lunes, 23 de octubre de 2017

MACRI INFLINGE UNA DURA DERROTA AL POPULISMO EN ARGENTINA



El categórico triunfo del presidente Mauricio Macri en las elecciones de medio término garantiza la gobernabilidad en Argentina y abre el camino para su reelección.

El domingo pasado, más de treinta y tres millones de argentinos concurrieron a las urnas a los efectos de elegir a 127 diputados y 24 senadores nacionales, además de cientos de legisladores provinciales y municipales.

La coalición oficialista “Cambiemos”, conformada por los partidos “Propuesta Republicana” (PRO); Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica (CC), además de otras fuerzas políticas menores; se impuso en 13 de los 24 distritos electorales en que está dividido el país.

Esto incluyó el triunfo en los cinco principales distritos del país: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, que sumados aglutinan al 70% del padrón electoral nacional.

Cambiemos también se impuso en seis de los siete distritos con más de un millón de electores.

Por primera vez desde la restauración de la democracia, en diciembre de 1983, un partido político distinto de la UCR o el peronismo se impuso en una elección nacional. Triunfando, primero en la segunda vuelta de una elección presidencial, en noviembre de 2015, y ahora ratificando ese triunfo al vencer en una elección de medio término como ha sido la actual.

En esta forma, Cambiemos avanzó considerablemente en el proceso de convertirse en un partido con representación nacional y vocación mayoritaria en Argentina.

No obstante este triunfo, el gobierno del presidente Macri no tendrá en la mitad restante de su mandato ni mayoría en la Cámara de Diputados, ni en el Senado de la Nación. Este hecho obligará al gobierno a negociar y consensuar con la oposición las futuras medidas que se propone implementar.

Sin embargo, esta victoria electoral garantiza la gobernabilidad de la administración Macri, continuamente hostigada por sectores populistas de izquierda.

La izquierda radicalizada y ciertos sectores del kirchnerismo, como los jóvenes de La Cámpora, apostaron a generar un “estallido social” que forzara a Macri a dejar su cargo sin completar el mandato presidencial. Este sector, en síntesis, aspira a repetir con Macri lo ocurrido en 2001 con el presidente radical Fernando De la Rúa, en la llamada “teoría del helicóptero”.

El triunfo de Cambiemos, también termina, al menos por el momento, con las ilusiones de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner de retornar al poder en 2019.

El partido de la ex mandataria, Unidad Ciudadana, si bien obtuvo un nada despreciable 37,21% de los votos en la estratégica provincia de Buenos Aires, no pudo derrotar a Cambiemos que se impuso con el 41,39% de los sufragios emitidos.

Finalmente, Cristina Kirchner terminó perdiendo su primera elección a manos de un casi desconocido candidato de Cambiemos, el ex ministro de Educación, Esteban Bullrich.

En realidad, Bullrich, un dirigente poco carismático, se impuso gracias al proselitismo desplegado en el distrito por la gobernadora María Eugenia Vidal y del propio presidente Macri.

Al reconocer su derrota, el ex presidente anunció que continuaría impulsando al partido Unidad Ciudadana. La declaración implica que Cristina Kirchner no pretende retornar al seno del Partido Justicialista que fue la columna vertebral del gobierno de su esposo, Néstor Kirchner y en sus dos mandatos presidenciales.

Esta derrota electoral y el definitivo alejamiento de los sectores de izquierda que responden al liderazgo de Cristina Kirchner ha acelerado la crisis del peronismo.

El peronismo es un partido que se define como “verticalista”, es decir, estructurado en base a la existencia de un “conductor” enérgico que sepa disciplinar a “la tropa”. Es decir, de una conducción autocrática, de cierto culto a la personalidad, para aglutinar en un proyecto común a dirigentes y militantes que en ocasiones definen posiciones políticas diversas, cuando no antagónicas.

Hoy, dentro del peronismo conviven un par de docenas de “caudillos feudales”, algunos controlan provincias escasamente pobladas y económicamente estancadas, pero que constituyen valiosas “cajas” para financiar sus aspiraciones políticas. Otros hacen lo mismo con estratégicos municipios bonaerenses. Hay incluso dirigentes conocidos y prestigiosos, pero sin base territorial alguna, que aspiran a un liderazgo nacional.

En esta suerte de “Armada Brancaleone” que es hoy el peronismo, no faltan importantes dirigentes sindicales que, después de acumular sustanciosas fortunas personales e incluso crear prósperas empresas comerciales, aspiran a incrementar su protagonismo en la política nacional. No son pocos los gremialistas argentinos que sueñan con seguir los pasos del brasileño Luis Inacio “Lula” da Silva.

