y se ha detectado la presencia de elementos pertenecientes a esta organización en la zona de la Triple Frontera (entre Argentina, Brasil y Paraguay) y en la región del Chuí, en Uruguay en proximidades de la frontera con Brasil.

En enero de 2008, fue detenido en el aeropuerto caraqueño de Maiquetía un pasajero que viajaba con rumbo a Damasco llevando en su equipaje 2,2 kilogramos de cocaína. El narcotraficante empleaba un pasaporte iraquí a nombre de Ali Ahmed Adhan, emitido por las autoridades de ese país en la ciudad de Basora, zona de mayoría shií en la cual, según ese documento había nacido.

Pero en el doble fondo de su valija, la policía también encontró un pasaporte y una cédula de identidad venezolana auténtica a nombre de Ghumeim Ali Abrahim. También encontraron otros documentos venezolanos que los acreditaban como Ahmed El Timimy Villalobos natural de Maracaibo.

El Timimy fue sentenciado a ocho años de cárcel. Allí fue visitado por personal diplomático del ministerio de Relaciones Exteriores de Irak. En marzo de 2010, fue excarcelado en libertad condicional y abandonó Venezuela.

Ese curioso personaje apareció nuevamente, en 2012, en Francia cuando fue detenido por narcotráfico, pero fue pronto liberado por que un año más tarde, en 2013, fue detenido en Dinamarca por lavado de dinero. Al parecer en este último país tampoco permaneció demasiado tiempo.

En 2015, El Timimy se presentó en la Embajada de Venezuela en Irak, demandando se le entregara un pasaporte venezolano, amenazando al personal diplomático con sus vínculos personales con el presidente Maduro.

El 30 de enero de 2008, en un complejo de cabañas en Lomas de los Ángeles, en el Estado de Mérida, Venezuela, se encontró el cadáver de Wilber Alirio Varela Fajardo, alias “Jabón”, uno de los líderes del Cartel del Norte del Valle. Varela, un sargento retirado de la Policía Nacional de Colombia era uno de los diez narcotraficantes más buscados por la Drug Enforcement Administration, quien los consideraba responsable por el 70% de la cocaína que ingresaba a los Estados Unidos y ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares por datos que condujeran a su captura.

Al parecer Wilber Varela había sido asesinado por dos de sus lugartenientes, Javier Antonio Calle Serna, alias “Comba” y Diego Pérez Henao, alias “Diego Rastrojo” para quedarse con sus negocios. En el cadáver de Varela se encontró un pasaporte original venezolano, una cédula de identidad venezolana y una credencial de la DISIP (actualmente SEBIN) el entonces servicio de inteligencia venezolano.

Al parecer “Jabón” encontró refugio y protección por parte del “Cartel de los Soles” integrado por militares venezolanos de alto rango. Sin embargo, cuando sus negocios entraron en crisis y no pudo seguir pagando la cuota de soborno que estos le demandaban perdió la protección y terminó siendo asesinado.

En 2010, las autoridades anti lavado de dinero de Andorra detuvieron a Tulio Antonio Hernández Fernández y Gabriel Gil Yánez, quienes portaban pasaportes diplomáticos que los acreditaban como asesores del ministro de Economía y Finanzas de Venezuela. Los funcionarios venezolanos habían transferido grandes sumas de dinero a una cuenta en la Banca Privada de Andorra del ex Jefe de la División contra Drogas del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Norman Puerta Valera.

Ambos “asesores” registraban condenas por tráfico de drogas en Venezuela y Norman Puerta Valera, en ese entonces, se encontraba también detenido por lavado de dinero en Andorra y más tarde sería extraditado a Venezuela.

Aunque los “asesores” de ministros no califican para viajar con pasaporte diplomático, los documentos en poder de Hernández y Gil fueron tramitados por pedido de la “Secretaría de la Presidencia” de la República Bolivariana de Venezuela.

Los dos “asesores” luego de ser liberados regresaron a su país sin que fueran procesados por la justicia venezolana.

