jueves, 19 de enero de 2017

GRAVE CRISIS INSTITUCIONAL SACUDE AL PAÍS MÁS PEQUEÑO DE ÁFRICA


Gambia, el estado más diminuto entre los 53 que forman parte del continente africano, sufre una aguda crisis institucional ante la negativa del presidente Yahya Jammeh a entregar el mando al vencedor en las elecciones: Adama Barrow.

La República Islámica de Gambia, situada en la costa atlántica de África, es el estado más pequeño del continente. Su territorio de 10.380 kilómetros cuadrados, su superficie equivale a la mitad de la provincia argentina de Tucumán y a menos de la décima parte del que ocupa la República Oriental del Uruguay.

Sin industrias su economía depende de la producción de alimentos, la pesca y el turismo, sus casi dos millones de habitantes tienen un PBI pe capita de tan sólo seiscientos dólares.
Antigua colonia británica se independizó, en 1965, del Reino Unido y dejó la Commonwealth en 2013.

Su actual presidente, Yahya Jammeh accedió al poder en 1994, después de derrocar a su predecesor Dawda Jawara, disolver el parlamento y suprimir la constitución de 1970.

Jammeh estableció una férrea dictadura. Al frente de la Alianza para la Reorientación y Construcción Patriótica, Jammeh se hizo elegir cuatro veces como presidente y ejerció el poder en forma continuada por veintidós años.

En diciembre de 2015, Jammeh declaró a Gambia, hasta entonces un estado laico, como “república islámica”.

Como algunos otros estados africanos -e incluso sudamericanos- Gambia no es precisamente una democracia, en los cincuenta años de vida independiente el país sólo ha tenido dos presidentes: Dawda Jawara y Yahya Jammeh. Las libertades individuales, los derechos humanos y el funcionamiento institucional tienen en Gambia una vigencia e interpretación autóctona.

LA CRISIS

El 1° de diciembre de 2015 se llevaron a cabo elecciones presidenciales y legislativas. El presidente Yahya Jammeh, que se presentó por quinta vez consecutiva, resultó sorpresivamente derrotado por el candidato opositor Adama Barrow, un empresario de 51 años, quién obtuvo el 45,5% de los votos emitidos.

El presidente Jammeh en un principio aceptó el resultado de los comicios, pero el 9 de diciembre cambió de idea, denunció irregularidades en los comicios y apeló el resultado electoral ante el Tribunal Supremo que no se expidió al respecto.

La resistencia de Jammeh a dejar el poder ha recibido la condena de la Unión Africana y de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental -integrada por quinces países-, el 13 de enero una delegación de este organismo integrada por los presidentes de Nigeria y Sierra Leona, así como el expresidente de Ghana, viaja a Banjul para vencer la resistencia de Jammeh.

La mediación fracaso. Sin embargo, la delegación de la Cedeao logró sacar a Adama Barrow del país quien se trasladó inicialmente a Bamako, donde se celebra la cumbre Francia - África, para consolidar el apoyo de los principales líderes africanos. Allí se entrevistó, entre otros, con el presidente francés François Hollande, quien también le ofreció su respaldo.

El presidente electo debía asumir el cargo el 19 de enero, pero el lunes el Parlamento prorrogó el mandato presidencial de Jammeh por tres meses más. Seguidamente, el presidente Jammeh, con el apoyo del jefe del Ejército, teniente general Osuman Bargie, declaró el estado de emergencia en el país durante noventa días argumentando “un nivel de injerencia extranjera sin precedentes”.

Las expresiones de protesta no se hicieron esperar. Doce embajadores gambianos en el extranjero reclamaron la entrega del gobierno y fueron cesanteados por el presidente. Luego cuatro ministros del gobierno y la vicepresidenta Isatou Njie-Saidy dimitieron en disidencia.

Como resultado del incremento de la tensión política y el temor a un estallido de la violencia, 26.000 gambianos y residentes extranjeros dejaron el país. La mayor parte de ellos refugiándose en territorio senegalés.

Senegal dio asilo al presidente electo Adama Barrow y conjuntamente con Nigeria y Ghana enviaron tropas a la frontera común amenazando con invadir a Gambia para deponer a Jammeh e instalar en la presidencia al vencedor en los comicios.

Por su parte, el Reino de Marruecos, envió una delegación diplomática, para una mediación de buenos oficios y ofrecer a Yahya Jammeh asilo político en el Reino si acepta dejar su cargo.

Aunque la crisis por el momento no tiene solución, tropas senegalesas han entrado, este jueves por la tarde, en territorio de Gambia y se dirigen hacia la capital, Banjul, con la orden explícita de desalojar del Palacio Presidencial a Yahya Jammeh.

Según fuentes militares los soldados de la Cedeao han penetrado en el país desde la zona de Casamance, en el sur, apenas unos minutos después de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizara el uso de la fuerza a propuesta de Senegal.

También este jueves tomó posesión como nuevo presidente del país Adama Barrow, pero tuvo que hacerlo en la embajada de Gambia, en Dakar, ciudad capital de Senegal dada la negativa de Jammeh a ceder el poder.

Tras asumir la presidencia, Barrow hizo una llamada a la unidad de todos los gambianos. Sin embargo, quiso dirigirse especialmente a los soldados y fuerzas del orden. “Como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, ordeno a todos los militares y agentes mantenerse leales a la Constitución y a mí mismo”, expresó. Asimismo, instó a la Cedeao, a la Unión Africana y a Naciones Unidas a apoyarle para poder “cumplir con la voluntad del pueblo gambiano”.

FINAL ABIERTO PARA EL EX DICTADOR

Mientras un nuevo presidente de Gambia es reconocido por la comunidad internacional y las tropas de la Cedeao avanzan hacia la capital, el régimen de Yahya Jammeh se desmorona sin remedio, en el seno del Ejército crecen las deserciones y el propio ex dictador ha decidido desarmar a los soldados que protegen el Palacio Presidencial y reemplazarlos por mercenarios para su protección personal. Acorralado y cada vez más solo y desconfiado, se enfrenta ahora a un final violento, similar al sufrido por el líder libio Muammar al Gaddafi, tras negarse obstinadamente a vivir tranquilamente en el exilio en Marruecos o Nigeria.