miércoles, 9 de noviembre de 2016

LO QUE NO APRENDIO LA CANCILLER MALCORRA


La canciller argentina suma un error tras otro, fracaso al competir contra el nuevo Secretario General de la ONU y luego apoyo a la candidata perdedora en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Se abre la necesidad de cambios en el Palacio San Martín.

El presidente argentino Mauricio Macri al comienzo de su gestión hizo una apuesta fuerte al convocar como funcionarios a figuras exitosas en la actividad privada, pero sin experiencia en la función pública.

El resultado de esta apuesta fue muy diverso. Algunas de sus elecciones resultaron acertadas, otras no tanto.

Entre estas últimas se sitúa la designación de Susana Malcorra como ministro de Relaciones Exteriores.

Esta ingeniera eléctrica, que llevaba once años fuera del país y que tenía nacionalidad española y residencia en La Coruña, España, llegó al Palacio San Martín con una aureola de funcionaria internacional. En realidad, se había iniciado en IBM y alcanzado nivel gerencial en Telecom Argentina para luego incorporarse como funcionaria del Programa 
Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, luego pasó al Departamento de Apoyo a las Actividades en el Terreno de ONU, alcanzando su mayor brillo como Jefa de Gabinete del entonces Secretario General de la ONU, el coreano Ban Ki-moon.

Pero los once años que pasó como funcionaria de este organismo internacional no parecen haberle enseñado lo suficiente del mundo de la diplomacia.

Primero fracasó al competir, sin los suficientes apoyos, para el cargo de Secretaria General de la ONU. En ese intento dilapidó los primeros diez meses de su gestión y quedó mal situada para tratar con el candidato vencedor, el socialista portugués Antonio Guterres, nuevo Secretario General de la ONU.

Tampoco aprendió que la política exterior de un Estado debe guiarse por el pragmatismo y no en función de las simpatías personales de quiénes están encargados de implementarla.

La política internacional siempre se basa en intereses geopolíticos y no debe dejarse influir por las simpatías o antipatías que puedan surgir entre jefes de Estado.

Olvidando este principio, la ministro Malcorra involucró innecesariamente a la Argentina en la campaña electoral estadounidense. Convenció al presidente Macri de explicitar su apoyo a la candidata demócrata principalmente porque se trataba de una mujer. No parecer haberse detenido en informarse de cuáles eran las reales posibilidades de que esta triunfara.

Cuándo se enfrentó a la evidencia de que podía estar equivocándose, no se resignó de buen grado. Por el contrario, no dudó en reafirmar que “la visión de Clinton es más cercana” a la de Cambiemos, pero “si Trump gana habrá que adecuarse” y “tratar de conectarse de la mejor manera posible.”

Incluso, cuando finalmente conoció cual era el resultado de los comicios y que necesariamente debería tratar con el futuro triunfador como presidente de los Estados Unidos, no pudo aceptar totalmente este hecho.

En lugar de enviar la comunicación diplomática de estilo, eligió el Twitter para felicitar en primer término “al pueblo norteamericano … por la democracia y sus instituciones”. Minutos más tarde envió, por el mismo medio, una fría y formal salutación al candidato triunfante: “¡Felicitaciones@realDonaldTrump por ser electo nuevo presidente de los Estados Unidos!”

Pero como había algo que era más fuerte que su prudencia diplomática minutos más tarde se expidió nuevamente por Twitter: “Felicitaciones@HillaryClinton por la gran elección. Una pena no ver una mujer tan capaz elegida para esa importante responsabilidad.”

La canciller Malcorra, antes de sus imprudentes declaraciones debería haber recordado el error cometido por Michelle Bachelet, Dilma Rousseff e incluso Luis Inacio “Lula” Da Silva al anticiparse en apoyar el triunfo de Daniel Scioli durante la campaña presidencial argentina de 2015.

O, al menos, tomar en consideración las enseñanzas de un diplomático del calibre del Primer Ministro de Inglaterra, a mediados del siglo XIX, Lord Palmerston, cuando reseñó la política exterior inglesa señalando: “No tenemos (Inglaterra) aliados eternos, y no tenemos (Inglaterra) enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y nuestra obligación es vigilarlos.


Quizá sería una buena oportunidad para que el presidente Macri, al cumplirse el primer aniversario de su asunción del cargo, contemplara la posibilidad de buscar un ministro de Relaciones Exteriores que pueda alcanzar una mejor sintonía tanto con el nuevo Secretario General de la ONU como con el presidente estadounidense se asumirá el próximo 20 de enero de 2017.