lunes, 9 de enero de 2017

WOLFGANG VOGEL, EL TRAFICANTE DE ESPÍAS


La película de Steven Spielberg, “Bridge of Spies”, convirtió en héroe de la Guerra Fría al abogado estadounidense James B. Donovan. Sin embargo, el verdadero protagonista de los intercambios de espías y disidentes fue el abogado berlinés Wolfgang Vogel. Esta es su historia.

ESPIA NO, TRAFICANTE

En el mundo real del espionaje los verdaderos protagonistas suelen ser hombres oscuros con mucho más de burócratas frustrados que de esos héroes de capa y espada al estilo de James Bond o Mata Hari.

Este es precisamente el caso del abogado berlinés Wolfgang Vogel quien intervino en el trueque de ciento cincuenta agentes de inteligencia -espías- pertenecientes a veintitrés países, de la liberación de 33.755 prisioneros de las cárceles de la República Democrática Alemana -RDA- y su traslado a Occidente y el establecimiento, en la República Federal Alemana -RFA-, de 215.019 alemanes orientales cuyos parientes habían abandonado el sector comunista en forma ilegal.

Durante este proceso, Vogel, nacido en un país que había desaparecido, que se crio y educó bajo el nazismo, que sirvió en la Lutwaffe durante la Segunda Guerra Mundial y luego debió vivir bajo un régimen comunista de corte soviético en otro país, no actuó por sentimientos patrióticos, convencimiento ideológico o motivos altruistas sino por intereses económicos egoístas.

Actuando más como mediador entre el mundo capitalista y su antagonista, el mundo socialista, en los años de la Guerra Fría acumuló una considerable fortuna personal que según algunas estimaciones podrá haber alcanzado los quinientos millones de dólares.

LOS PRIMEROS AÑOS

Vogel nació el 30 de octubre de 1925, en Wilhelmsthal, un pequeño pueblo de montaña situado a unos 130 kilómetros al sur de Breslau en la Baja Silesia, un territorio alemán que actualmente forma parte de Polonia.

Pertenecía a una familia católica y su padre era el maestro del pueblo, pero su educación se realizó en tiempos del Tercer Reich. Wolfgang tenía tan sólo ocho años cuando Adolfo Hitler se convirtió en Canciller de Alemania en 1933.

Después de un paso por las Juventudes Hitlerianas, realizó su obligatorio Arbeitsdienst -servicio de trabajo- antes de revistar, a partir de marzo de 1944, en la Luftwaffe.
Wolfgan tenía tan sólo diecinueve años cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial. Su patria había sido derrotada, su país dividido entre los vencedores, todo en lo que él había creído y por lo que había luchado estaba proscripto y era condenado. Como muchos europeos después de la guerra debió comenzar su vida desde cero.

Para colmo de males, su pueblo y toda la Baja Silesia dejó de ser territorio alemán para convertirse en una parte de Polonia. Los Vogel, como millones de alemanes orientales se vieron forzados a dejar sus hogares y trasladarse, con lo poco que pudieron llevar consigo, al Oeste de la línea Oder – Neisse, que pasó a constituir la frontera de facto entre Alemania y Polonia.

Wolfgang se instaló en la ciudad de Jena, bajo control soviético, allí comenzó a estudiar derecho en la Universidad Karl Marx. En 1946, contrajo matrimonio con una maestra de jardín de infantes de nombre Eva Anlauf. Un año más tarde nació el primero hijo de la pareja, Manfred, luego vendría una niña a la que los Vogel llamaron Lilo.

En 1949, el mismo año en que los soviéticos crearon la República Democrática Alemana -RDA- en el territorio alemán que ocupaban desde 1945, Wolfgang concluyó sus estudios universitarios y aprobó su examen para ejercer como abogado en la nueva república alemana.

Obtuvo su primer empleo como asistente legal del juez Rudolf Reinartz, en Waldheim. En 1952, se trasladó, siguiendo a su jefe, al Ministerio de Justicia en Berlín.

En junio de 1953, la crisis económica y el carácter represivo del régimen estalinista llevaron a la población de Alemania del Este a rebelarse violentamente. El gobierno comunista, con la ayuda de los tanques soviéticos, reprimió a sangre y fuego la protesta. Muchos alemanes decidieron escapar a la RFA, entre ellos el juez Rudolf Reinartz, quien incitó a Wolfgang para que lo acompañara. Pero el Ministerium für Staatssicherheit, Ministerio de seguridad de Estado, el servicio de contrainteligencia germano oriental más conocido por el nombre “Stasi”, seguía los pasos del joven abogado y no solo evitó que desertara, sino que lo reclutó como colaborador.

