jueves, 15 de diciembre de 2016

UN NUEVO CAPÍTULO EN LA TRAGEDIA DE GDRIM IZIK



Los deudos de las víctimas de la masacre de Gdeim Izik, en Marruecos, se organizan para defender sus demandas de justicia y memoria para sus seres queridos.

LA MASACRE DE GDRIM IZIK

En 2010, el desalojo de un campamento de desocupados e indignados -podríamos decir que son la versión marroquí de los “piqueteros” que habitualmente protestan por las calles del microcentro porteño- en un paraje próximo a la ciudad de Laiún, en las provincias del Sur de Marruecos, derivó en incidentes en que un grupo de activistas separatistas asesinó a once miembros de las fuerzas de aplicación de la ley y heridas de diversa consideración a otros 70 funcionarios y cuatro civiles.

Es conveniente para el público occidental, que desconoce los detalles del incidente, relatar brevemente lo ocurrido.

El 10 de octubre de 2010, se instaló un campamento de protesta, formado por unas treinta jaimas (tiendas de campaña marroquíes) en un paraje denominado Gdeim Izik, situado a doce kilómetros de la ciudad de Laiún, en el sur de Marruecos.

El grupo inicial de manifestantes alcanzaba tan sólo a treinta o cuarenta personas que reclamaban ser incluidos en los planes oficiales para obtener una vivienda social, un empleo en el Estado u otro tipo de beneficio asistencial.

La composición de este grupo era mayoritariamente de lisiados, mujeres viudas o divorciadas, hombres desocupados e “indignados” (por lo general graduados universitarios que reclaman una oportunidad para acceder a empleos de categoría en la administración pública).

Inicialmente, el “wali” (gobernador) de la región ofreció dialogar con los manifestantes y otorgarles “tarjetas de promoción nacional” (que otorgan diversos beneficios estatales a sus titulares) a cambio del compromiso de desmantelar voluntariamente el campamento.

Paradójicamente, la actitud dialoguista del gobierno local, tuvo el efecto contrario al deseado. La tolerancia de las autoridades y la perspectiva de que los manifestantes obtuvieran beneficios extras a través de la protesta incentivó, rápidamente, a otros demandantes de ayuda social a incorporarse al campamento.

En tan sólo tres semanas se habían reunido en un improvisado campamento en el desierto, 6.000 jaimas que albergaban a unas 200.000 personas y un centenar de vehículos.
Como se comprenderá, el campamento carecía de los más elementales recursos de agua potable, servicios eléctricos e instalaciones sanitarias.

La gran aglomeración de personas en situación precaria, como generalmente suele ocurrir, atrajo a todo tipo de oportunistas, delincuentes y activistas políticos.

Los separatistas del Frente Polisario aprovecharon la ocasión para infiltrar algunos activistas de los campos argelinos de Tinduf, a través de la frontera con Mauritania.

En unos días, el aparato internacional de propaganda en mano de los polisarios y un puñado de activistas lograron crear la imagen que el campamento de Gdeim Izik tenía el propósito de reclamar en favor del separatismo saharaui.

Esto era absolutamente falso. Incluso el grueso de los acampantes, que escuchaban las consignas que los separatistas propalaban desde altoparlantes y megáfonos, no eran totalmente conscientes de que sus demandas de vivienda y empleo estaban siendo manipulados.

Los manifestantes se organizaron en comisiones (del diálogo, de coordinación, de organización y de seguridad).

La mayor preparación política y el hecho de actuar coordinadamente, permitió a los activistas del Frente Polisario, asumir un rol protagónico dentro de las distintas comisiones.

Pronto las Comisiones, constituidas en gobierno interno del campamento se opusieron tanto a que las autoridades censaran a los habitantes del mismo para encontrar la forma de atender sus demandas. Incluso se negaban a permitir que estos abandonaran el asentamiento o desmantelaran sus jaimas. A esas alturas el campamento estaba rodeado de un parapeto formado por obstáculos de tierra y tres cordones de seguridad (el más interno controlado por la Comisión de Seguridad y los otros dos por las fuerzas del orden).

Ante el estancamiento de las negociaciones y la continua degradación de las condiciones de vida en el interior del asentamiento (pese a que el gobierno distribuía agua potable y alimento a los manifestantes) las autoridades marroquíes resolvieron, por un lado, atender las demandas de los manifestantes otorgando gran cantidad de “tarjetas de promoción nacional”, y por el otro, proceden al desalojo pacífico del campamento.

ESTALLA LA VIOLENCIA

El lunes 8 de noviembre de 2010, después de tres horas de propalar por altavoces la decisión de proceder a la evacuación del campamento, las fuerzas de aplicación de la ley procedieron a remover los obstáculos de arena que rodeaban el campamento con el fin de facilitar la salida de los ocupantes y de los automóviles. Además, las autoridades implementaron un servicio de buses para trasladar hacia Laiún a las personas del asentamiento.

Cuando había comenzado la evacuación pacífica de Gdeim Izik, un grupúsculo de activistas armados con elementos contundentes, armas blancas caseras y bombas incendiarias (cócteles Molotov) atacaron, tanto a los cuerpos de aplicación de la ley como a los manifestantes que dejaban el campamento.

Las fuerzas del orden se vieron obligadas a repeler los ataques con gases lacrimógenos y chorros de agua. Pronto el caos y los incendios de tiendas se generalizaron. El saldo de víctimas fatales y heridos fue el anteriormente señalado.