En síntesis, la anarquía imperante actualmente en el peronismo lleva a su fragmentación y le impide unificar sus energías en favor de una candidatura presidencial única e indiscutida.
En este esquema, el triunfo de Cambiemos y la atomización de la oposición peronista y de izquierda, dejan al presidente Macri a las puertas de una reelección en 2019.

Con tan sólo dos años por delante para instalar una candidatura presidencial que constituya una real alternativa de poder, salvó que se produzca un importante “terremoto político” que modifique radicalmente la correlación de fuerzas políticas, no existe ningún dirigente opositor que suponga una seria amenaza a la reelección del presidente.

En esta forma, Mauricio Macri dispondría de ocho años para revertir, al menos parcialmente, más de una década de desaguisados provocados por el populismo salvaje que sufrió la Argentina entre 2002 y 2015.



miércoles, 18 de octubre de 2017

SOPLAN VIENTOS DE GUERRA EN CATALUÑA



El Govern catalán refuerza su dispositivo de seguridad en previsión de la intervención por parte del gobierno español.

Los plazos se acortan en Cataluña. Mañana a las 10 horas vence el plazo dado por el gobierno central para que el presidente del Govern, Carles Puigdemont, responda si ha declarado la independencia y haga cesar esa situación ilegal.

A medida que el plazo comienza a agotarse los ánimos están cada vez más caldeados en la Autonomía. Especialmente después de la detención sin fianza de los líderes independentistas Jordi Cuixart, responsable de Òmnium Cultural, y Jordi Sánchez, presidente de la Asamblea Nacional Catalana, por orden de la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela. 

Ayer una manifestación en contra de la independencia reunió a miles de personas en el centro de Barcelona.

Hoy el Govern y los partidos secesionistas han adoptado medidas para el caso de que Rajoy decida implementar el Artículo 155 de la Constitución española e intervenga la Autonomía y detenga a sus dirigentes.
El presidente del Govern ha dejado provisionalmente su vivienda en Girona para instalarse en la residencia oficial del Palau de la Generalitat. Además, desde hace unos días, cuenta con un dispositivo de protección reforzada en el que participan agentes del Grupo Especial de Intervención (GEI), la unidad de élite de los Mossos d´Esquadra.

Hasta ahora, salvo en contadas excepciones, Puigdemont se trasladaba diariamente a Barcelona para atender sus obligaciones desde su domicilio en el municipio gerundense de Sant Julià de Ramis, situado a siete kilómetros al norte de la capital de la provincia. Allí durmió, por ejemplo, la noche anterior al referéndum independentista del 1 de octubre. Sin embargo, ante el rumbo de los acontecimientos, el jefe del Ejecutivo catalán ha preferido mudarse al Palau de forma temporal. En el ala este del edificio, en pleno barrio gótico de Barcelona, se encuentra la Casa dels Canonges (Casa de los Canónigos), la residencia de los presidentes de la Generalitat. En sus habitaciones se alojaron Francesc Macià, Lluís Companys y Josep Tarradellas. Sus sucesores únicamente usaron la vivienda de forma ocasional. Puigdemont ha decidido convertirla ahora en su residencia oficial.
A esa medida de protección personal se suma el incremento del número de agentes que se encargan de su escolta. Hasta el momento, el núcleo de su dispositivo de seguridad lo conformaban exclusivamente efectivos del Área de Personal, una sección de la policía autonómica integrada por unos 150 hombres especializados en la custodia de personalidades. Pero la sensación de intranquilidad que experimenta el Govern por su desafío al Estado de derecho ha llevado a los Mossos a redoblar la seguridad de Puigdemont con la incorporación de agentes del GEI, la sección de operaciones especiales del cuerpo.

Se trata de una medida absolutamente excepcional. La labor de estos efectivos está consiste en realizar tareas de contravigilancia para prevenir una posible agresión y, sobre todo, intentar detectar la presencia o seguimientos de agentes de otros cuerpos policiales o de inteligencia.

Los efectivos del GEI están específicamente adiestrados para intervenir en operaciones que impliquen un alto grado de riesgo, lo que da una idea del horizonte que maneja el Ejecutivo catalán. El Departamento de Interior de la Generalitat, del que dependen los Mossos, ha decidido que la unidad proteja a Puigdemont durante las 24 horas del día.