Vogel pasó a convertirse en “intainzielle mitarbeiter” -colaborador no oficial- bajo el control del capitán -luego coronel- Heinz Volpert, con el nombre clave como agente de “Georg”.

Wolfgang dejó la justicia para trabajar como abogado privado en Berlín Oriental. Pero, pronto la Stasi llegó a la conclusión de que podría sacar mayor provecho de Vogel si lo hacía aparece como un abogado “independiente” que podía litigar en ambos sectores de Berlín. Así, en 1957, Vogel obtuvo su licencia como abogado en la RFA y abrió otro bufete en Berlín Occidental. Pero, no fue hasta 1962, en que Vogel mostro su utilidad al iniciar su carrera como exitoso traficante de espías.

GLIENICKER BRÜCKE

El FBI detuvo, el 21 de junio de 1957, en la ciudad de Nueva York, a un espía soviético que identificó erróneamente con el nombre de Rudolf Abel. En realidad se trataba del coronel del KGB, Vilyan Genrikhovich Fisher (1903 – 1971) un ciudadano soviético nacido y criado en Newcastle, Gran Bretaña. Fisher pertenecía a una familia ruso alemana de decididos bolcheviques que retorno a Rusia después del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917.

Abel operaba en los Estados Unidos bajo una falsa identidad como ciudadano canadiense con el nombre de Emil Robert Golfus. Su misión consistía en dirigir a una célula de espías que suministraban a la URSS información sobre el “Proyecto Manhattan” destinado a construir la bomba atómica. Entre los agentes controlados por Abel figuraban el científico alemán Klaus Fuchs, Morris y Lorna Cohen y Ethel y Julius Rosenberg Greenglass.

El 25 de octubre de 1957, la Corte Federal de la ciudad de Nueva York lo condenó a treinta años de cárcel por el delito de espionaje. Gracias a la intervención de Wolfgang Vogel solo cumpliría una pequeña parte de esa condena.

En 1959, se presentó en el estudio de Vogel en Berlín una mujer que dijo ser la esposa de Rudolf Ivanovich Abel quien cumplía una condena por espionaje en los Estados Unidos. 

Era evidente que se trataba de una fachada para permitir a Vogel actuar como un abogado particular que intervenía a pedido de la familia de un espía detenido y no como un funcionario oficial del gobierno alemán o soviético.

En esta forma, la negociación tomaba el carácter de una gestión privada, hasta humanitaria, que no afectaba ni involucraba oficialmente a los gobiernos.

Comenzaba así un juego de espionaje que involucraría a la Stasi, la KGB soviética y la CIA americana. Con Wolfgang Vogel como actor central y que se repetiría en muchos casos más en el futuro.

Al principio todos los intentos de negociación resultaron infructuosos pero la situación cambió rápidamente. El 1° de mayo de 1960, un misil lanzado por los soviéticos derribó a un avión espía U-2 de la CIA, cerca de Sverdlovsk, en territorio soviético. El piloto Francis Gary Powers (1929 – 1977) no pudo o no quiso suicidarse y fue capturado con vida por los soviéticos. Juzgado en Moscú, Powers fue condenado a diez años de cárcel, pero solo cumplió veintiún meses de su sentencia.

El 10 de febrero de 1962, en el Glienicker Brücke, el puente de los espías que hizo célebre el film de Spielberg, que conecta la capital de Brandeburgo Potsdam al distrito berlinés de Wannsee, Vogel concretó el intercambio de Rudolf Ivannovich Abel, por Francis Gary Powers. Como parte de la negociación la Stasi liberó en otro lugar -el Checkpoint Charlie- a un estudiante estadounidense de doctorado, el economista, Frederic L. Pryor, quien tuvo la mala suerte de encontrarse en Berlín, el 1° de agosto de 1961, el día en que los alemanes orientales comenzaron a erigir el Muro y se vio involucrado en un incidente con la policía de la RDA.

A este primer intercambio exitoso de espías siguieron muchos otros más, en todos ellos Wolfgang Vogel desempeñó un papel destacado.

En 1964, Vogel logró que el gobierno del Reino Unido intercambiara al oficial de inteligencia soviético Konon Molody por el agente británico Greville Wynne.

