viernes, 20 de enero de 2017

CRUENTO ATENTADO EN MALI DEJA DECENAS DE VÍCTIMAS FATALES

Un atentado yihadista en un cuartel de la ciudad de Gao, en el Norte de Malí deja un saldo de 77 muertos y 117 heridos graves,  y reaviva la preocupación por la instalación en el corazón de África de un amplio territorio sin ley donde prosperan los grupos criminales y terroristas de todo tipo. Una región donde se evidencia la impotencia tanto de la ONU, como de la OTAN para controlar la seguridad.
EL ESTADO FALLIDO DE MALI
La República de Mali, es un estado sin fronteras marítimas que se encuentra situado en el corazón del África Occidental. Es el séptimo país más extenso del continente y limita con siete países africanos, al norte con Argelia, al este con Níger, al oeste con Mauritania y Senegal y al sur con Costa de Marfil, Guinea y Burkina Faso.

Su superficie es aproximadamente dos veces la extensión de Francia. La mayor parte del país forma parte del sur del Sáhara, por lo que el clima es caluroso, y las frecuentes sequías son propicias para que se formen las frecuentes tormentas de arena que suelen asolar el territorio de Mali.

Mali es un ancestral cruce de caminos entre el desierto y la sabana, el norte árabe y bereber y el África negra, el islam y el animismo. En su amplio territorio se dan cita los más diversos grupos del yihadismo, el separatismo, el crimen organizado (que lucran con el tráfico de drogas, armas, personas, tabaco, ayuda humanitaria, etc.) y los conflictos étnicos en torno a porosas fronteras surgidas de antiguas pujas coloniales y que no responden a la realidad humana del lugar.

Las crisis alimentarias son endémicas debido a la irregularidad de las precipitaciones, las rudimentarias técnicas agrícolas y la continua inestabilidad política que provoca el éxodo de la población de las áreas más violentas e interrumpe el flujo natural de los intercambios comerciales con los países vecinos.

Además, los circuitos habituales de pastoreo trashumantes se ven alterados. Los pastores se desplazan en busca de zonas de pasto y agua más lejanos para proteger a su ganado del creciente pillaje.

Por otra parte, el retorno de unas doscientas mil personas del pueblo tuaregs, que huyó de Libia para evitar la guerra civil y la crisis económica. afectó el equilibrio demográfico de la región. Faltos de recursos y de medios para ganarse la vida, los recién llegados agravaron la situación alimentaria y rompieron el equilibrio étnico.

El 22 marzo de 2012, un golpe de Estado encabezado por el capitán Amadou Haya Sanogo, al frente de las unidades de élite y paracaidistas y bajo la bandera del Consejo Nacional para la Restauración de la Democracia y el Estado (CNRDR), depuso al presidente de Malí, Amadou Toumani Touré y suspendió la vigencia de la constitución. El golpe de Estado originó el cese de la ayuda internacional que tanto necesitaba el país.

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), el 2 de abril de 2012, en un encuentro en Uagadugu (Burkina Faso) suspendió a Malí de todas las instancias de la organización y llamaron a los embajadores de los países miembros en consulta, congeló los fondos de Mali en el Banco Central de los Estados de África Occidental y suspendieron los programas de ayuda para el desarrollo  

Además, las endémicamente débiles fuerzas armadas de Malí pronto se vieron divididas por las pujas de poder.

Lejos de estabilizarse la gobernabilidad de Malí siguió tambaleándose. Un mes después la presión de Francia llevó a un proceso de transición con el nombramiento del presidente de la Asamblea Nacional, Diondunda Traoré como presidente y Cheick Modibo Diarra, ex gerente de la empresa multinacional de capital estadounidense Microsoft en África, como primer ministro de un gobierno provisional. En diciembre de 2012, Diarra fue reemplazado por el ex funcionario del FMI, Django Sissoko.

En julio de 2013, se celebraron nuevas elecciones generales, en la cuales se impuso Ibrahim Boubacer Keïta, quien asumió la presidencia del país, el 4 de septiembre de 2013, en un clima de inestabilidad política, lucha militar contra los separatistas Tuareg del norte del país y la intervención francesa. Keïta decide dejar a un lado la política y llena su gabinete de gobierno de tecnócratas e intelectuales.

LA INTERVENCIÓN EXTRANJERA

A principios de enero de 2013, los grupos yihadistas que controlaban el norte de Mali desde junio, reagruparon sus fuerzas y lanzaron una exitosa ofensiva contra la localidad de Kona –situada al centro oeste de la provincia de Mopti, que sobrepasó a las tropas malienses.

Tras la caída de esta ciudad, el 10 de enero, en manos de los rebeldes, el entonces presidente Dioncunda Taoré, al verse acorralado por la rebelión, solicitó al presidente de Francia, Franҫois Hollande, asistencia militar para enfrentar a los grupos armados compuestos por tuaregs y fundamentalistas islámicos. Hollande aceptó ayudar al gobierno de Mali pero con el consentimiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Todo sucedió con celeridad. Francia consiguió primero el apoyo de los Estados Unidos que suministró la capacidad de repostar combustible en el aire para los aviones franceses que operarían en Malí y luego logró que el presidente argelino Abdelkader Buteflika abandonara sus reticencias y abriera los cielos de Argelia a la fuerza de intervención.   

