jueves, 5 de mayo de 2016

EL MUNDO EN ALERTA POR TEMOR AL TERRORISMO NUCLEAR


El terrorismo nuclear constituye el gran desafío que impulsa a las principales naciones del mundo a crear una Arquitectura de Seguridad Global para contenerlo.

UN HECHO PREOCUPANTE
Diversas señales indican que el mundo vive bajo la preocupación creciente de que se produzca un atentado terrorista de carácter nuclear en alguna importante ciudad occidental.
Recientemente, la decisión del gobierno belga de suministrar en forma preventiva píldoras de yodo, que reducen la acumulación de radiación en la glándula tiroides, a todos los pobladores que residan dentro de un radio de cien kilómetros de una central nuclear, para protegerlos en caso de un posible ataque terrorista contra dichas instalaciones ha contribuido a incrementar la alarma. Lamentablemente no es el único acontecimiento en este sentido.
VOCES DE ALERTA
A ello se suman las reiteradas declaraciones de expertos como el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Yukiya Amano, que en declaraciones a la prensa efectuadas el mes pasado señaló: “El terrorismo se está extendiendo y no puede excluirse la posibilidad de que utilice materiales nucleares.”
También reuniones internacionales como la Cumbre de Seguridad Nuclear que tuvo lugar en la ciudad de Washington, el pasado mes de abril, y en la cual los líderes de 52 estados acordaron la creación de una “Arquitectura de Seguridad Global” especialmente concebida para prevenir este tipo de atentados.
En esa ocasión, abriendo las sesiones el presidente estadounidense Barak Obama resumió en gran medida el pensamiento de los líderes mundiales allí presentes señalando que: “No hay duda de qué si estos locos llegan a poner sus manos sobre una bomba nuclear o sobre material nuclear, lo usarían para matar a tantas personas inocentes como les sea posible.”
¿QUÉ ES EL TERRORISMO NUCLEAR?
La Convención Internacional para la Supresión de Actos de Terrorismo Nuclear de las Naciones Unidas, aprobada en el año 2005, define el delito de terrorismo como el empleo por parte de un individuo, individuos u organizaciones de material radioactivo “con la intención de causar muerte o serio daño corporal; o con la intención de causar substancial daño a la propiedad o al ambiente; o con la intención de obligar a una persona natural o jurídica, una organización internacional o a un Estado a realizar o abstenerse de realizar un acto.”
Por su parte, el Harvard Kennedy School’s Belfer enter for Science and International Affairs consigna la existencia de tres tipos potenciales de “terrorismo nuclear o radiológico”. El primero de ellos -el más difícil de implementar pero de consecuencias más devastadoras si se llega a concretar- consiste en la posibilidad de que los terroristas se apoderen, adquieran o construyan una bomba nuclear y consigan hacerla detonar en una ciudad densamente poblada. El material nuclear apto para fabricar un artefacto de tales características es el uranio altamente enriquecido (HEU) al menos al 90%.
Una segunda posibilidad es la fabricación de una “bomba sucia”, tras el robo de una fuente radiactiva, de uso científico, médico o industrial, y dispersada mediante un explosivo o por cualquier otro procedimiento con el fin de diseminar elementos radioactivos en la atmósfera. Aparentemente, se trata de algo tan sencillo que muchos expertos se sorprenden de que no haya sucedido aún.
El tercer escenario está basado en la posibilidad de que un grupo terrorista ataque o lleve a cabo un acto de sabotaje con explosivos convencionales (o cualquier otro procedimiento) contra una instalación nuclear con el fin de provocar un daño en la instalación, con el resultado de una emisión incontrolada de radiación y la contaminación de las personas y el medio ambiente. 
LOS TERRORISTAS NUCLEARES YA ESTÁN ENTRE NOSOTROS
La verdad es que el terrorismo nuclear es algo más que una seria hipótesis es casi una realidad. Recientemente, el mundo se conmocionó al saber que la célula yihadista que atacó Bruselas el pasado 22-M planeaba provocar en Bélgica un desastre similar a los ocurridos en Chernóbil o Fukushima.
El presunto cerebro logístico de los atentados del 13-N en París, Salah Abdeslam, guardaba en su departamento de Bruselas diez horas de grabaciones de vídeo con los movimientos de un alto funcionario del centro de investigación nuclear de Jülich, en el oeste de Alemania, según informó el grupo de medios Redaktionsnetzwerk Deutshland (RND).
Las autoridades belgas detectaron también que dos ciudadanos belgas con acceso a instalaciones nucleares se habían radicalizado viajando a Siria como combatientes.
Uno de ellos había trabajado durante años, antes de morir en Siria combatiendo en las filas de Daesh, en la zona de alta seguridad de la central nuclear belga de Doel-4 como empleado de una empresa externa proveedora de servicios.
El otro terrorista de Daesh con acceso a instalaciones nucleares fue detectado por las autoridades belgas a su regreso de Siria y actualmente cumple condena en un penal de Bélgica.
La plata nuclear de Doel-4 también sufrió un acto de sabotaje en 2014, cuando un individuo no identificado, vertió 65.000 litros de lubricante en una turbina. El incidente no puso en peligro la seguridad de la central, debido a que no se dispersó ningún material radioactivo, pero la planta estuvo cerrada cuatro meses y el coste estimado de su reparación ascendió a aproximadamente doscientos millones de dólares.
UN RELOJ EN MARCHA

Es por estos antecedentes que muchos expertos en seguridad nuclear creen que el reloj que marca el momento en que el primer ataque terrorista realizado empleando medios nucleares se encuentra en marcha y que todas las medidas destinadas a detenerla o al menos retrasarla son pocas.