sábado, 23 de mayo de 2015

LA SITUACIÓN EN LOS CAMPOS DE TINDUF

NACIMIENTO DE LOS CAMPAMENTOS
En todos los conflictos la principal víctima suele ser la población civil. El problema del separatismo en el Sáhara no es la excepción. Como se recordará, en 1975, España puso fin a su ocupación colonial en el sur del territorio marroquí, es decir, en el Sáhara marroquí.
Mientras Marruecos recuperaba la soberanía de sus provincias del sur, un pequeño grupo de la etnia saharaui, alentado por potencias extranjeras, comenzó a reivindicar su deseo de escindir una parte del país para intentar formar allí un nuevo estado independiente.
Con este propósito se constituyó el Frente Polisario, un grupo insurgente que inició una guerra de guerrillas, matizada con frecuentes actos de terrorismo, contra la población y las autoridades marroquíes.
La guerrilla polisaria contó desde un comienzo con el apoyo de funcionarios franquistas en repliegue, armamento proveniente de la Libia revolucionaria del dictador Muhammad Gadafi y especialmente de la asistencia logística y política de Argelia, aún resentida con Marruecos por su derrota en la “Guerra de las Arenas” de octubre de 1963.
Recordemos que la década de 1970, era el tiempo de la Guerra Fría donde inmediatamente cualquier conflicto se contaminaba con elementos provenientes de la puja ideológica y geopolítica entre las superpotencias. El conflicto del Sáhara inmediatamente se encontró sometido a estos parámetros.
Desde el primer momento, la superioridad militar de Marruecos se impuso en el conflicto y las milicias del Frente Polisario se vieron obligadas a replegarse a territorio de Argelia acompañadas, tanto de la población que le era dicta, como de otros saharauis que fueron engañados e incluso forzados a acompañar a las milicias a su exilio argelino.
En esta forma se crearon los campamentos de “refugiados” de Tinduf, en Argelia, que comprende cinco precarios asentamientos, donde desde hace cuatro décadas vive, en condiciones infrahumanas, un número impreciso de personas.
Las condiciones desérticas de este territorio, en especial la ausencia casi total de agua y la naturaleza arenosa y pedregosa del suelo, impide a esta población, confinada en una zona militarizada, desarrollar cualquier tipo de actividad económica, aún la agricultura de subsistencia que se practica en otras regiones áridas de África, por lo cual depende totalmente de la ayuda humanitaria que recibe desinteresadamente de Naciones Unidas, la Comunidad Europea y diversas ongs internacionales.
Las familias saharauis retenidas allí reciben agua de camiones cisterna y una “canasta alimentaria básica” de ayuda humanitaria compuesta por farináceos, aceite, azúcar, legumbres y últimamente algunas verduras y frutas, que abastece sus necesidades por aproximadamente quince días. Otra parte de los alimentos enviados, tal como demostraremos, termina siendo comercializada ilegalmente en las tiendas de los campamentos. Las familias deben subsistir en base a pequeños trabajos ocasionales, las remesas de los emigrantes, las ayudas de familias de acogida de España, alguna jubilación otorgada por el gobierno español y actividades ilícitas como el contrabando de gasolina a Mauritania, para completar su alimentación y disponer de unos pequeños recursos para otros gastos corrientes.
Es por ello, que “en los campamentos impera la contaminación extrema, la desnutrición, los jóvenes sin educación ni empleo y la población en situación altamente vulnerable”, tal la opinión del Peter Zang, Director General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea.
Cabe preguntarse entonces porqué esa población insiste en permanecer en ese inhóspito territorio en condiciones espantosas. Sencillamente porque tanto el Frente Polisario como las autoridades argelinas le impiden abandonar los Campamentos.
Nadie entra ni sale de los Campamentos de Tinduf sin autorización y esa autorización solo se otorga en casos excepcionales luego de una ardua negociación burocrática y los familiares de persona autorizada se convierten virtualmente en rehenes para garantizar el retorno del autorizado y las declaraciones que este pueda realizar sobre la realidad de lo que allí ocurre.
Esta situación no es nueva, el mismo trato se ha dado en Cuba y en otros de llamadas “repúblicas democráticas”, inspiradas en el modelo soviético, a la población.
Para facilitar el confinamiento de la población en los Campamentos, el Frente Polisario mantiene a los pobladores como indocumentados y Argelia ha establecido el cierre de la frontera con Marruecos en toda su extensión.
En esta forma, la frontera marroquí – argelina es la más extensa frontera terrestre cerrada del mundo, con todos los perjuicios humanos y económicos que esta aptitud provoca a la población de ambos estados.