EN LA RUTA AFRICANA DE LA COCAINA LATINOAMERICANA

Otro hecho, ocurrido en 2012, pone en evidencia el papel que desempeña Venezuela como parte de la ruta de la cocaína latinoamericana por África.

El 12 de agosto de 2012, un jet Bombardier 7000 despegó del aeropuerto Arturo Michelena de la ciudad de Valencia, Estado de Carabobo, en Venezuela, transportando un embarque de casi 1.600 kilogramos de cocaína perteneciente al Cartel de Sinaloa, dirigido por Joaquín Guzmán Lorea, “El Chapo”. El avión despegó eludiendo todos los controles y sin la autorización formal de las autoridades venezolanas, pero al aterrizar en la Isla de Gran Canaria, España, para reponer combustible la aeronave fue incautada encontrándose en su interior la carga de drogas.

El hecho provocó un escándalo en Venezuela que terminó en la detención de 18 funcionarios públicos: once de la Guardia Nacional Bolivariana, uno del Servicio Bolivariano de Inteligencia y seis empleados civiles). Sin embargo, a los pocos días el tema fue acallado sin que se dilucidara cuáles eran las complicidades entre los altos funcionarios del Estado.

No obstante, a nivel internacional el caso estaba muy lejos de haber concluido. En diciembre de 2014, la revista alemana “Der Spiegel”, publicó la versión de los pilotos del Bombardier Global 7000, siglas 9H-FED, supuestamente robado en Venezuela. Para sorpresa de las autoridades europeas, los pilotos afirmaron ser obligados a transportar el cargamento de drogas.

Los aviadores, empleados de la empresa suiza Hyperion Aviation, dedicada a alquilar jets de lujo para viajes de ricos y famosos, relataron que fueron contratados por Ryma Taouk, una mujer de nacionalidad libanesa para efectuar un vuelo chárter desde Marruecos a Trinidad y Tobago y desde allí a Venezuela, a fin de recoger a una pasajera, siendo el destino final la república de Benín en África.

Una vez que arribaron al aeropuerto Arturo Michelena de la ciudad de Valencia, los pilotos fueron reducidos con armas de fuego y obligados a cargar 1.588 kilogramos de cocaína en la aeronave. Según los pilotos también sufrieron amenazas sobre sus familias de quienes los secuestradores parecían contar con información precisa de sus nombres y ubicación.

Los secuestradores pretendían llevar el cargamento de drogas directamente a Burkina Faso en el continente africano, pero los pilotos convencieron a los narcotraficantes de la necesidad de aterrizar en Las Palmas de Gran Canaria para reponer combustible. Al aterrizar la aeronave fue capturada por la policía española alertada por la empresa aérea que había estado en contacto con los tripulantes.

Las autoridades españolas determinaron que la mujer que alquiló el avión actuaba bajo las directivas de Ali Kleilat, uno de los más importantes traficantes de drogas y armas del mundo y a quien se consideraba como un activo financista de grupos terroristas yihadistas. Kleibat era ciudadano libanés y contaba con pasaportes de cuatro nacionalidades distintas, entre los que figuraba el pasaporte venezolano N° B0744958, que le reconocía nacionalidad venezolana. En febrero de 2011, Ali Kleilat fue arrestado en Bruselas y mantenido en una instalación carcelaria de alta seguridad, lo que al parecer no impidió que siguiera atendiendo sus negocios criminales.

Los pilotos fueron declarados inocentes luego del juicio que duró un año y las autoridades alemanas les proporcionaron nuevas identidades.

Por último, en octubre de 2012, cuando fue detenido, en un operativo conjunto de la Policía Federal Argentina, la policía colombiana y la DEA, el narcotraficante colombiano Henry de Jesús López Londoño, alias “Mi Sangre”, antiguo jefe de la banda conocida como “Los Urabeños”, en el barrio de Nordelta, en la provincia de Buenos Aires, se le secuestró un pasaporte original venezolano que el criminal empleaba para sus viajes a Paraguay, Venezuela y Argentina. López Londoño finalmente fue extraditado, en noviembre de 2016 a los Estados Unidos.