En 1981, en otro intercambio exitoso Vogel obtuvo la liberación del capitán de la Hauptverwaltung Aufklärung (HVA), la Administración Principal de Reconocimiento, el servicio de inteligencia exterior de la RDA, Günther Guillaume.

Guillaume y su esposa se trasladaron como refugiados, en 1956, a la RFA donde comenzaron a militar dentro del Partido Socialdemócrata Alemán. Los “topos” germanos orientales se ganaron la confianza del canciller Willy Brandt lo cual les dio acceso a documentos e información sumamente sensible sobre la política exterior de Alemania del Oeste, e incluso, de los planes de defensa de la OTAN.

La captura de Guillaume, en 1974, terminó con la carrera de Willy Brandt y constituyó el mayor escándalo de espionaje en Alemania Occidental.

Vogel en persona recibió a Guillaume, que cumplía una condena de trece años por actividades de espionaje en la RFA, en la frontera de Herleshausen. Al reconocer a Vogel, Guillaume se limitó a exclamar: “Había imaginado verte mucho más pronto”.

Otro de los intercambios más exitosos de Vogel tuvo lugar en 1986, cuando los soviéticos aceptaron liberar al activista de los derechos humanos y disidente, de origen judío, Anatoly Shcharansky y a otros tres espías estadounidenses a cambio del espía soviético Yeugeni Zemlyakov, los espías checoeslovacos Karl y Hana Koecher, la espía polaca Marian Zacharski y el agente alemán oriental Detlef Scharfemorth.

Una vez liberado Shcharnsky se radicó en Israel donde tomó el nombre de Natan Sharansky y se dedicó a la política.

TRAFICANTE DE PERSONAS

Pronto a los intercambios de agentes de inteligencia capturados se sumaron otro tipo de prisioneros. Las cárceles de la RDA rebosaban de presos políticos -disidentes, defensores de los derechos humanos, judíos que pretendían emigrar a Israel y desertores frustrados-. Fue entonces, cuando al parecer por iniciativa de controlador de Vogel, el coronel Heinz Volpert, se llegó a la conclusión de que era más conveniente “venderlos” a los germanos occidentales que seguir invirtiendo los escasos recursos de la RDA en custodiarlos y alimentarlos.

Volpert aparentemente logró convencer a sus superiores de que el intercambio de presos políticos por pagos en divisas extranjeras, alimentos y medicinas, que tanto necesitaba la RDA, era un buen negocio y que Wolfgang Vogel era la persona indicada para llevar a cabo esas transacciones.

Como resultado de este intercambio, o sea, prisioneros por dinero y especies, obtuvieron la liberación y el traslado a Alemania Oriental de 33.755 presos políticos. El monto que la RFA pagaba por cada prisionero liberado dependía de su edad, profesión y el tipo de delito por el cual habían sido encarcelados.

En negocio fue tan beneficioso que los germanos orientales pronto propusieron incluir en los intercambios a los miembros de familias separadas por el cierre de las fronteras entre las dos partes de Alemania, en agosto de 1961, o eran parientes de desertores que habían aprovechado cualquier tipo de oportunidad para escapar a Occidente.

Estas “reunificaciones familiares” negociadas por Vogel terminaron involucrando a 215.019 personas que fueron trasladadas y reubicadas en Occidente.

El gobierno de la RDA obtuvo beneficios por 2.400 millones de dólares por este tipo de comercio humano, entre 1962 y 1989. Vogel recibió honorarios por cada una de esas transacciones. Comisiones que puntualmente le pagaban tanto la RDSA como la RFA. Alemania del Oeste realizaba pagos anuales a Vogel por más de 200.000 dólares.

Pero, Vogel encontró además otras formas de incrementar considerablemente sus beneficios. Tomaba como clientes a ciudadanos alemanes que concurrían en forma “particular”, no enviados por el gobierno germano oriental a su bufete y gestionaba su emigración a Alemania Occidental a todos los aquellos alemanes orientales que concurrían a su oficina y podían pagar sus elevados honorarios.

Además, compraba a bajo precio todas las pertenencias -propiedades, porcelanas, objetos de arte, etc.- de las personas que debían abandonar rápidamente suelo de Alemania del Este con escaso equipaje y no encontraban otros compradores con recursos en moneda extranjera.