EL ESCÁNDALO DE LA AYUDA HUMANITARIA

En enero de 2015, la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) de la Comisión Europea, desclasificó y publicó un informe donde se detallan los resultados de una investigación llevada a cabo, entre 2003 y 2007, sobre el destino de la ayuda humanitaria europea enviada a los campamentos de Tinduf.
La investigación de la OLAF comenzó, en 2003, después de que un experto de la Comisión, de vacaciones en Malí, observara como eran descargados para la venta, en un mercado informal, bolsas de 25 kilogramos de leche en polvo que llevaban impreso el logo con las siglas de la agencia humanitaria europea (ECHO) y la referencia de que estaba prohibida su comercialización.
La difusión del informe, retenido misteriosamente por más de siete años, dio origen a lo que la eurodiputada alemana Ingeborg Grassie, quien presiden la Comisión de Presupuestos del Parlamento Europeo, calificó como “un escándalo de primera magnitud”.
Este informe constató las persistentes denuncias, tanto del gobierno de Marruecos como de varias ongs humanitarias, entre las que se encuentra la holandesa “Luz”, sobre la malversación por parte de funcionarios argelinos y polisarios de la ayuda internacional enviada a los refugiados.
El mecanismo de apropiación ilegítima de la ayuda humanitaria y sus autores está bien descripto en el informe. Los embarques arriban al puerto argelino de Orán a través del cual transita la ayuda humanitaria, particularmente alimentaria, otorgada por la Comisión Europea a través de la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO).
El puerto de Orán resulta clave porque en sus instalaciones comienza la sustracción de la ayuda humanitaria a partir del mismo momento de su arribo. Las autoridades argelinas y del Frente Polisario, a través de la Media Luna Argelina y la Media Luna Saharaui, seleccionan los materiales recibidos, así una parte se destina a los Campamentos y otra vuelca al comercio ilegal en la propia Argelia, Mauritania e incluso Malí.
La OLAF constató que el gobierno argelino retiene una parte sustancial de los embarques como compensación por el apoyo político y militar que le brinda al Frente Polisario. Además, según afirma el European Strategic Intelligence and Security Center –ESISC-, parte de la ayuda humanitaria asume la forma de fondos –es decir, dinero en efectivo- para financiar compras de materiales y pagos a empresas argelinas. Las autoridades de Argelia cobran ilegalmente impuestos sobre estas compras, de tal manera que el gobierno argelino no solo roba y comercializa ilegalmente una parte de los embarques de ayuda humanitaria sino que también cobra impuestos por la compra de bienes y servicios que la Comunidad Europea realiza en su territorio. De forma tal, que el contribuyente europeo termina aportando fondos para la financiación del fisco argelino.
Pero, el robo de mercancías no se detiene allí. También la dirigencia del Polisario participa del saqueo de la ayuda humanitaria en su propio beneficio y para financiar sus actividades internacionales.
El mecanismo es sencillo, el trayecto entre el puerto de Orán y el campamento de Rabuni, al sur de Tinduf, que opera como centro de distribución, es efectuado exclusivamente por dos empresas de transporte argelinas que son las únicas autorizadas a ingresar a los campamentos. Las mercancías son trasladadas sin manifiestos de carga y sin estar precintada. El traslado de las mercancías se efectúa empleando camiones que, para un trayecto que puede ser recorrido en tan sólo cinco días, suelen demorar hasta 48 días. Una vez en los campamentos, los habitantes no cuentan con “tarjetas de racionamiento” ni acusan recibo de ninguna forma por la ayuda efectivamente recibida.
El informe de la OLAF consigna “la existencia de depósitos clandestinos de mercancías (en El Rachid, El Jazhouani, El Hafed, Tijara, en Khila, Mijik) junto a los depósitos oficiales que se utilizan para almacenar la parte de la ayuda humanitaria que realmente se distribuye. Estos almacenes clandestinos se emplean también para ocultar parte de las mercancías extraídas de los almacenes oficiales a los efectos de luego solicitar a los donantes una asistencia suplementaria.”  
Recordemos que tanto Argelia como el Frente Polisario impiden la visita de funcionarios de la ACNUR –la oficina de Naciones Unidas para los refugiados- y de miembros de la ongs humanitarias que donan ayuda a los campamentos sin previo aviso. Los permisos de visita suelen demandar meses y cuando se permiten son siempre para visitas “monitoreadas”, donde funcionarios del Polisario acompañan a los visitantes por circuitos preestablecidos y se restringe al máximo sus posibilidades de entrevistar libremente a los habitantes o constatar sus reales condiciones de vida.
Los investigadores de la OLAF rastrearon puestos de comercialización ilegal de ayuda humanitaria hasta la ciudad de Nuakchott, capital de Mauritania, distante a 1.500 kilómetros de Orán, la ciudad de Bechar, en Argelia a 800 kilómetros de distancia y otros muchos sitios más incluso en el territorio de Malí.
Los beneficiarios de esta actividad criminal son altos funcionarios, tanto de Argelia como del Frente Polisario.
Tengamos siempre presente que la dirigencia del Polisario no reside en los campamentos de refugiados ni enfrenta las terribles condiciones que allí imperan salvo en ocasionales visitas. Los dirigentes polisarios viven cómodamente en la ciudad de Argel y frecuentemente llevan a cabo diversas misiones internacionales que los mantiene ocupados recorriendo países y asistiendo a eventos internacionales, en Nueva York, Bruselas, etc., donde se presentan como seudo-diplomáticos de un Estado inexistente.
En otros casos explotan el apoyo desinteresado y hasta la ingenuidad de quienes creen apoyar una legítima causa humanitaria para desempeñar el papel de miembros de un “movimiento de liberación” que lucha por su autodeterminación y por los derechos de los dolientes refugiados del Sáhara.
Estos dirigentes no sólo se dan una fastuosa vida en el exterior sino que con el producto de sus robos han adquirido importantes villas y otras valiosas propiedades en el Sur de España y en Canarias.
Lucrativo negocio, que beneficia tanto a argelinos como polisarios, es uno de los importantes factores que impide la solución definitiva del Conflicto del Sáhara.