El refuerzo de la custodia del “president” también podría tener carácter preventivo. El Ministerio del Interior español mantiene desplegados en Cataluña, dentro del contingente de efectivos que ha trasladado desde el resto de regiones de España, a dos comandos del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional (una decena de agentes) y doscientos miembros del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil, las unidades de élite de ambos cuerpos. El motivo de su envío a Cataluña es reducir al mínimo el tiempo de respuesta en caso de que un tribunal ordene la detención de altos cargos de la Generalitat y el Parlament, y los servicios de esas secciones policiales sean requeridos.

Al tratarse de personalidades con escolta, el GEO y el GAR tendrían que intervenir en su arresto.

Las alarmas del Govern ya saltaron el pasado martes cuando Puigdemont concurrió en la Cámara autonómica para proclamar la declaración unilateral de independencia (DUI) y suspenderla ocho segundos después. Ante el temor a que el acto pudiera ser interrumpido por las Fuerzas de Seguridad del Estado, el Departamento de Interior blindó el Parlament y el parque de la Ciudadela con decenas de “mossos”.

Agentes armados recorrieron el interior de la sede legislativa y efectivos antidisturbios rodearon el edificio durante el tiempo que se prolongó la sesión. Asimismo, se establecieron controles en los accesos al recinto.

El GEI fue fundado en 1984 y tiene su base en el complejo Egara, el cuartel general de los Mossos en Sabadell (Barcelona). En la actualidad, cuenta con unos 40 agentes entrenados para actuar en operaciones de alto riesgo, como misiones de rescate y dispositivos antiterroristas. Disponen del armamento y el material de autoprotección más sofisticado del cuerpo, como fusiles de asalto HK G36, SCAR L y HK MP7 y fusiles de precisión del calibre 308 Winchester y 338 Lapúa Magnum. Según una versión, en mayo de 2016, el Govern realizó una importante adquisición de fusiles y balas para sus francotiradores.

Además, el GEI se mueve en vehículos y furgonetas camufladas de gran potencia y utiliza los helicópteros de la Generalitat.

El pasado enero, la Generalitat sacó a concurso 24 nuevas plazas de ingreso en el GEI justificándolo en la necesidad de ampliar su plantilla por la activación del nivel 4 de amenaza terrorista.

Los miembros del GEI suelen participar en maniobras conjuntas de capacitación con los GEO de la Policía Nacional.

Los integrantes de ambos cuerpos de elite podrían encontrarse ahora, cara a cara, si un juez ordena la detención de Puigdemont.

No obstante, aún está abierta la posibilidad de que prime la cordura y que los españoles resuelvan sus diferencias mediante el diálogo y no por medio de la violencia.


martes, 17 de octubre de 2017

SOMALIA, LA TIERRA OLVIDADA



Azotada por la sequía, el hambre y la violencia endémica Somalia es una tierra olvidada de Dios y de los hombres donde la vida humana parece carecer de valor.

Muchos occidentales solo tienen presente Mogadiscio por la película “La caída del halcón negro”. El film, realizado en 2001, que ganara dos premios Oscar, recrea un hecho real ocurrido en 1993 durante el desarrollo de una misión humanitaria en Somalia.

Las tropas de Estados Unidos y sus aliados habían concurrido a Somalia, como parte de una misión humanitaria de la ONU, debido a que la sequía, la hambruna y las luchas tribales estaban haciendo estragos en el empobrecido país del Cuerno de África.

Somalia, con casi 11 millones de habitantes y una expectativa media de vida de 55,7 años, según la ONU, vivía en estado de guerra y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré. Su salida dejó al país sin un gobierno efectivo y en manos de milicias radicales islámicas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.

Lo que siguió a la llegada de las fuerzas de la ONU fue una tragedia aún mayor. Las milicias somalíes se resistieron, asesinaron a algunos soldados occidentales y pasearon los cadáveres horriblemente mutilados por las calles de Mogadiscio.

Después de una operación frustrada de las tropas estadounidenses en las cuales murieron 19 soldados, resultaron heridos otros 73 y muertos unos mil somalíes, las fuerzas de la ONU se retiraron dejando el país librado a su suerte.

