lunes, 14 de julio de 2014

INSÓLITO DECISIÓN DE LA UNIÓN AFRICANA TENSIONA AL MAGREB


 INSÓLITA DECISIÓN
Una extemporánea decisión de la Unión Africana (UA), adoptada en su XXIIIª Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, realizada en junio pasado en Malabo, Capital de Guinea Ecuatorial, al designar en forma ilegal e inconsulta un “representante especial para el Sáhara Occidental” constituye una grave provocación a Marruecos y una interferencia en el accionar las Naciones Unidas.

La Unión África es un organismo interestatal formado por 54 países africanos. Se creó, el 26 de mayo de 2001, en Adís Abeba, y comenzó a funcionar el 9 de julio de 2002, en Sudáfrica, reemplazando a la Organización para la Unidad Africana. El único estado africano que no forma parte de esta organización regional es Marruecos que se alejó de la misma cuando está, respondiendo a presiones de Argelia, reconoció como estado miembro a la fantasmal República Árabe Saharaui Democráticas –RASD-.

Por lo tanto, la medida adoptada por la UA carece de sentido y precedentes, un organismo regional no puede intervenir en forma unilateral e inconsulta en una controversia entre un Estado que no es miembro y por lo tanto no está sujeto a su jurisdicción y una entidad como la RASD, que aunque ese organismo la asigne la calificación de Estado, carece de los requisitos básicos que el derecho internacional claramente exige para que se pueda hablar de la existencia de un sujeto susceptible de contraer derechos y obligaciones internacionales. Es decir, de la existencia de un Estado.

Por otra parte, ese territorio que la UA denomina como “Sáhara Occidental”, es en realidad una parte constitutiva del territorio nacional marroquí al que el gobierno de Rabat no está dispuesto a renunciar bajo ningún concepto. Lo único que los organismos internacionales pueden discutir sobre ese territorio es el establecimiento de un régimen de autonomía y un mecanismo para el retorno de la población marroquí que Argelia ilegalmente retiene en verdaderos campos de confinamiento dentro de su territorio.

Así lo han entendido los gobiernos de Rusia, China, los EE. UU., el Reino Unido, Francia y España –entre otros- que se han opuesto a recibir en visita oficial al supuesto “representante oficial”.

UNA DECISIÓN A MEDIDA DE ARGELIA
Por otra parte, el elegido para el cargo de “representantes especial” es el cuestionado ex presidente de Mozambique, Joaquim Chissano (1986 – 2005), quien siempre ha sido un reconocido simpatizante del Frente Polisario.

En síntesis, la UA ha generado un nuevo escenario de conflicto en el Norte de África al designar, bajo la influencia de Argelia, Sudáfrica y Nigeria, un “representante especial” conocido por su parcialidad en el diferendo en cuestión. Además, por atentar contra la soberanía territorial de un Estado no miembro interviniendo en una cuestión que hasta el momento se encuentra en manos del Consejo de Seguridad de la ONU, organismo que incluso ha establecido una misión militar –MINURSO- sobre el terreno.

Pareciera que entre los países miembros de la UA no existen otros conflictos que las reclamaciones territoriales que Argelia formula sobre el territorio marroquí bajo la pantalla que le brinda el Frente Polisario, pero todos sabemos no es así.

Esta organización ha fracasado estruendosamente en cuanto conflicto se ha involucrado, no podido terminar con las guerras, los golpes de Estado, las hambrunas periódicas, las migraciones ilegales, el narcotráfico y otras calamidades que asolan al continente africano.

¿Qué puede llevarnos a pensar que la UA encontrará una solución justa y equitativa para la disputa sobre el Sáhara. Especialmente, cuando deja en manos de un hombre como Joaquim Chissano la búsqueda de esa solución.

UNA FIGURA POLÉMICA
Un análisis especial merce la figura de Joaquim Alberto Chissano, el designado “representante especial”. Comenzaremos señalando que se trata de un antiguo guerrillero marxista que presidió Mozambique durante 19 años y se alejó del cargo bajo acusaciones de corrupción y narcotráfico.

Chissano se incorporó en su juventud al prosoviético Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO), el partido marxista leninista que gobierna en este país africano desde la independencia de Portugal en 1974. En sus años de guerrillero, las vinculaciones con el Bloque Socialista lo llevaron a estudiar en la Universidad Patrick Lumumba de Moscú, donde también recibió instrucción militar de los soviéticos.