Al conocerse los incidentes ocurridos en Gdeim Izik se produjeron violentas protestas en la ciudad de Laiún que pronto derivaron en actos de vandalismo, saqueos e incendios de edificios oficiales, sucursales bancarias y locales comerciales.

La naturaleza de los incidentes y la coordinación que evidenciaban los vándalos evidenciaban que los mismos contaban con preparación previa y que buscaban que las fuerzas de la ley arrastrar por la provocación, montaran una represión generalizada y provocaran víctimas entre la población de la ciudad.

Las fuerzas del orden sin embargo mantuvieron su profesionalismo y escaparon a la provocación, aunque no pudieron evitar que se produjeran daños a la propiedad por valor de 24 millones de dólares.

Todo ello tenía un solo propósito. Generar la imagen en la opinión pública internacional de que en el sur de Marruecos había una masiva demanda en favor del separatismo.

Como era de esperarse el Frente Polisario comenzó a explotar los incidentes hablando de miles de víctimas y desaparecidos, represión indiscriminada y hasta de genocidio en Gdeim Izik.

EL JUICIO

Las autoridades lograron identificar y detener a los activistas más violentos. Un total de 202 personas fueron arrestadas. La mayoría recibieron penas de hasta tres meses de cárcel, penas en suspenso, multas e incluso 9 resultaron absueltas.

No obstante, 24 activistas del Frente Polisario fueron acusados de participar en una banda criminal, asesinar a miembros de las fuerzas del orden e incluso mutilar sus cadáveres.

Entre el 01 y 17 de febrero de 2013, se llevó a cabo un juicio público donde 23 acusados fueron condenados a penas que iban desde la cadena perpetua a los veinte años de prisión. Tan sólo uno de los acusados fue condenado a la misma pena de cárcel que ya había cumplido bajo la modalidad de “prisión preventiva” (dos años).

Todos los acusados apelaron la sentencia ante la Corte de Casación. El próximo 26 de diciembre de 2016 la Corte revisará el juicio.

EL GRUPO GDEIM IZIK

Ante la posibilidad de que la sentencia aplicada a los activistas polisarios pueda ser modificada, un grupo de familiares y amigos de las víctimas han decidido constituir una ONG para hacer oír su voz y demandar justicia para sus seres queridos. A continuación, transcribimos el Comunicado de Prensa de la Asociación de los Familiares y Amigos de las víctimas del “Grupo Gdeim Izik”.

En el marco del aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que se conmemora el 10 de diciembre de cada año, nosotros los Familiares y Amigos de las víctimas del Grupo Gdeim Izik, aprovechamos esta ocasión para anunciar la creación de nuestra asociación. Creemos que el derecho a la vida es uno de los derechos humanos más sagrados y el cual les ha sido robado a nuestros once hijos que fueron asesinados a sangre fría cuando cumplían su deber profesional el 8 de noviembre de 2010 en un suburbio de la ciudad de El Aaiún.

“Nuestra asociación se ha fijado como objetivos:

“1) Definir las víctimas de los acontecimientos de Gdeim Izik, entre los elementos de las fuerzas públicas como mártires del deber nacional;

“2) Hacer frente, mediante todos los medios legítimos, a todos los intentos de encubrir el atroz crimen sufrido por nuestros hijos;

“3) Preservar y honrar la memoria de las víctimas y velar por su rehabilitación mediante la aplicación de la ley contra los criminales;

“4) Representar a las familias de las víctimas en diversos foros nacionales e internacionales y hacer escuchar la voz de las verdaderas víctimas;

“5) Defender los intereses legítimos de las familias de las víctimas.

“Partiendo de estos objetivos, nuestra Asociación tiene la intención, visto que el Tribunal de Casación decidió remitir los expedientes de las personas acusadas en el caso de los asesinatos de nuestros hijos al Tribunal de Apelación y presentarlos ante el tribunal el 26 de diciembre de 2016, Nuestra Asociación decidió, posteriormente, tomar todas las medidas necesarias para seguir las pautas de este juicio. Se trata de presentarse como parte civil con el fin de informar al tribunal de los sufrimientos de las familias de las víctimas y presentar sus reivindicaciones legítimas. En consecuencia, la Asociación hace un llamamiento a todos los organismos y personas que creen en la justicia para que la apoyen y la ayuden.

“La Asociación considera que remitir el caso ante el Tribunal de apelación es una importante oportunidad para poner de relieve nuestro sufrimiento como familiares de las víctimas. Se trata también de hacer frente a todos los intentos de retirar a este caso su carácter criminal y penal, así como presentar los acusados como víctimas en una indiferencia total respecto a nuestros hijos, que sí fueron las verdaderas víctimas.

“La Asociación aprovecha esta ocasión para expresar su plena confianza en el poder judicial como mecanismo de reparación y justicia que revelará la naturaleza criminal de los actos que condujeron al asesinato de nuestros hijos y la forma bárbara e inhumana en la que sus cuerpos fueron maltratados ya que incluso se orinaron sobre ellos y los desfiguraron.”

He recibido una invitación para concurrir al juicio en Raba como observador internacional por lo cual los lectores de este blog podrán seguir el desarrollo de este trascendente juicio para la vigencia de la justicia y los derechos humanos en África.