La semana pasada Mogadiscio volvió a ser noticia internacional debido al peor  atentado terrorista de la historia de Somalia que produjo 315 víctimas mortales. El doble ataque, efectuado bajo la modalidad de “coche bomba” tuvo lugar en el centro de la ciudad de Mogadiscio. La primera y más sangrienta explosión, provocada por un camión bomba, tuvo lugar sobre las 15.00 hora local en la zona conocida como “PK5”, cerca del hotel Safari, en una de las calles más concurridas de la ciudad llena de comercios y restaurantes y a una hora en la que había numerosos puestos callejeros ocupando las aceras. Testigos relataron que la onda expansiva se dejó sentir en toda la ciudad y que provocó una columna de humo negro de tres kilómetros de altura. La segunda detonación, de menor intensidad, tuvo lugar instantes después cerca de un mercado en el distrito de Wadajir.

Los hospitales de la ciudad pronto se vieron desbordados para atender a los heridos, por lo que el presidente somalí, Mohamed Abdullahi Mohamed, conocido como “Farmajo”, realizó un llamamiento para solicitar donaciones urgentes de sangre y declaró tres días de luto oficial con las banderas a media asta.

Sufriendo los efectos combinados de la enésima sequía y una guerra interna de larga duración. Somalia no sale de su círculo infernal. La prolongada falta de lluvias amenaza con repetir la hambruna que, en 2011, se cobró la vida de 260.000 somalíes. Sería la tercera en 25 años, desde la dramática crisis de 1992.

La mitad de la población (6,2 millones de personas) necesita asistencia humanitaria. Con el inicio de la estación seca, se enfrentan a una situación de grave inseguridad alimentaria, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Entre ellos, están unos 275.000 niños que padecen desnutrición severa.

La sequía ha devastado los cultivos y privado a amplios sectores de la población de comida y agua, causando, además, un repunte del precio de los cereales. Las comunidades agrícolas y ganaderas son las más afectadas. Dos millones de somalíes han abandonado sus hogares y ya no cuentan con medios para mantenerse. Ahora, también el terrorismo azota a Somalia cuando un nuevo brote de cólera y diarrea completa el escenario de emergencia.

Los medios locales aseguran que el atentado fue perpetrado por Al Shabab, aunque la organización terrorista no ha reivindicado su autoría.

Al Shabab es un grupo terrorista de corte yihadista radical cuya fundación tuvo lugar hace una década y que, en 2012, se convirtió en una franquicia africana de la red Al Qaeda. En la actualidad y tras su expulsión de los principales centros urbanos y sobre todo de la capital, controla zonas rurales de Somalia y se estima que puede estar integrado por unos 7.000 combatientes. Sus acciones más sonadas son atentados terroristas con coches bomba y ataques a edificios, que han provocado miles de muertos en los últimos siete años. Además, Al Shabab sigue obstaculizando la llegada de ayuda humanitaria a distintas regiones del sur.

La presencia de Al Shabab ha incrementado la inestabilidad en Somalia. El pasado mes de febrero, “Farmajo” fue elegido presidente del país y se dio un plazo de dos años para acabar con este grupo terrorista.  

Mientras tanto, sus ciudadanos son grandes protagonistas del éxodo migratorio hacia Europa de los últimos años debido a la violencia y la pobreza. Somalia es uno de los países que sufre el veto migratorio hacia EE UU establecido por Donald Trump.

El cuadro es tan desgarrador que se llega a pensar que Dios ha olvidado a este pueblo perdido en un confín de África. Si Dios no la ha olvidado los países occidentales sí. Pero, precisamente esas tierras olvidadas son santuarios ideales para los yihadistas y canteras inagotables de nuevos muyahidines y terroristas suicidas, por lo cual desentenderse de lo que allí ocurre puede ser un grave error. Uno tan grande como lo fue ignorar lo que sucedía en Afganistán antes del 9/11.



lunes, 16 de octubre de 2017

LA CRISIS CATALANA CONTAGIA A LA UNIÓN EUROPEA



La crisis de gobernabilidad que vive España por el separatismo catalán no se limita la Península Ibérica sino que proyecta sus efectos sobre una Europa comunitaria aún golpeada por el Brexit.

La crisis de España sigue su marcha sin que los protagonistas se decidan a dar el paso decisivo. Puigdemont juega a las escondidas y se niega a reconocer que ha declarado la independencia de Cataluña y con gran desparpajo pide dos meses para arribar a los primeros acuerdos. ¿Acuerdo sobre qué? ¿Acuerdos sobre la independencia y la separación de bienes entre España y Cataluña? Nuevamente ambigüedad premeditada.