El 13 de enero comenzaron las operaciones de combate francesas cuyo objetivo primordial era asegurar la vida de los seis mil ciudadanos franceses residentes en Mali y para proteger los intereses estratégicos galos en la región, en especial sus inversiones en el campo petrolero y el abastecimiento de uranio.

Francia inicialmente brindó apoyo aéreo y más tarde de tropas terrestres para apoyar al Ejército de Mali.            Sobre el terreno, los 1.700 soldados de la fuerza de intervención francesa, apoyados por fuerzas del maltrecho ejército maliense y efectivos de la Comunidad Económica de África Occidental -CEDEAO-, especialmente ochocientos soldados de Chad, repelieron con aparente facilidad el avance de los grupos rebeldes y recuperaron el control de las principales ciudades del norte de Malí: Tombuctú y Gao.

En agosto de 2014, la Operación Serval se transformó en Operación Barkhane, que además del norte de Mali cubre parte de Níger, Mauritania, Chad y Burkina Faso y el contingente francés se incrementó hasta los 3.000 hombres. A ellos se agregaron los “cascos azules” de la ONU (MINUSMA compuesta por 12.000 efectivos pertenecientes a 123 países) realizando una clásica -y desfasada- labor de interposición y estabilización, que ya contabiliza más de cien muertos en sus filas y la misión de la Unión Europea (EUTM: 600 efectivos de 26 países, entre ellos España y Holanda), destinada al entrenamiento y asesoramiento de las Fuerzas Armadas malienses para que se encuentren en capacidad de controlar la seguridad en el país.

También están presentes los asesores estadounidenses, sin fuerzas terrestres, pero con medios de inteligencia, drones, satélites y bases secretas. Los americanos incluso han construido, para los países de la región, una nueva generación de embajadas, más parecidas a un bunker que a una sede diplomática.
Pero la intervención europea no solucionó el problema del terrorismo, solo lo desperdigó por todo el centro de África.
Hace poco más de un año, el hotel Radisson de Bamako, el más importante de la capital maliense, fue blanco de un atentado perpetrado por el grupo yihadista Al Murabitun. La recuperación de la instalaciones hoteleras dejó un saldo de 27 pasajeros muertos. El establecimiento volvió a abrir sus puertas tras ser reforzada la seguridad, esfuerzos que dan fe de la voluntad del país de seguir hacia adelante.
Un acuerdo de paz fue rubricado en mayo de 2015, en Argel, por el Gobierno maliense, la Coordinadora de Movimientos del Azawad (CMA), que representa a la mayoría de los insurgentes separatistas tuaregs y las milicias unionistas pro gubernamentales del Gatia. La conferencia nacional, prevista en marzo de 2017, debería acelerar este inicio de entendimiento con los jefes rebeldes. Los habitantes del norte de Mali así lo esperaban.
Pero, apenas dos días después de la visita del presidente francés a las tropas francesas destacadas en la ciudad de Gao, un suicida a bordo de un coche cargado de explosivos mató este miércoles a 77 personas en un cuartel militar de la ciudad maliense en el peor atentado que sufre el país en los últimos años y que pone de nuevo de manifiesto la fragilidad del país.
Fuentes militares explicaron que el coche bomba que explotó dentro del cuartel iba camuflado de los mismos colores de los vehículos de las fuerzas ubicadas en ese cuartel, por lo que pudo entrar sin llamar la atención. La nube de polvo causada por la explosión cubrió entera la ciudad de más de 80.000 habitantes, provocó un caos general, el cierre de los comercios y de las escuelas.
Las instalaciones atacadas pertenecen al denominado Mecanismo Operacional de Coordinación (MOC), que agrupa a fuerzas gubernamentales y grupos armados locales, y cuya misión es la protección y la estabilidad en la región de Gao, tal como lo estipula mencionado el acuerdo de paz.
En el campamento se encontraban en ese momento unos 600 combatientes del ejército y de las milicias tuaregs, a punto de salir en las nuevas “patrullas conjuntas” para restablecer el control de la región.
Poco después, el grupo yihadista Al Murabitun, dirigida por el veterano yihadista argelino Mokhtar Belmokhtar, se atribuyó el hecho.

AL MURABITUN

Este grupo yihadista se originó en una escisión de AQMI producida por Mokhtar Belmokhtar, primero emir de la región novena hasta que, en 2008, por desavenencias con el emir supremo Droukel, se lo destituyó quedando a cargo del “Batallón Enmascarado” que recibió esa denominación por operar entre las tribus tuaregs. Finalmente, sus conflictos con la conducción de AQMI hicieron que se separara y formara un grupo propio.   

