miércoles, 27 de mayo de 2015

LOS ROHINGYAS UN PUEBLO A LAS PUERTAS DEL GENOCIDIO

UN LEJANO DRAMA HUMANITARIO
Los atentados terroristas y las tragedias humanitarias solo suelen despertar la preocupación internacional cuando ocurren dentro del territorio de los países centrales o en las costas de la Comunidad Europea. Una niña que se inmola con una bomba en un mercado africano o el genocidio a que es sometido día a día un pueblo casi desconocido de Asia lamentablemente suelen pasar desapercibidos por la opinión pública internacional y solo reciben un pequeño espacio en los medios de prensa.
Tal es el drama que en estos días se está desarrollando en las aguas próximas al golfo de Bengala. Allí, unos 25.000 emigrantes, principalmente rohingyas y bangladeshíes, han intentado escapar de sus países en precarios barcos de madera, a menudo sobrecargados y sin adecuadas provisiones de agua y alimentos. Estos emigrantes son víctimas de las redes clandestinas de tráfico de personas. En ocasiones estos emigrantes son abandonados a su suerte por los traficantes en alta mar o son vendidos como mano de obra esclava en plantaciones de Malasia y Tailandia.
Esta tragedia tiene lugar en la amplia región marítima enmarcada por el sur de Birmania y el sureste del golfo de Bengala, al este de las islas de Andamán, se extiende por mil quinientos kilómetros de Norte a Sur y setecientos de Este a Oeste. Su profundidad media es de novecientos metros y su fosa más profunda es un abismo de tres mil ochocientos metros. Estas aguas son profusamente surcadas por varias especies de feroces tiburones siempre prestos a devorar cualquier cosa que flote en la superficie.
LOS ROHINGYAS
La constante diáspora del pueblo rohingyas de Birmania, oficialmente República de la Unión de Myanmar, tiene fundamentos políticos, étnicos y religiosos. Los rohingyas constituyen una minoría islámica suní que habita en el Norte del Estado de Rakáin –antiguamente Arakan-, en Birmania occidental.
Con setenta millones de habitantes, Birmania es uno de los países del sureste asiático con mayor diversidad racial y lingüística de la región. El grupo étnico predominante es el Bamar o birmano, además existen otros 135 grupos étnicos reconocidos que conforman el 35% de la población, ninguno de ellos musulmanes, ni siquiera el millón de rohingyas, mucho menos los panthay, de origen chino, los gurkha nepaleses y los birmanos chinos e indios.
El 89% de la población practica el budismo (mayoritariamente Therevãda). El 4% profesa el cristianismo, otro 4% el islam, un 1% son animistas y el 2% restante se distribuye entre diversas religiones incluyendo el budismo Mahãyãna, el hinduismo y otras religiones.
La cultura de Birmania es una mezcla centenaria de influencias birmanas, chinas, indias y tailandesas, su idioma oficial es el birmano, una lengua tibeto-birmana del grupo lolo-búrmico.
Una Ley de Ciudadanía, sancionada en 1982, niega la ciudadanía a la etnia rohingyas que se asienta mayoritariamente en dos municipios del Estado de Rakáin, limítrofes con Bangladés, Maungdaw y Buthidaung y se extiende también por otros tres municipios: Akyab, Rathedung y Kyauktaw. El Estado de Rakáin, situado al oeste del país, es el segundo estado más pobre de Birmania, uno de los países menos desarrollados del mundo, que posee la menor esperanza de vida de la región.
El origen de los rohingyas es algo incierto, se cree que en los siglos VII y VIII, comerciantes provenientes del mundo árabe, del Imperio Mongol y de Bengala, comenzaron a establecerse en el actual territorio de Rakáin.
Durante la ocupación colonial británica de Birmania (1885 a 1948), la población musulmana de Arakáin, no superó a las sesenta mil personas, pero durante las siguientes décadas miles de musulmanes comenzaron a llegar de Bangladés y de la India, en muchos casos como mano de obra barata. Los recién llegados rápidamente se asimilaron a la antigua población rohingya.
En 1937, los ingleses separaron administrativamente a Birmania del Imperio Británico de la India, nombrando para la Birmania británica un gobernador. Durante la Segunda Guerra Mundial, Birmania fue ocupada por los japoneses, pero tras el retiro japonés en 1945 los británicos retomaron su control. Durante el conflicto los rohingya se aliaron con los ingleses en la lucha contra el gobierno títere del Estado de Birmania compuesto en su mayor parte por japoneses birmanos, lo que generó en la etnia Bamar un profundo resentimiento.