Mientras tanto Rajoy evita aparecer como un represor de las libertades del pueblo catalán. Dilata la aplicación del artículo 155 de la constitución española que posibilita la intervención al gobierno de la Generalitat –y a cualquier otro gobierno autonómico que desconozca el orden constitucional- para restaurar la legalidad española.

Mientras tanto, los españoles viven en la incertidumbre. Los optimistas confían en que finalmente no pasara nada, que el conflicto se saldará con nuevas concesiones a los catalanes y nada más. Otros –especialmente en Barcelona- no ven así la cuestión. Temen a los elementos radicalizados dentro de la colación gobernante en Cataluña –especialmente Candidatura d´Unitat Popular (CUP) y Ezquerra Unida- que no aceptarán otra cosa que la independencia total y la creación de un nuevos Estado Catalán.

Las empresas españolas, mientras tanto, no son nada optimistas y trasladan sus sedes sociales y domicilios fiscales fuera de la autonomía. Anuncian que no realizaran despidos ni reducirán sus inversiones en Cataluña, pero nadie les cree especialmente porque han aclarado que no retornarán por al menos cinco años y siempre y cuando el tema del separatismo se olvide para siempre.

La economía catalana, que alguna vez fue el motor de España, ha dejado de serlo. El turismo ha disminuido sensiblemente, muchas grandes inversiones se han cancelado y el nivel de empleo ha descendido. Madrid ha superado a Barcelona como ciudad más pujante de España.

La crisis española ha comenzado a preocupar a Europa. La Unión Europea ve con temor que el ejemplo catalán sea imitado por otras regiones donde el separatismo está muy vigente.

La lista de tales lugares es larga: las Islas Feroe quieren su independencia respecto de Dinamarca, Escocia ha intentado en varias ocasiones romper con el Reino Unido, Flandes con Bélgica, el Tirol del Sur y Véneto pretenden separarse de Italia, Córcega de Francia y para colmo España podría terminar colapsando si el País Vasco, Galicia y Canarias resolvieran imitar el ejemplo catalán.

Aún si luego de un largo proceso –que implicaría al menos una década de difíciles negociaciones- los nuevos Estados terminaran incorporándose a la Unión Europea, la multiplicación de los miembros tornaría casi imposible arribar a acuerdos sustanciales pendientes, como la creación de un Fondo Monetario Europeo.

Al mismo tiempo, los vientos separatistas podrían avivar la hoguera de los nacionalismos europeos que siempre culminan en la ultraderecha y el aumento de la xenofobia y el racismo. Y eso es lo que menos precisa Europa y el mundo.

Por eso, lo mejor que podría suceder en España es que la cuestión se resuelva rápidamente. La receta es fácil. Aplicación del artículo 155 para convocar a nuevas elecciones autonómicas esperando que la cordura prime entre los catalanes.


Luego vendría la implementación de una reforma constitucional que establecería nuevas reglas institucionales para todas las autonomías. Una suerte de barajar y dar de nuevo para acallar los principales reclamos de los autonomistas esperando que España pueda superar la prueba y deje de ser “el enfermo de Europa”.

sábado, 14 de octubre de 2017

LA CRISIS CATALANA


La cuestión catalana ha desatado una crisis política, social y económica que llevará años a España superar, si es que alguna vez logra superarla, y que proyecta sus efectos negativos sobre la Europa comunitaria.

La actual cuestión catalana no es un fenómeno nuevo es un largo proceso que lleva más de tres décadas desarrollándose gradualmente. Comenzó cuando los gobiernos centrales, tanto del Partido Popular como del PSOE, comenzaron a hacer concesiones a los catalanes para conseguir su apoyo electoral para formar gobierno.

Los catalanes supieron aprovechar la debilidad de los gobiernos centrales para adquirir el manejo autonómico de la educación, la salud y la seguridad.

El manejo de la seguridad les permitió contar con un cuerpo policial propio, los Mozzos D’Esquadra, cuya lealtad es hacia la Generalitat y al mismo tiempo excluir a los cuerpos nacionales de seguridad del territorio Cataluña.

Al mismo tiempo, el control del sistema educación les permitió implementar una “educación en valores”. Solo que los valores impartidos eran los valores del separatismo catalán. Se adoctrinó a los alumnos en una historia de Cataluña y de los atropellos que España había inferido a los catalanes. No importaba cuanto había de verdad en ese relato los catalanes comenzaron a asumirlo como real.

Pronto se dejó la enseñanza en español y se inició la impartición de la enseñanza en catalán. El español se redujo a una única asignatura compitiendo con el inglés como lengua extranjera.