El 3 de noviembre de 1986 fue nombrado presidente de Mozambique, tras la misteriosa muerte del anterior Jefe de Estado, Samora Machel, en un accidente aéreo en el norte de Sudáfrica. La caída del Muro de Berlín y la pérdida del apoyo económico y militar de la URSS, en 1989, forzaron a Chissano a dar un violento viraje ideológico.

Como afirmaría el escritor italiano Giusseppe Tomassi di Lampedusa, en su libro “Il gatopardo”: todo debía cambiar en Mozambique para que nada cambiara. El FRELIMO abandono el marxismo- leninismo, ingresó a la Internacional Socialista, se acercó a los países de Occidente y se celebraron elecciones libres, que por supuesto ganó Chissano.

Durante sus años como presidente, Mozambique, aplicando su propia versión de las políticas neoliberales del “Consenso de Washington”, se debatió en la pobreza y las frecuentes hambrunas. Mientras que Chissano y su familia eran blanco de acusaciones de corrupción. En el año 2000, su hijo mayor Nyimpine Chissano fue acusado de ordenar el asesinato del periodista Carlos Cardoso que investigaba un fraude de catorce millones de dólares en la privatización del Banco Comercial de Mozambique, la mayor institución financiera del país. Aunque se detuvo al asesino material la investigación penal contra Nyimpine como autor intelectual del crimen no prosperó por la intervención de su padre.

Otro aspecto entre pintoresco y preocupante de Joaquim Chissano es su adhesión fanática hacia el orientalismo de la Secta de Meditación Trascendental y su imposición a los militares y funcionarios públicos de la obligatoriedad de practicar la técnica de “vuelo yóguico”. Menos simpático es el hecho de que Chissano entregó a esta secta la propiedad de 20.000.000 de hectáreas, un cuarto de la superficie de Mozambique para que este grupo religioso lleve a cabo un emprendimiento denominado “Proyecto de Desarrollo Cielo en la Tierra”.    

Pero, el mayor cuestionamiento que existe sobre la figura de Chissano es su vinculación con las redes de narcotráfico en el África Subsahariana.

En junio de 2010, gracias a las revelaciones de Julián Assange en Wikileaks, que fueron reproducidas por el diario francés “Le Monde”, se conoció que el Encargado de Negocios de la Embajada de los EE. UU. en Maputo, Todd Chapman informó a Washington que el presidente Armando Guebuza y el ex presidente Joaquím Chissano estaban involucrado en la protección de las redes de narcotráfico que atraviesan Mozambique.

Este país se ha convertido en un importante centro para el narcotráfico en África. La cocaína llega a Mozambique procedente de Brasil directamente por vía aérea a Maputo. En tanto que el hachís, el mandrax y la heroína arriban por rutas marítimas procedentes de Pakistán, Afganistán e India. Las drogas una vez en territorio mozambiqueño abastecen el mercado sudafricano y toman rumbo a Europa.

Según las autoridades americanas, el narcotráfico está en manos de dos ciudadanos mozambiqueños de origen asiático. Por un lado, Mohamed Bashir Suleiman, que cuenta con una organización bien financiada y coordinada, de tráfico y lavado de dinero, centrada en el conglomerado empresarial familiar denominado MBS.

El segundo barón del narcotráfico en Mozambique es Ghulam Rassul Moti, que dirige el contrabando de hachís y heroína en la provincia de Nampula, en el norte de Mozambique, desde 1993.

Tanto Moti como Suleiman montaron sus organizaciones durante el gobierno de Chissano contando con su protección. En contrapartida los narcotraficantes financiaron las campañas presidenciales de Chissano, aportaron fondos al FRELIMO y corrompieron a los principales funcionarios públicos que obstaculizaban sus negocios.

Este es el personaje que la Unión Africana eligió como “representante especial para el Sáhara Occidental”, un ex marxista convertido en “demócrata liberal”, que no sólo adhiere a extrañas sectas religiosas sino al que el gobierno de los Estados Unidos considera como un protector de las redes de narcotráfico y lavado de dinero que operan en el sur de continente. Si no fuera demasiado trágico hasta resultaría cómico.