miércoles, 27 de julio de 2016

EL MUNDO ANTE UNA NUEVA GUERRA MUNDIAL


Los recientes hechos de violencia que sacuden al mundo, ponen en evidencia de que ha estallado una nueva contienda bélica de alcance global y características innovadoras.
LAS GUERRAS ANTERIORES
Los estudiosos de la guerra suelen señalar que una nueva guerra siempre se piensa como una continuación de la guerra anterior. Por lo tanto, para cuando los estrategas descubren que están frente a un fenómeno distinto, suele ser muy tarde.
Siguiendo con este razonamiento, una nueva guerra mundial se presentaría de una forma muy distinta a la que asumió la Gran Guerra (1914 – 1918) o la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1940).
Incluso tendría características muy diversas de las que presentó la Guerra Fría que las sucedió. Podemos considerar que este último conflicto se inició oficialmente cuando Winston Churchill, el 5 de marzo de 1946, pronunció su discurso “Los pilares de la paz”. Discurso que la historia recuerda por su referencia al “telón de acero”. En esa ocasión el estadista inglés agradecía su investidura como doctor honoris causa.
Como fecha de finalización podemos tomar la “Caída del Muro de Berlín” (Muro de Protección Antifascista o Muro de la Vergüenza, según a cada uno de los bloques enfrentados), ocurrida el 9 de noviembre de 1989.
Este conflicto no se presentó como una guerra convencional (si es que puede haber algún tipo de convencionalismo cuando de guerra se trata) sino que se desarrolló a través de una serie ininterrumpida de “guerras por procuración”, bloqueos militares, presiones diplomáticas y económicas, embargos comerciales, guerras de inteligencia, golpes de Estado y toda otra forma violenta en que un Estado puede imponer su voluntad a otro.
Ahora bien, cabría preguntarnos si el fin de la Guerra Fría fue seguido por un periodo de paz. Evidentemente no fue así. Quizás, Francis Fukuyama se apresuró al anunciar que había llegado “el fin de la historia” o el presidente George Bush al proclamar que había nacido un “nuevo orden mundial”.
Lo cierto es que el orden mundial de la posguerra fría no fue menos violento que el precedente. Los conflictos bélicos, tanto inter como intraestatales, siguieron multiplicándose y cobrando la vida de miles de personas, especialmente en la región de Medio Oriente.
UN NUEVO INCENDIO
No obstante, la conflictividad global entro en una nueva fase, el 17 de diciembre de 2010, cuando Mohamed Bouazazi decidió inmolarse en una calle de Túnez para protestar contra el injusto régimen de Zine el Abidine Ben Alí. Había estallado la “Primavera Árabe”.
Las llamas que abrazaron el cuerpo de Bouazizi quemaron también el sistema político que sostenía la estabilidad de la mayoría de los gobiernos del Norte de África y Medio Oriente.
Entonces se sumaron al conflicto las potencias occidentales, Rusia y Turquía. La intervención internacional con tropas y bombardeos en defensa de sus intereses geopolíticos termino de conformar la tormenta perfecta.
Las chispas de ese incendio no se detuvieron allí. Focos de este siniestro comenzaron conmocionando a toda Europa. Hoy ese fuego se ha propagado por África y amenaza incluso al continente americano.
Los ataques de terroristas suicidas –actuando como “lobos solitarios”- se suceden en forma continua en países tan diversos como Francia, Bélgica, Israel, España, los Estados Unidos, Afganistán o Turquía.
Entonces la réplica del mundo desarrollado no se hace esperar y llega en forma de más tropas, bombardeos aéreos e incursiones de drones asesinos.
En ocasiones los atentados son frustrados poco antes de que se lleven a cabo. Como la red yihadista recientemente desarticulada en Brasil. No siempre las fuerzas de seguridad son tan afortunadas.
Los métodos terroristas cambian continuamente. Se iniciaron con atentados explosivos llevados a cabo por atacantes suicidas. Luego llegaron los tiroteos indiscriminados y hoy los terroristas pueden emplear cualquier medio para volcar su odio desde un hacha hasta un inmenso camión fuera de control.
También se modifican en forma constante los blancos elegidos. Ellos varían desde un aeropuerto rebosante de viajeros, a una iglesia en pueblo alejado de la campiña francesa. Sin olvidar todo tipo de espectáculo público que congregue a un gran número de potenciales víctimas.
Los terroristas no discriminan ni perdonan a nadie. Tanto cristianos como judíos y aún los mismos musulmanes de otra confesión o más moderados terminan siendo víctimas del fanatismo religioso.
Pese a que las víctimas se multiplican ninguno de los bandos muestra voluntad de ceder.
EL MUNDO EN GUERRA
Mientras que en algunos países del Norte de África y Medio Oriente cunde la anarquía y sus ciudades, convertidas en campos de combate, quedan prácticamente reducidas a escombros, en todas las naciones occidentales las sociedades se militarizan aceleradamente restringiendo las libertades de sus ciudadanos. Nos hemos convertidos todos en sospechosos. Estamos bajo vigilancia y casi en libertad condicional.
Pero aún falta más. Olas de inmigrantes provenientes de las zonas focales en conflicto se agolpan en las fronteras de los países occidentales poniendo a prueba a sus instituciones.
Lo más grave es que algunos de estos inmigrantes son portadores de infección yihadista y la difunden allí donde se establecen.
Además, las propuestas radicales, ahora difundidas a través de las redes sociales, siempre encuentran algún individuo descontento, un solitario o algún sujeto mentalmente inestable a quien seducir con sus cantos de sirena.
Es así como, por efecto colateral, por Occidente se expande la xenofobia, el racismo, la islamofobia y la paranoia colectiva.
El temor a este enemigo esbozado, que ataca de cualquier forma, en cualquier lugar y en cualquier momento, es el terreno fértil en que prosperan las más insólitas propuestas fascistas y los líderes extremos que saben sacar buen provecho de los miedos colectivos.
Quién pude negar en tal contexto global de violencia que el mundo no está viviendo una nueva guerra mundial.
Una guerra en que los bandos no resultan suficientemente claros. Tampoco existe certeza de cómo se definirá la contienda y mucho menos quién resultará triunfador.
Mientras tanto la gente sigue padeciendo el horror de la violencia injustificada y los gobiernos se muestran impotentes sin saber cómo enfrentarla con eficacia.
Algo es seguro en este nuevo tipo de guerra mundial de alguna manera todos somos combatientes y el campo de batalla está en las calles de nuestras ciudades.
Lo sepa o no, lo acepte o no, amigo lector usted ha sido llamado a filas para combatir en la tercera guerra mundial.