jueves, 24 de noviembre de 2016

LA DIASPORA VENEZOLANA


Desde 2001, el diez por ciento de la población venezolana ha abandonado su país escapando de los excesos del autoritarismo bolivariano y de la mayor crisis socioeconómica en la historia de Venezuela.

ESTAMPIDA INMIGRATORIA

En un mundo cada vez más interconectado y con mejores y más seguros medios de transporte, la población es más sensible a cualquier cambio en sus condiciones de vida.
Ante cualquier crisis social o humanitaria los individuos más dispuestos se aprestan inmediatamente a emigrar pese a los costos económicos y humanos que enfrentan al dejar su país.

Por lo tanto, al producirse cualquier convulsión severa en un país, un porcentaje importante de sus habitantes se desplaza inmediatamente a los países vecinos para proteger su vida y en la búsqueda de mejores condiciones de subsistencia.

Esto ocurrió en Venezuela a partir del triunfo del chavismo. En tiempos del “comandante eterno” Hugo Chávez, cuando el gobierno bolivariano comenzó a mostrar rasgos autoritarios y despóticos, los venezolanos comenzaron lentamente a emigrar.

FUGA DE CEREBROS

Los primeros en salir fueron aquellas personas que contaban con mayores posibilidades para reiniciar su vida en otros países. Los que poseían algún capital, estudios universitarios, contaban con socios, amigos o contactos fuera de Venezuela o tenían alguna calificación profesional que podía ser ejercida y era valorada en el extranjero.

Los que dominaban algún idioma foráneo se dirigían a los Estados Unidos o Europa. Los que no optaban por los países vecinos, especialmente Colombia, Panamá y Aruba. Pero, no faltaron los que decidieron probar suerte en España, Brasil o Argentina.

La primera ola inmigratoria tuvo claramente las características de una “fuga de cerebros”. Quienes dejaban definitivamente Venezuela para radicarse en el extranjero pertenecían a la clase alta.

Por lo general, se trataba de personas que percibían que Venezuela estaba tomando similares rasgos autoritarios que Cuba y querían anticiparse a las persecuciones de los disidentes y a las expropiaciones de bienes.

Aun afrontando importantes pérdidas, decidieron vender sus inversiones y propiedades cuando aún podían hacerlo y mientras mantenían una parte sustancial de su valor para empezar nuevamente en el extranjero.

Para ellos era más sencillo radicarse legalmente en otro país y alcanzar a corto plazo un desarrollo profesional y un nivel de vida superior al que dejaban atrás en Venezuela.

Pero, rápidamente la situación económica en Venezuela comenzó a deteriorarse. A los desaguisados cometidos por el gobierno bolivariano se sumaron el derrumbe de los precios del petróleo que disparó la inflación, el desabastecimiento y la desocupación. El gobierno bolivariano reaccionó con mayores regulaciones y controles de la economía. Fijó un valor arbitrario del dólar y estableció todo tipo de restricciones a la adquisición de moneda extranjera. Los venezolanos debieron recurrir al mercado negro para proteger sus ahorros o para reunir los recursos mínimos para salir del país.

A la crisis económica se sumó el incremento desmedido de la violencia y la inseguridad.

Al aumento de la criminalidad se sumó inmediatamente la violencia política y la dura represión policial contra cualquier manifestación opositora. Venezuela se transformó, en estos años, en el segundo país con mayor tasa de homicidios del mundo, sólo superada en este campo por Honduras, con 82 muertes violentas cada cien mil habitantes.

En 2013, un estudio realizado sobre venezolanos que habían emigrado, estableció que el 52% de los consultados afirmaban que habían abandonado su país por temor a la inseguridad. En segundo término, entre las causales de emigración, se situó la crisis económica.

Es así, como a la primera ola inmigratoria se fue sumando otra constituida esencialmente por profesionales y empleados administrativos de clase media baja. En Venezuela, comenzó a llamárselos despectivamente “salmones”, por su propensión a saltar del país, aunque deban “remontar la corriente” en otro país.

Pero, en los últimos cuatro años, a medida en que la crisis económica y humanitaria fue profundizándose y el clima de confrontación política entre chavistas y opositores fue incrementando su virulencia, arrojando un número creciente de muertos, heridos y opositores encarcelados, lo que hasta ese momento era una selectiva “fuga de cerebros” se convirtió en una emigración masiva.

Con el agravante de que muchos de los emigrados llegaban a su nuevo destino sin medios materiales para reiniciar una actividad económica productiva o incluso para sostenerse por el tiempo necesario para reinsertarse.

Aunque es muy difícil contar con estadísticas certeras, debido a que muchos inmigrantes venezolanos ingresan al país de acogida como “turistas” e inmediatamente se convierten en “residentes ilegales” que viven y trabajan en forma clandestina.

Pero, diversas fuentes coinciden en que más de tres millones de venezolanos han dejado el país desde 2001.

En Argentina, por ejemplo, el Registro Nacional de las Personas, en 2014, registraba 4.781 venezolanos con residencia permanente en el país y otros 8.342 con residencia temporaria, en su mayoría con permiso de residencia estudiantil. Estas cifras se han incrementado desde entonces y por supuesto no reflejan la existencia de numerosos inmigrantes venezolanos con residencia irregular.

LAS CONSECUENCIAS

En los países de la región, la presencia cada vez más numerosa de venezolanos, que arriban sin recursos económicos buscando una vivienda donde instalarse y un trabajo para ganarse la vida, está provocando la aparición de brotes xenófobos en la población local que teme por sus empleos o por el deterioro de los niveles de seguridad.

En Aruba y Panamá, por ejemplo, se han registrado protestas pidiendo al gobierno que adopten medidas para controlar el ingreso ilegal de venezolanos.

Para Venezuela, la emigración de profesionales, empresarios y emprendedores constituye una verdadera descapitalización de sus mejores recursos humanos que, aun cuando pueda detenerse, de producirse un cambio de gobierno, será muy difícil de revertir.

Venezuela ha perdido una generación de costosos y necesarios talentos humanos que hará más difícil cualquier posible recuperación a mediano plazo.

En la medida en que la situación socioeconómica y política de Venezuela siga deteriorándose, la emigración de población se mantendrá o incluso se incrementará. Por lo tanto, existe el riesgo que toda la región del Caribe se enfrente a corto plazo a una crisis migratoria.