Se llevó a cabo una campaña gradual para erradicar al español como idioma nacional. Se impuso la obligación de rendir examen de catalán para poder acceder a un empleo público en Cataluña. Los carteles indicadores de las calles pasaron a estar escritos en catalán y en inglés… Los carteles indicadores en tiendas y supermercados pasaron a ser escritos en catalán –bajo pena de fuertes multas-. Solo las grandes tiendas como El Corte Inglés o Zara han logrado escapar a esta imposición.

La bandera española fue reemplazada por la bandera cuatribarrada, cuatro bandas rojas sobre un fondo amarillo, en los balcones barceloneses como símbolo del independentismo.

Los partidarios de mantener la soberanía española sobre Cataluña comenzaron a ser tildados de “facha” –fascistas- o insultados llamándolos “españoles”.

El nacionalismo catalán es también republicano y partidario del populismo izquierdista. Las presencias del Rey o del Jefe de Gobierno comenzaron a ser vistos como una agresión.

Así se llegó a un primer referéndum para decidir sobre la autonomía en 2014. En términos porcentuales los resultados indicaban que la participación fue del 37% con respecto al conjunto total de los potenciales votantes y que un 30% de este mismo total se había manifestado proindependentista. Si se tiene en cuenta que en Cataluña estaban censados algo más de 7,5 millones de habitantes, el porcentaje de independentistas en la autonomía era del 25%. En realidad, del 24,8% si quería ser precisos.

El referéndum fue un duro revés para el independentismo, pero en modo alguno puso fin a la cuestión. La posibilidad de la separación de Cataluña comenzó a afectar a su economía, las grandes empresas comenzaron silenciosamente a trasladar sus sedes a otros lugares de España para no perder el mercado español y la pertenencia a la Comunidad Europea.
Los independentistas se tornaron más agresivos y radicales. El proceso se aceleró, en 2016, con la llegada al gobierno de autonomía de Carles Puigdemont, de Juntas pel Sí, al frente de una coalición de izquierda con elementos radicales como Candidatura d´Unitat Popular (CUP) y Ezquerra Republicana.

Puigdemont impulsó como ningún otro político catalán el independentismo. Primero organizó un nuevo referéndum, que fue declarado ilegal por el gobierno central, pero que de todas formas realizó el 1º de octubre. Con los datos muy parciales que le daban una victoria al “Sí”, Puigdemont declaró la independencia de Cataluña el martes 10, aunque suspendió transitoriamente sus efectos para “dialogar” con el gobierno central.

La declaración de independencia disparó el éxodo de empresas de Cataluña. En una semana 540 empresas –entre ellas 40 grandes empresas y bancos- trasladaron sus sedes y domicilios fiscales desde la autonomía.

Ahora, el gobierno central en manos del señor Mariano Rajoy ha decidido dar un hasta el próximo lunes al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, para que informe con precisión si ha declarado la independencia de Cataluña. Una respuesta afirmativa desencadenaría la inmediata aplicación del artículo 155 de la Constitución española que implica la intervención al gobierno autonómico.

Dirigentes de CUP y Ezquerra Republicana insisten que Puigdemont debe contestar en forma afirmativa, levantar la suspensión de la independencia y comenzar a negociar con el gobierno español la separación de Cataluña.

El catalán Albert Rivera, líder del partido Ciudadanos, impulsa por su parte a Rajoy para que aplique de una vez por todas, el Artículo 155 e intervenga Cataluña.

Nadie sabe si se puede aplicar el Artículo 155 e intervenir Cataluña sin que se produzca la resistencia violenta de los independentistas catalanes.

Pero, el próximo lunes 16 de octubre tanto Puigdemont como Rajoy deberán decidir la suerte de Cataluña, de España y por ende también la Europa.














jueves, 12 de octubre de 2017

LA CRISIS CATALANA REVITALIZA EL NACIONALISMO ESPAÑOL


Los intentos separatistas de algunos catalanes han despertado el nacionalismo del resto de los españoles e incluso pueden dar nuevos bríos a los nostálgicos del franquismo.

Sin proponérselo, los izquierdistas separatistas catalanes que pretenden destruir a España y a la monarquía están logrando el efecto contrario: reafirmar la identidad nacional de los españoles.

He visitado a España en forma intermitente desde 1980, nunca como esta semana me ha recibido un país embanderado, con manifestaciones en las plazas, acalorados debates en los noticiarios y una sensación de angustia en el corazón de muchos españoles.

