miércoles, 7 de diciembre de 2016

SE AGUDIZA LA CRISIS EN VENEZUELA


Pese a los esfuerzos del Vaticano, para buscar una salida dialogada a la crisis institucional y socioeconómica que sacude a Venezuela, los tiempos se van acortando sin que se avizore una posibilidad de alcanzar un acuerdo para una transición negociada y pacífica.

La oposición ha obtenido muy poco a cambio de su decisión de abandonar el referéndum revocatorio y dialogar con el gobierno bajo los auspicios de la Santa Sede. Sus demandas eran por demás lógicas. Se limitaban a requerir la libertad de los presos políticos encarcelados con procesos judiciales amañados, a la apertura de un canal humanitario para abastecer de medicamentos a la población, la recuperación de los poderes constitucionales de la Asamblea Nacional y el establecimiento de un cronograma electoral, para renovar las gobernaciones y determinar si debía o no reducirse el mandato presidencial de Nicolás Maduro.

Tampoco ha obtenido mucho el Vaticano. El papa Francisco comprometió su prestigio -y para algunos hasta su imparcialidad- recibiendo intempestivamente a Nicolás Maduro cuando parecía estar jaqueado por la oposición. El Vaticano se involucró en una mediación con resultado incierto. Para muchos observadores, el gobierno al dialogar con la oposición, no estaba dispuesto a hacer ningún tipo de concesiones y sólo buscaba ganar tiempo.

Ante la parálisis del proceso de mediación, el Secretario de Estado de la Santa Sede, monseñor Pietro Parolin, envió una misiva reservada, tanto a la oposición como al gobierno, para exhortarlos a realizar avances para concretar la formación de un gobierno de unidad nacional.

Quién más ha obtenido de este proceso de diálogo ha sido el chavismo. El gobierno venezolano ha conseguido algo de aire -o efectivamente ganar tiempo- a muy bajo costo. En realidad, solo otorgó la libertad de un puñado poco significativo de dirigentes opositores presos.

Ahora, nuevamente, la crisis se ha potenciado. El gobierno chavista enfrenta no solo cuestionamientos internos, sino que el aislamiento internacional parece estar convirtiéndose en abierto cuestionamiento.

La oposición está convencida de que el gobierno no está dispuesto a arribar a ningún tipo de acuerdo y sólo aceptó sentarse a dialogar para ganar autoridad moral ante el mundo cuando avance hacia una abierta y final confrontación contra el presidente Nicolás Maduro.

El gobierno, por parte, niega que el propósito del diálogo sea hablar de elecciones o de la liberación de los presos políticos. Incluso, el primer vicepresidente del gubernamental Partido Socialista Unido de Venezuela, el diputado Diosdado Cabello, ha increpado al monseñor Pietro Parolin acusándolo de ser parte de la oposición venezolana.

La crisis se agudizó cuando los países del Mercosur cesaron la membresía de Venezuela en el bloque regional, por no cumplir con el acuerdo de complementación económica y el Protocolo de Asunción sobre Derechos Humanos.

Simultáneamente, familiares de presos políticos, como Lilian Tintori, esposa del encarcelado líder opositor Leopoldo López, su suegra, y Mitzy Capriles, esposa de Antonio Ledezma, alcalde de Caracas, sujeto a arresto domiciliario, han recurrido a encadenarse en el Vaticano para atraer la atención internacional sobre la suerte de los detenidos.

En las últimas horas, el presidente de la Asamblea Nacional, el diputado Henry Ramos Allup y el Secretario Ejecutivo de la Mesa de Unidad Democrática, Jesús Torrealba,  han manifestado que la oposición no concurrirá, a la convocatoria prevista para el próximo martes 13 de diciembre, si antes el gobierno no realiza avances concretos en algunos de los puntos establecidos para el diálogo.

Si se cierra el canal de diálogo, nuevamente Venezuela enfrentará el riesgo del estallido de la violencia generalizada.

Mientras tanto, la falta de avances en la solución de la crisis política y ante la impotencia del gobierno para controlar la situación económica, hace que la población vea deteriorarse día a día sus posibilidades de subsistencia.

En los últimos días, el gobierno profundizó la fiscalización en los comercios de ropa, del centro de Caracas, en un vano intento de controlar la inflación. El Superintendente de los Precios Justos recorrió las tiendas ordenando, manu militari, la rebaja de un 30% en los precios, al tiempo que hacía detener a los encargados o dueños.
"Obligar a comerciantes a bajar precios sin considerar los costos de reposición los llevará a la quiebra", advirtió Henkel García, director de Econométrica. Venezuela sufre una inflación descontrolada, la mayor del mundo, que según estimaciones del FMI alcanzará   al 700% este año.
El constante aumento en el valor del “dólar blue”, que ayer marcó 4.242 bolívares por billete verde cuando hace un mes no superaba los 2.000, también presiona al mercado venezolano, sediento de bolívares y de dólares.
Después de varios meses de reclamos y ante una crisis en el sistema de pagos electrónicos, el gobierno anunció la emisión de nuevos billetes de 500, 1000, 2000, 5000, 10.000 y 20.000 bolívares y su salida al mercado. Hasta este momento, el billete de mayor denominación era de 100 bolívares. El Banco Central también emitirá monedas de 10, 50 y 100.
Lamentablemente, aún la instalación de un gobierno de transición o incluso, el llamado a elecciones y la designación de un nuevo presidente traerá poco alivio a la situación del pueblo venezolano.

La oposición se encuentra muy fragmentada -la integran unos veinte partidos de ideologías y propuestas de gobierno muy diversos-, que no tienen ni un líder ni un programa en común, como no sea el terminar con la dictadura bolivariana.

Además, después de dieciocho años en el poder, el chavismo tendrá muchas posiciones residuales dentro de la administración pública, la justicia y las fuerzas armadas. Democratizar Venezuela no será un proceso ni fácil ni rápido.

Tampoco habrá soluciones fáciles o rápidas en el plano económico. Los precios del petróleo, de los cuales depende la economía venezolana, siguen muy por debajo del mínimo -U$S 70 por barril- necesario para sostener la recuperación del país.

Un eventual nuevo gobierno deberá hacer frente al desabastecimiento, la hiperinflación, las fallas de la infraestructura y las demandas impostergables de la población.


Venezuela se encuentra en medio de un largo y oscuro túnel sin que aún pueda verse la luz al final del mismo.