Las guerras civiles han sido una constante del panorama socio-político de Birmania desde la consecución de su independencia en 1948. Estas guerras predominantemente han buscado la autonomía étnica y subnacional, siendo las áreas circundantes a los distritos centrales del país poblados mayoritariamente por los Bamar. Los periodistas y diplomáticos extranjeros requieren de un permiso especial de viaje para visitar las zonas en conflicto.
Los rohingyas siempre despertaron suspicacias y rechazos en el resto de la sociedad birmana, en parte debido a que no son asiáticos sino bengalíes. Las diferencias raciales, idiomáticas y religiosas se conjugaron para generar la estigmatización.
Al finalizar la ocupación japonesa, los rohingyas intentaron crear un estado autónomo en Rakáin, pero a partir de 1962, con los militares en el poder, instaurando una despótica dictadura por los siguientes cincuenta años, fueron blanco de una persecución sistemática.
Las políticas de limpieza étnica aplicadas contra los rohingyas alcanzaron picos máximos en los años 1978 y 1992, donde se llevaron a cabo asesinatos, desapariciones forzadas y torturas sistemáticas para obligar a unos trescientos mil rohingyas a refugiarse en Bangladés.
En 2012, se produjeron dos nuevas oleadas de violencia racial, en los meses de junio y octubre, orquestadas por los budistas rakines, que provocaron al menos 140 muertos, cientos de viviendas, madrazas y mezquitas destruidas. Escapando de la violencia racial unos cien mil rohingyas dejaron Rakaín.
Los ataques comenzaron seis días después de que tres hombres rohingyas fueron acusados de violar y asesinar a una joven budista. Aunque los acusados fueron rápidamente  detenidos   –dos  resultaron  condenados a muerte y el tercero se suicidó-, budistas exaltados asaltaron un autobús donde viajaban diez líderes musulmanes que fueron apaleados hasta la muerte, sin que se produjera ninguna detención. Desde entonces los ataques a los rohingyas se tornaron endémicos provocando más de trescientos muertos.
HUIR A CUALQUIER COSTO
Las sistemáticas agresiones contra la población rohingya son orquestados principalmente por el xenófobo Movimiento 969 (denominado así por los 9 atributos de Buda, los 6 atributos de sus enseñanzas y los 9 atributos de la orden de Buda- liderados por el fanático monje budista Ashim Wirathu, regente del monasterio de Masoeyein en la ciudad de Mandalay.
El gobierno birmano ha apoyado la discriminación y persecución contra los musulmanes obligándolos a vivir confinados en recintos cerrados. En especial el ghetto de Aungmingalar, situado en el centro de la ciudad de Sittwe, y en una docena de campos de internación situados en el Estado de Rakáin. Los rohingyas internados allí viven en condiciones infrahumanas y sin que se les permita entrar o salir sin permiso de las autoridades. Aunque la ACNUR – la agencia de Naciones Unidas para los refugiados- no esta autorizada a visitar los campos de alojamiento, la población depende por entero de la ayuda humanitaria, que recibe del Programa Mundial de Alimentos y del aporte de varias ONG, para su subsistencia.
La persecución de que es objeto por el gobierno de Birmania, por los fanáticos budistas del Movimiento 969 y el desprecio del resto de la sociedad birmana ha impulsado a la población rohingya a emigrar a cualquier costo. En esta forma los emigrantes rohingya –y otros bangladeshíes- se convierten en víctimas de las despiadadas organizaciones dedicadas al tráfico humano que hacen su negocio a despecho de la suerte que aguarda a las personas que caen en sus manos.
Aunque unos pocos miles de emigrantes rohingyas y bangladeshíes han logrado encontrar un hogar en las costas de Malasia, Indonesia y Tailandia, otros muchos miles han padecido de la forma más atroz (generalmente de sed y hambre) en medio del mar.
Pero también los países receptores muestran su preocupación por los emigrantes que llegan masivamente a sus playas. En las últimas semanas los gobiernos de Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas se han negado a permitir que los precarios barcos cargados de emigrantes se acerquen a sus costas, limitándose a proveerlos de agua, alimentos e insumos médicos, antes de remolcarlos mar a dentro.
Los gobiernos de Birmania y Bangladesh se niegan insistentemente a reconocer que esta población emigrante pertenece a sus Estados. Incluso el presidente birmano Thein Sein ha considerado que la “única solución” al conflicto étnico consiste en expulsar a los rohingya a otros países o confinarlos en campamentos supervisados y a cargo de la ACNUR. Empleando las mismas palabras que Hitler al hablar de los judíos en la década de 1930, Thein Sein, dijo: “los enviaremos al extranjero si los acepta un tercer país…”
Mientras los rohingyas enfrentan el riesgo de perecer de hambre y sed en el mar, el mundo contempla con indiferencia su destino y los países de la región demoran con burocráticas negociaciones, el encarar soluciones de fondo a este drama humanitario.