El emir Mokhtar Belmokhtar, alias “Bellaouar” (El tuerto) o “Míster Malboro”-, es un ex militar argelino que se convirtió en un “afgano”, es decir, un veterano de la guerra de Afganistán que a los veinte años se unió a los talibanes en su lucha contra los soviéticos en la década de los años 1990. Precisamente, Nació en 1972, en Ghardaia, 600 kilómetros al sur de Argel. En la niñez por un accidente (una pedrada) perdió un ojo. Belmokhtar regresó a Argelia en 1994 y en 1996 se incorporó a la organización salafista Grupo Islámico Armado (GIA) desde donde pasó al Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC), en 1998, y finalmente a Al Qaeda en el Magreb Islámico. 

Era el emir de la novena zona militar con jurisdicción en el Sahel, y el verdadero artífice de la expansión de los salafistas argelinos en estos territorios. Interlocutor de Bin Laden durante una época en la que se encargó del desplazamiento de los emisarios de Al Qaeda por el África Occidental y al Magreb.

Los hombres de Belmokthar trasladaron sus acciones al sur del Sahara y hacia los estados anárquicos y desprotegidos del Sahel. Allí montaron una lucrativa industria secuestrando a turistas y cooperantes extranjeros, participando del contrabando de tabaco, medicinas, drogas y armas provenientes de los campos de refugiados del Frente Polisario, América Latina y de Afganistán, a través del Cuerno de África, y del tráfico de inmigrantes subsaharianos rumbo a Europa. Con los yihadistas convertidos en traficantes, la línea que separa al terrorismo del crimen organizado transnacional es demasiado delgada.

Los grupos terroristas operan en columnas de tres a seis vehículos 4X4 –Toyota Land Cruiser, por ejemplo-. En la parte trasera llevan un cargamento de ruedas de repuesto, bidones de quinientos litros con combustible, agua, sacos de dormir, alimentos y municiones. La tripulación suele estar constituida por entre cuatro y seis hombres armados con kalashnikovs o lanzacohetes. Sus conductores son hombres del desierto con experiencia y disponen de GPS y visores nocturnos. Durante el día suelen ocultarse en grutas o bajo lonas o árboles. Tienen sus propios depósitos y se abastecen de los nómades y de las redes logísticas que emplean los traficantes del desierto

Mokhtar Belmokhtar, a quien también llaman “El Diplomático”, en alusión a su gran habilidad para trabar alianzas con las tribus bereberes del Norte de Mali, donde tiene sus bases móviles y su tacto al momento de lograr suculentos rescates por sus rehenes. Además del dinero con el que compra lealtades y ofrece un medio de vida a los jóvenes de la depauperada región en la que opera. Belmokhtar utiliza una forma clásica de ganarse fidelidades y establecer contactos: el matrimonio con mujeres de la minoría árabe que habita en la zona y ofreciendo a las poblaciones de estos territorios, dinero, asistencia médica y alimentos.

Esta misma estrategia de captación ha sido empleada por otros salafistas que se han casado con mujeres peuls, tuaregs, berabiches y de otras etnias.
Desde su refugio en los desiertos que rodean la región de Taoudeni, y con la complicidad de contrabandistas de Níger y Mali, Belmokhtar se hizo con el control de las rutas de tráficos ilegales.

A Belmokhtar y sus hombres se les atribuyen el secuestro del enviado especial del Secretario General de las Naciones Unidas a Níger, Robert Fowler, y a su asistente, Louis Guay, en diciembre de 2008, el secuestro de los tres cooperantes españoles que se desplazaban a Naouadhibou en noviembre de 2009 y el de dos ciudadanos franceses en enero de 2011, que fueron ejecutados como consecuencia de la intervención de una unidad de las fueras especiales francesas. También se lo considera responsable del atentado contra la embajada de Israel en Nouakchot, en febrero de 2008.

Otra operación importante llevada a cabo por los hombres del Belmokhtar ha sido el ataque a la planta de gas de In Amenas, en el sur de Argelia, en enero de 2013, en que murieron 37 rehenes y 32 terroristas.   

Algunas versiones, que nunca han podido ser confirmadas plenamente,  Belmokhtar mantendría o habría mantenido en algún momento vínculos con los organismos de inteligencia de Argelia. Belmokhtar ha sumado a su organización los restos del grupo yihadista “Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental” -MUYAO- y aún mantiene fuertes vínculos con vínculos con AQMI –o quizás con la central de Al Qaeda-.

CONCLUSIÓN


Al Murabitun es el grupo yihadista más activo y peligros de Mali, mientras Mokhtar Belmokhtar es el líder terrorista más buscado por los gobiernos occidentales. El atentado contra el cuartel de Gao es claramente una respuesta y un mensaje, tanto a la presencia del presidente francés François Hollande, como a la Cumbre de Francia – África que reunió a 35 jefes de Estado africanos en la ciudad de Bamako, de que los líderes terroristas son parte del esquema de poder en la región. Un mensaje que no puede pasarse por alto.