lunes, 10 de octubre de 2016

EL POPULISMO MÁGICO GOBIERNA EN VENEZUELA


La decisión del presidente Nicolás Maduro de crear el “Premio Comandante Eterno Hugo Chávez a la Paz y la Soberanía de los Pueblos” para competir con el Premio Nobel a la Paz es una muestra más de que Venezuela es “Macondo” y viven en medio del “populismo mágico”.

La adhesión al llamado “realismo mágico” le abrió las puertas al premio nobel a Gabriel García Márquez. Pero, en América Latina el realismo mágico no sólo involucra a la literatura o a las artes plásticas sino que frecuentemente se traslada al ámbito de la política. Allí ese “realismo mágico” suele mutar en lo que con justicia podría denominarse como un “populismo mágico”.
El “populismo mágico” constituye una forma distorsionada de realizar la política, en la cual los dirigentes viven en una suerte de realidad alterna donde todas sus decisiones son correctas y sus pueblos viven en la más completa prosperidad y felicidad, pese al acoso continuo del pérfido imperialismo y sus aliados de la derecha cipaya.
El “populismo mágico” ha sido característico de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, Hugo Chávez Frías, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa y algún otro irresponsable demagogo.
No obstante, el mejor exponente de un régimen latinoamericano de “populismo mágico” es la República Bolivariana de Venezuela hoy en las manos del impredecible Nicolás Maduro Moro.
Como Maduro está convencido de que todo marcha de maravillas en Venezuela no siente la necesidad de trabajar para terminar con el desabastecimiento de alimentos, medicamentos e insumos para las industrias, ni de contener la inflación desbocada, combatir a una criminalidad fuera de control y otras plagas bíblicas que azotan al pueblo venezolano.
Por el contrario, todas las energías del régimen chavista parecen estar destinadas al campo internacional donde Venezuela enfrenta un creciente marginamiento y condena.
Con gran entusiasmo y energía, Maduro se ha lanzado a un inusitado activismo internacional aprovechando que una fortuita coincidencia le ha otorgado a Venezuela una posición coyuntural de excepción para hacer oír su voz en los foros internacionales.
Venezuela ha sido elegida como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas y simultáneamente Maduro ejerce la presidencia “pro témpore” del Movimiento de Países No Alineados y de la Unión de Naciones Suramericanas -UNASUR- y sólo la acción decidida de los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay impidió que sumara también la presidencia del Mercosur.
Al mismo tiempo los diplomáticos chavistas han recibido instrucciones de intensificar su participación en todos los foros internacionales donde tienen alguna presencia como el Grupo Intergubernamental de los Veinticuatro para Asuntos Monetarios Internacionales y de Desarrollo -G 24- o la 4ta Comisión de Naciones Unidas sobre territorios sujetos a descolonización, etc.
Aunque, tratándose de Maduro, hasta las iniciativas diplomáticas pronto se transforman en disparatadas expresiones del “populismo mágico”. Sino de que forma puede interpretarse su reciente decisión de crear un premio internacional a la paz para competir con el prestigioso Premio de la Paz que otorga el Comité Noruego del Nobel.
Al parecer, Nicolás Maduro se sintió molesto por el otorgamiento de este galardón al presidente colombiano Juan Manuel Santos y la ostensible omisión del líder de la narcoguerrilla de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, más conocido por su alias de “Timochenko”. Por ello, decidió crear su propio galardón: el “Premio Comandante Eterno Hugo Chávez a la Paz y la Soberanía de los Pueblos”. Este premio otorgado por un país empobrecido por la caída del precio del petróleo -su casi único producto de exportación- consistirá en una importante retribución monetaria acompañada de una reproducción del monumento al “Comandante Eterno Hugo Chávez”, realizada por el artista ruso Sergei Kantzasev, que se encuentra emplazado en Sabaneta la cuna natal del líder bolivariano y que originariamente fuera donado por la Federación de Rusia.
Fiel al estilo autocrático y personalista que caracteriza a los líderes del “populismo mágico”, Maduro no sólo anunció la creación del premio sino que también anticipó quien sería la primera figura internacional en recibir esta dudosa distinción. El elegido fue el presidente ruso Vladimir Putin, evidentemente todo un adalid de la paz como pueden confirmarlo los ucranianos, los sirios y los kurdos. Seguramente, en la siguiente edición de este galardón, la figura premiada será Timochenko, para reparar la injusticia cometida por el Comité Noruego del Nobel.
Así, paradójicamente, habrá un Premio Nobel a la Paz para distinguir a las figuras que se destaquen en este campo dentro del mundo racional y predecible y un “Premio Comandante Eterno Hugo Chávez” para recompensar los esfuerzos por la paz -o algo por el estilo- para quienes viven en el área de influencia del “populismo mágico”.
Esta es la forma bizarra que emplea el chavismo para intentar superar el creciente aislamiento internacional que enfrenta y que puede incrementarse sustancialmente si el régimen bolivariano decide, de una vez por todas, abandonar la fachada democrática y asumirse como la dictadura que es. Para ello solo deberá suspender indefinidamente las elecciones, suprimir a los partidos políticos opositores y ahogar a las pocas voces disidentes que aún tienen el valor de luchar por la democracia en Venezuela.

Es que el mundo parece estar dividiendo nuevamente en dos bloques. Ello se debe a la confluencia de un conjunto de Estados parias del sistema internacional en un bloque alternativo. Allí bajo la dirección y protección de la Federación de Rusia se alineando Cuba, Corea del Norte, Argelia, Irán, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y algunos otros estados que gradualmente se van marginando del sistema internacional por sus continuas violaciones a los derechos humanos, su falta de democracia y los peligros que entrañan a la seguridad y la paz en el mundo.