Si tuviera que describir que sienten los españoles me aventuraría a decir que incertidumbre. Algunos bailan en la cubierta del Titanic y se conforman diciendo “no va a pasar nada”. Es más una expresión de deseos que una certeza. Otros buscan explicaciones en la historia o la teoría política y así no dudan en considerar a España como un Estado Fallido y en responsabilizar a la clase dirigentes por la crisis separatista. En el fondo tampoco saben que ocurrirá ni cómo evitar la catástrofe.

En el fondo muchos parecen pensar que finalmente Cataluña dejará a España sin que el gobierno central decida apelar a la fuerza. Parecen preferir que los catalanes abandonen España a correr el riesgo de otra guerra civil. El recuerdo de la anterior está demasiado presente, tampoco ayuda el ejemplo de lo ocurrido en Yugoslavia.

Entonces el proceso de secesión, que algunos catalanes insisten en calificar de  “independentismo”, destruirá la economía española –incluso la de Cataluña- y alentará las ansias separatistas de otras regiones de la península.

Al cabo del proceso, todos habrán perdido incluso la golpeada Unión Europea, que aún puja por sobrevivir al Brexit y que no puede prescindir de España.
Mientras la crisis sigue su marcha los españoles se refugian en el nacionalismo más primitivo, agitan banderas y se alborozan al grito de “Viva España”. No falta tampoco algún nostálgico con una foto del “generalísimo Franco” en la remera.

EL DÍA DE LA HISPANIDAD

A la espera de que la Generalitat emita su respuesta al ultimátum del Gobierno, que vence el próximo lunes, los actos del Día de la Fiesta Nacional se convirtieron ayer en un cauce de respaldo al Rey y al marco de orden y convivencia que instauró la Constitución de 1978. Miles de ciudadanos —muchos más que otros años, gracias a un recorrido que fue ampliado— asistieron al desfile de las Fuerzas Armadas.

No solo la mayor asistencia de público evidenciaba que esta jornada era diferente. También la presencia de autoridades a las que no se veía en este acto desde hace años, como el expresidente Felipe González. El color lo ponían las banderolas colgadas en las farolas y las rojigualdas que engalanaban numerosos edificios e incluso el bolso de la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes.

Líderes políticos, expresidentes y exministros, representantes de altas instituciones del Estado, empresarios y otros representantes sociales se conjuraron para estar presentes en la tradicional recepción del Palacio Real, que juntó a casi mil quinientos invitados. Faltaron los principales dirigentes del chavista Podemos y los independentistas y nacionalistas catalanes y vascos.

En muchos dirigentes españoles existía la convicción de que este año era necesario cancelar cualquier otro compromiso y acudir al acto para mostrar su respaldo a Felipe VI y al orden constitucional que simboliza.

Aunque hubo algún grito aislado de “Puigdemont a prisión”, los mayores vítores y ovaciones se los llevaron los Reyes —Felipe VI con uniforme de capitán general del Ejército del Aire— y, entre los participantes en el desfile, la Guardia Civil y la Legión, como es tradición, a los que esta vez se sumó el Cuerpo Nacional de Policía, que no participaba desde hace casi 35 años, antes de su desmilitarización.

De los festejos participaron 26 ministros de los gobiernos socialistas de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero —ambos presentes en las celebraciones— se habían conjurado para no faltar a la cita. Alfonso Guerra, Alfredo Pérez Rubalcaba, Rosa Conde, Carlos Solchaga, Trinidad Jiménez, o Miguel Ángel Moratinos, Virgilio Zapatero o Fernando Ledesma, entre otros. La estrella, sin embargo, era Josep Borrell, que recibió felicitaciones y agradecimientos por sus palabras contra el independentismo en la manifestación convocada por Societat Civil Catalana el pasado domingo, en Barcelona.

El expresidente González se mostró partidario de la activación del artículo 155 para “recuperar la Constitución, el Estatut y los derechos de todos los españoles, empezando por los catalanes”.

Varios de los exministros socialistas celebraban, a pesar de sus muchas dudas ante el futuro inmediato, que el PSOE haya sido parte fundamental del principio de una posible solución, al conocerse el pacto cerrado entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez para apoyarse en la posible aplicación del 155, pero también en acordar una futura reforma constitucional. Un acuerdo que “traslada mucha tranquilidad y estabilidad a la ciudadanía”, explicaba el propio Sánchez durante la recepción. El líder socialista insistió en señalar que solo Puigdemont tiene en sus manos evitar que la comunidad autónoma sea intervenida, si el lunes da una respuesta clara al requerimiento del Gobierno. Y si finalmente se recondujera la situación, sugirió Sánchez, la consecuencia inmediata debería ser unas elecciones autonómicas anticipadas que convocara la propia Generalitat.