¿CUÁL ES LA POBLACIÓN DE LOS CAMPAMENTOS?

Para poder malversar volúmenes crecientes de ayuda humanitaria y apropiarse de los fondos que desinteresadamente donan diversas entidades filantrópicas, tanto Argelia como el Frente Polisario deben necesariamente sobredimensionar la población residente en los Campamentos.
Las cifras sobre la cantidad de habitantes que tenían los Campamentos siempre fueron, como dice el Informe de la OLAF, “proporcionadas a las agencias de la ONU por el gobierno argelino, ni Argelia ni el Frente Polisario aceptaron que las instancias internacionales procedieran al censo de la población de los campamentos, a pesar de los llamamientos formales de la Agencia de la ONU para los Refugiados en 1977, 2003 y 2005”. Cabe subrayar, en este mismo sentido, que incluso el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hizo el mismo llamamiento en sus resoluciones número: 1979 (de 2011), 2044 (de 2012), 2099 (de 2013), 2152 (de 2014) y 2218 (de 2015). 
Además de la negativa y los impedimentos puestos por Argelia y el Frente Polisario, una serie de factores se conjugan para dificultar el conocimiento del número real de pobladores, como ser:
-       Se trata de población indocumentada desde los tiempos de la ocupación colonial española, momento en que se realizó un censo muy precario y discutido, y se emitieron algunos documentos de identidad españoles.
-       Son miembros de tribus numerosas asentadas en una amplia zona geográfica que comprende el Sur de Marruecos y Argelia, el Norte de Mauritania, llegando incluso al Noreste de Mali. Es por ello, que Argelia intentó reforzar la población de los Campos con habitantes de Mauritania a los que prometía dinero y ayuda si se trasladaban allí.
-       Los pobladores tienen hábitos ancestrales de trashumancia o se ven forzados a desplazarse continuamente por la región para obtener algún medio de subsistencia.
-       La región se ve afectada continuamente por las consecuencias del cambio climático que producen prolongadas sequías y las consecuentes hambrunas.
Estos factores permiten a Argelia y al Frente Polisario, al mismo tiempo que se oponen a la realización del censo, denunciar una población de 155.000 personas en los Campamentos. Sin embargo, la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF) encargó al Centro de Investigación de Ispra (Italia), dependiente de la Unión Europea, que determinase –mediante fotointerpretación de imágenes satelitales- el real volumen de esa población, al cifra obtenida por el Centro fue de 91.000 personas. Aunque fuentes marroquíes estiman que la cifra real no supera los 60.000 habitantes.
Esto permite a los dirigentes polisarios y argelinos, con la complicidad de la Media Luna Roja Saharauí y la Media Luna Argelina, apropiarse ilegalmente de la ayuda alimentaria destina a alimentar al menos a 64.000 personas inexistentes.
Las instituciones donantes aunque conocen la existencia de esta malversación de la ayuda humanitaria se encuentra ante el dilema de que si recortan sus envíos, como los funcionarios corruptos y las redes de distribución no van a renunciar a sus ganancias, el nivel de la ayuda alimentaria que realmente llega a la población disminuirá aún más. Es por ello, que la ECHO continúa enviando anualmente ayuda humanitaria por valor de diez millones de euros al año.
Desde que se hizo público el lapidario informe de la OLAF, tanto el Frente Polisario como Argelia, han sido incapaces de formular un descargo creíble informando quiénes son los responsables del abominable delito de robar el alimento donado para aliviar las penurias de la población hacinada en míseros campamentos en el desierto del Sáhara. Tampoco han dicho si se castigara a los responsables, ni como se impedirá la repetición de estos lamentables hechos en el futuro.
Si desean poner fin al robo sistemático de la ayuda humanitaria, tanto Argelia como el Frene Polisario, deberían comenzar por abrir los campamentos a los funcionarios de la ACNUR y a los representantes de las Ongs humanitarias que aportan ayuda y fondos a la población.
Luego deberían contribuir a la realización de un censo de población, con supervisión de Naciones Unidas, y la consiguiente entrega de documentos de identidad a los residentes.
Sin la implementación de estas medidas el robo de ayuda humanitaria continuará siendo una práctica habitual que alimentara la riqueza de los funcionarios corruptos expandiendo las actividades del crimen organizado a todo el Magreb y el Sahel.