Aunque formalmente Vogel siguió siendo un colaborador de la Stasi que reportaba a Heinz Volpert, a medida que cobraba mayor importancia debido a sus éxitos, creaba vínculos con líderes extranjeros y acumulaba una gran riqueza, adquirió también acceso a los líderes de la RDA. Pronto obtuvo acceso directo al jefe de la Stasi, el general Erich Mielke. También trato frecuentemente, con el general Markus Wolf, jefe de la HVA.

Incluso se vinculó con el líder máximo de la RDA, Erich Honeeker quien, paradójicamente, los designó: “Representante Oficial de la RDA para Cuestiones Humanitarias”.  

En Occidente, Vogel logró acceso a los cancilleres de la RFA, Willy Brandt, Helmut Schmidt y Helmut Kohl; así como a otros políticos del más alto nivel internacional, entre los que figuraron el ministro de Relaciones Exteriores Hans-Dietrich Genscher, el líder bávaro Franz Josef Strauss, Rainer Barzel, Erich Mende y Herbert Wehner.

En 1966, Wolfgang se divorció de Eva Anlauf, quien con sus dos hijos se radicó en la RFA. En 1974, Vogel se casó nuevamente, su nueva esposa era una secretaria de Alemania Occidental, Helga Fritsch, quien aceptó trasladarse a la RDA. La pareja compartió el resto de su vida.

EL FIN DE UN PRÓSPERO NEGOCIO.

Pero, como todo lo bueno termina, el próspero negocio de intercambios organizado por Wolfgang Vogel y el alto mando de la RDA finalizó abruptamente, el 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el Muro de la Infamia en Berlín.

Después de la Unificación, en la medianoche del 3 de octubre de 1990, los aliados de Wolfgang perdieron todo su poder y con la apertura de los archivos de la Stasi su situación se complicó aún más.

Vogel quedó expuesto a acusaciones de extorsión, especulación y evasión impositiva que culminaron en su arresto y procesamiento en un tribunal federal al igual que otros altos cargos de la antigua RDA.

En su caso fue acusado de cinco casos de chantaje -relativamente pocos considerando los miles de personas cuyo destino pasó por sus manos-. Durante el juicio que se prolongó por más de un año, curiosamente, diversas personalidades se presentaron ante el Tribunal para declarar en favor de Vogel, entre ellos el ex primer de la RFA Helmut Schmidt y el ex ministro de Relaciones Exteriores Hans-Dietrich Gensecher.

En enero de 1996, Vogel fue condenado a dos años de cárcel (sentencia que ya había cumplido) y al pago de una multa por 92.000 marcos. Vogel apeló la sentencia y, en 1998, el Tribunal Constitucional Federal Alemán revisó su apelación la sentencia, fallando en favor de Vogel en dos casos, y los fiscales acordaron descartar los cargos en los restantes. 

A cambio Vogel y sus letrados acordaron no impugnar una condena por perjurio, falso testimonio en una declaración jurada. Con esta condena, su carrera legal concluyó.
Por otra parte, no parece que Vogel necesitase o estuviese interesado en seguir ejerciendo como abogado.

Vogel y su esposa optaron por un retiro discreto y se instalaron en la localidad de Schliersee, un complejo lacustre en los Alpes Bávaros, donde vivieron con cierta opulencia.

El 22 de agosto de 2008, a los 82 años, falleció Wolfgang Vogel, después de luchar durante años contra el cáncer.

BALANCE FINAL

Wolfgang Vogel no fue propiamente ni un espía ni un agente de inteligencia, pero sí un actor clave de la confrontación entre Occidente y el Bloque Socialista en los años de la Guerra Fría.

Tampoco traicionó a su país, porque él era alemán, no particularmente alemán occidental u oriental, sino tan sólo alemán. No engañó a quienes se consideraban sus colegas o amigos como muchos de los espías que el intercambio, tampoco provocó daños o la muerte de alguna persona con sus acciones. Por el contrario, su intervención posibilitó la salida de la cárcel de muchos infortunados, permitió a 23 países recuperar a sus agentes y a miles de familias reunirse y que muchas más personas recuperaran el afecto de sus seres queridos.

Pero, Wolfgang Vogel no fue filántropo ni una persona altruista, aprovecho las particulares circunstancias en que se vio envuelto para lucrar con el infortunio de las personas y enriquecerse obscenamente mientras otras personas perdían todo lo que tenían.

Finalmente, Wolfgang Vogel logró escapar al castigo que merecía.