LOS VÍNCULOS CON HEZBOLLA

Los vínculos entre el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y la República Islámica de Irán comienzan en el vicepresidente Tareck El Aissami y siguen con un personaje buscado por el FBI por actividades terroristas el libanés nacionalizado venezolano Nasr al Din quién se desempeña como diplomático del país caribeño.

Nasr al Din fue nombrado, en 2006, durante la gestión de Nicolás Maduro como ministro de Relaciones Exteriores, primero como diplomático en Siria y más tarde con igual cargo en El Líbano.

El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos dijo, en 2008, que Nasr al Din era un agente de Hezbollah en Venezuela que hacía uso de su posición como diplomático para favorecer los esfuerzos llevados a cabo por la organización terrorista para captar fondos.
“Nasr al Din ha asesorado a los donantes de Hezbollah durante los esfuerzos para captar fondos y ha suministrado a los donantes información específica sobre las cuentas bancarias en las que los depósitos pueden ir directamente a esta organización”, declaró el Departamento del Tesoro.

“Nasr al Din se ha reunido con altos funcionarios de Hezbollah en El Líbano para discutir temas operacionales, y también ha facilitado el viaje de integrantes de Hezbollah hacia y desde Venezuela”, agregó el pronunciamiento.

Según el Departamento del Tesoro, el diplomático venezolano facilitó el viaje a Caracas de dos diputados de Hezbollah, pertenecientes al Parlamento de El Líbano, que recaudaban donaciones y organizó viajes de integrantes de la organización a Irán para participar en un curso de entrenamiento.

Nasr al Din tenía línea directa con el ministro Nicolás Maduro para resolver los problemas que se presentaran, pero su verdadero referente, a quien en realidad respondía era a Tareck El Aissami.

El embajador estadounidense Roger Noriega, ex Secretario Adjunto de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, declaró en 2012 ante el Congreso de su país, que “Venezuela ha entregado miles de documentos de identidad, pasaportes y visas falsos a personas originarias del Medio Oriente.”

Noriega, quien actualmente es director ejecutivo del grupo Visión Américas y trabaja para un centro de estudios y análisis conservador con sede en Washington, declaró a la CNN que las pruebas de que Venezuela había entregado pasaportes a personas que no eran venezolanas empezaron a salir a la luz en 2003.

“Estoy convencido, y digo públicamente, de que, si no tomamos las riendas de este asunto, habrá personas que morirán. Nuestros aliados o nuestro propio personal o instalaciones podrían ser atacadas por redes cómplices con los venezolanos”, afirmó el ex embajador.

En 2015, un diplomático venezolano Misael López, quien cumplía funciones en la Embajada de Venezuela en Irak, al desertar, denunció que esa embajada vendía pasaportes y visas venezolanas a personas de Medio Oriente. A tal efecto proporcionó una lista de 21 nombres de personas que habían recibido esos pasaportes sin ser ciudadanos venezolanos.

Los documentos se vendían a un precio aproximado a los diez mil dólares. López también acuso al actual embajador venezolano en Irak, Jonathan Velasco, de estar al tanto de la maniobra.

López afirma que cansado de no encontrar ninguna autoridad venezolana que quisiera investigar el tema escribió un correo electrónico con todos los datos que había reunido y lo envió a Delcy Rodríguez, la actual ministra de Relaciones Exteriores de Venezuela. Por toda respuesta le llegó la destitución. Hoy López vive asilado en España.

CONCLUSIÓN

Las evidencias que muestran los vínculos entre funcionarios venezolanos del más alto nivel con narcotraficantes y terroristas son abrumadoras. En especial, existen sobradas pruebas de la venta de pasaportes originales venezolanos en manos de elementos criminales y terroristas de la organización pro iraní Hezbollah.

En el centro de esta trama criminal se encuentran el actual vicepresidente Tareck El Aissami y el propio presidente Nicolás Maduro.