jueves, 27 de agosto de 2015

YEMEN AL BORDE DE UNA TRAGEDIA HUMANITARIA (1ra. Parte)


 
Un conflicto intraestatal originado en antiguos antagonismos étnicos y religiosos, que rápidamente se internacionalizó, al involucrarse Arabia Saudí e Irán, amenaza con originar una tragedia humanitaria en el Golfo Pérsico.

La República de Yemen constituye un Estado bicontinental situado al mismo tiempo en Medio Oriente y en África. Su sector asiático está situado en el Mashreq, al sur de la península de Arabia. Se trata de un territorio delimitado por el mar Arábigo, el golfo de Adén y el mar Rojo, en Asia. La isla de Socotra pertenece al continente africano. Comparte fronteras terrestres con otros dos estados árabes: Omán al Este y Arabia Saudí al Norte, aunque su frontera norteña recién se delimitó en el año 2000.

Yemen constituye uno de los más antiguos centros de civilización de Medio Oriente. Su territorio alberga algunos valles relativamente fértiles, con un clima húmedo que permitió el desarrollo de una población estable. Sus habitantes, en su mayoría nómades, se dedicaron desde tiempos remotos al pastoreo y la cría de aves.

Yemen tiene una estructura social basada en clanes y tribus. Religiosamente, el país está dividido casi en forma igual entre suníes y chiíes. Su población se encuentra en un proceso de crecimiento exponencial, alcanzando actualmente a los veintiséis millones de habitantes cuyos dos tercios viven en áreas rurales. Con un promedio de 6,2 nacimientos por mujer, la mitad de la población del país tiene menos de 15 años, y casi el 70 por ciento es menor de 25 años.

Hay fuertes incentivos sociales para que las familias tengan muchos hijos. Los niños pueden ayudar en las tareas, principalmente en la agricultura, lo que reduce los costos. Además, los grandes clanes proyectan su poder en las disputas locales y los hombres, incluso los viudos, toman esposas adicionales para que los ayuden en la casa y los niños. Las mujeres son forzadas al matrimonio en la pubertad con hombres mucho mayores, antes y después del matrimonio están sujetas a la autoridad de padres y esposos. Los yemeníes están orgullosos de su estructura familiar y la norma social otorga prestigio a la familia numerosa, según el refrán “Cuantos más hijos tengas, más poder tendrás”, según informa el Fondo de Población para las Naciones Unidas. Conservadoras creencias religiosas, la ignorancia y la falta de acceso a métodos de planificación familiar también contribuyen a alimentar supersticiones en torno al control de la natalidad. Son comunes los rumores sobre que los anticonceptivos causan cáncer…

El crecimiento demográfico –para 2050 se estima que alcanzará los cincuenta millones de habitantes- agrava los males de Yemen: el agotamiento del agua potable, la desnutrición, la falta de calidad y capacidad en materia de educación y salud, escasez de empleo, una pésima economía y la violencia recurrente.

Desde su nacimiento Yemen formó parte del grupo de los 48 países de menor desarrollo, que los sitúan como los más pobres entre los más pobres. Económicamente, depende de unos recursos petrolíferos escasos y a punto de agotarse completamente en los próximos años. En tanto, que cientos de miles de jornaleros yemeníes en Arabia Saudí, de cuyas remesas dependen sus familias, están bajo el riesgo de deportación por no tener la documentación que les permite trabajar legalmente.

A todo ello se une un alto nivel de corrupción que lo convierte en el Estado más pobre del Golfo Pérsico. Además, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo estima que la ciudad yemenita más poblada: la capital Saná, para el año 2025, será la primera urbe del mundo en agotar sus reservas de agua potable.

La capital de Yemen, Saná tiene más de 2.500 años de antigüedad, lo que hace una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo. Pero está viviendo tiempo prestado.

Más de la mitad de los cuatro millones de habitantes que tendrá Sana en 2030 no contarán con alimentos suficientes, advierten los economistas. Pero antes de que eso pase, la ciudad se quedará sin agua.

Saná consume agua mucho más rápido de lo que la naturaleza la reemplaza, dice el hidrólogo Noori Gamal, del Ministerio del Ambiente. La napa freática se reduce seis metros por año.

Yemen tiene una disponibilidad anual de agua por persona de las más bajas del mundo: 125 metros cúbicos, cuando el promedio mundial es de 7.500 metros cúbicos. Cuando según Naciones Unidas, una población con una disponibilidad anual de menos de mil metros cúbicos por persona enfrenta escasez hídrica y un ser humano necesita cien metros cúbicos de agua por año para sobrevivir.

A lo largo de todo el siglo XX y las primeras décadas del XXI, Yemen ha vivido en continua e intermitentes guerras civiles que los han convertido en el país del Golfo que más armas de fuego tiene por persona. El recrudecimiento de la violencia, que el país ha vivido con mayor intensidad en los últimos meses, y que ha llevado a la intervención militar de otros países de la región, ha dejado hasta el momento un saldo de cuatro mil muertos y un millón y medio de desplazados y amenaza con producir un drama humano de grandes dimensiones.

Según un informe elaborado por la ong Save the Children, 21 millones de personas requieren alivio urgente en forma de alimentos combustibles, medicina, saneamiento y refugio. El sector de salud está al borde del colapso, y la amenaza de una hambruna es considerable, mientras se estima que doce millones de personas enfrentan “niveles críticos de inseguridad alimentaria. Hay seis millones de niños que padecen hambre y 7,3 millones de personas enfermas o heridas que no reciben atención médica.

Como ocurre con frecuencia cuando las tragedias humanitarias se producen en remotos países de África o Asia pasan desapercibidas para la opinión pública occidental –mucha más para los lectores argentinos-, por lo cual nos parece relevante llamar la atención sobre lo que está ocurriendo en Yemén. En la segunda parte de este artículo analizaremos los aspectos políticos y militares de la situación por la cual atraviesa este país árabe.

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