El Rey dedicó tiempo a atender a los numerosos invitados, y recibió de muchos de ellos su felicitación por el discurso que dirigió a los españoles en la noche del 4 de octubre. Fuentes de la Casa del Rey se han esforzado en los días posteriores en explicar que el tono duro de esas palabras obedecía a que no había otra alternativa: era obligación del jefe del Estado llamar a los poderes legítimos a restaurar el orden constitucional en Cataluña. Cualquier señal de arbitrio o moderación no se hubiera entendido, han explicado.

Todos estos gestos de unidad y los rebrotes de nacionalismo, no parecen modificar la determinación de los separatistas catalanes de impulsar la independencia.

miércoles, 4 de octubre de 2017

EL DISCURSO DEL REY




El rey Felipe VI sale decididamente en defensa de la unidad de España y del orden constitucional.

Desde el estallido de la llamada “Doble Revolución”, es decir, de la “Revolución Industrial” y la “Revolución Liberal”, las repúblicas han estado reemplazando a las monarquías y amenazando con enviarlas al desván de Clío.

Para sobrevivir las monarquías ­mutaron de “absolutas” a “constitucionales”. En el siglo XXI los reyes de las monarquías constitucionales reinan pero gobiernan muy poco o directamente no gobiernan.

¿Cuál es entonces el objeto de mantener una monarquía?

En los Estados donde se han establecido monarquías constitucionales, el rey simboliza la unidad de la Nación.

Es decir, que el único campo en que la función del rey como gobernante no puede ser cuestionada es cuando interviene en cuestiones en que está en juego la unidad nacional o la vigencia del orden constitucional, es decir, el estado de derecho.

Por lo general, en los Estados modernos ni la unidad nacional ni el orden constitucional suelen estar con frecuencia en cuestión. Por lo tanto, los monarcas constitucionales tienen poco trabajo y alguien puede pensar que son innecesarios. Un resabio del pasado que se niega a desaparecer.

Pero, las monarquías constitucionales son particularmente útiles en los Estados donde el regionalismo amenaza continuamente la unidad nacional.

Este precisamente es el caso de España donde no sólo los catalanes tienen aspiraciones secesionistas. También los vascos, gallegos y canarios albergan los mismos descabellados sentimientos de constituir micro estados independientes.

Es precisamente en los momentos de crisis donde se mide la estatura como estadista de un gobernante. Quienes dudaron de que el rey Felipe VI tuviera las mismas dotes políticas de su padre, el renunciante rey Juan Carlos I, han podido comprobar ayer que sus dudas eran infundadas.

En un breve discurso fijando la posición de España sobre el problema catalán, Felipe VI demostró estar a la altura de las circunstancias.

El rey Felipe VI fue claro se defenderá la integridad del Reino y el orden constitucional hasta las últimas consecuencias y los españoles de Cataluña no están solos. Era lo que muchos esperaban oír con decisión y claridad.

Ahora la pelota está del lado de los independentistas. Pero deberían pensar muy bien sus próximas acciones antes de que la situación se agrave aún más.

Para los que deseen conocer íntegramente la posición de Felipe VI sobre el independentismo catalán, Alternative Press Agency reproduce íntegramente su discurso.

MENSAJE  COMPLETO DEL REY SOBRE CATALUÑA

“Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática. Y en estas circunstancias, quiero dirigirme directamente a todos los españoles. Todos hemos sido testigos de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña, con la pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada −ilegalmente−la independencia de Cataluña.

“Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.

“Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.

“Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando ─desgraciadamente─ a dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada.

“Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España.

“En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.

“Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.

"Hoy quiero, además, transmitir varios mensajes a todos los españoles, particularmente a los catalanes.

"A los ciudadanos de Cataluña –a todos− quiero reiterarles que desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley. Porque, como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el resto de España, ni en ningún lugar del mundo. En la España constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos.

"Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

"Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza.

"Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo son porque están basados en el deseo de millones y millones de españoles de convivir en paz y en libertad. Así hemos ido construyendo la España de las últimas décadas. Y así debemos seguir ese camino, con serenidad y con determinación. En ese camino, en esa España mejor que todos deseamos, estará también Cataluña.

"Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español, para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España.