domingo, 29 de junio de 2014

CUANDO LOS NIÑOS SE CONVIERTEN EN UN INSTRUMENTO DE PROPAGANDA


 
LAS GUERRAS DE INFORMACIÓN

Mao Zedong, uno de los estrategas más brillantes que ha tenido la guerra de guerrillas, solía insistir a sus tropas que el verdadero combate era político y se libraba en la mente del enemigo y no en el campo de batalla. Mao estaba anticipando que las guerras del futuro se librarían a través de campañas de propaganda y desinformación.

En la otra punta del espectro ideológico, Adolfo Hitler sostenía algo parecido, cuando escribía en Mein Kampf que: “La propaganda opera sobre el público en general desde el punto de vista de una idea y los prepara para la victoria de esta idea”.

En la actualidad la política internacional alberga algunos conflictos larvados en donde se tejen toda suerte de intrigas y donde se desarrollan arteras de campañas de acción psicológicas destinadas a influir en la opinión pública. Pero es particularmente irritante cuando esas operaciones de propaganda involucran a niños necesitados y explotan los sentimientos altruistas y la buena fe de las personas.

Este es el caso del llamado “Programa vacaciones en paz” que todos los años,  al llegar el verano, lleva a un nutrido contingente de varios miles de niños marroquíes provenientes de los campamentos argelinos de Tinduf a pasar una estadía con familias españolas.

El Programa es implementado, desde la década de los noventa, por el Frente Polisario, el movimiento que controla los campos de secuestrados marroquíes, y un conjunto de ONG españolas. Formalmente, el propósito de dicho programa es que algunos niños provenientes de los duros campos establecidos en la hamada argelina puedan escapar a los rigores del verano sahariano, conozcan la cultura y la lengua española y reciban atención médica en la Península.

Los niños llegan a España acompañados, vaya uno a saber porque, por un par de centenares de dirigentes polisarios en calidad de “monitores”. Nadie conoce con certeza para que son necesarios estos “monitores”, que funciones cumplen, donde se alojan y quien solventa económicamente sus “vacaciones” en la Península.

En la práctica la presencia de los niños es explotada por los dirigentes del Polisario para involucrarlos a ellos y a sus “padres” de acogida en actividades de propaganda en favor de su movimiento.

LOS NIÑOS EN EL TOTALITARISMO

La verdad es que los regímenes totalitarios de partido único, similares al que impera, desde hace décadas, en el seudo estado de la  República Árabe Saharaui Democrática, como denomina el Polisario al conjunto de precarios campamentos que ha instalado en los territorios cedidos por Argelia, se suelen adoctrinar a los niños desde la más tierna edad.

Los precursores en este tipo de manipulación política fueron los bolcheviques que, en 1918, a menos de un año del triunfo de la Revolución de Octubre crearon lo que después sería el “Komsomol”, apocope de “Kommunoisticheski Soyuz Molodiozhi”, que junto a los “Pioneros de Octubre” eran organizaciones del PCUS para el adoctrinamiento de los niños soviéticos. En Cuba, el mismo papel lo cumple hoy en día la “Organización de Pioneros José Martí” y hasta la República Socialista de Vietnam cuenta con su propia organización de “pioneros” para encuadrar políticamente a la juventud vietnamita desde la infancia.

También en los regímenes fascistas se apeló a estos mecanismos de adoctrinamiento. Benito Mussolini, en Italia, creó, en 1926, la Opera Nazionale Balilla[i] a la que debían ingresar obligatoriamente todos los niños y niñas italianos entre los 4 y 18 años de edad. Algo similar sucedió en Alemania con la Juventud Hitleriana y la Liga de Jóvenes Alemanas creadas para adoctrinar en el nazismo y el culto a Hitler a los niños alemanes entre 10 y 18 años.

Como los tiempos han cambiado, los dirigentes polisarios no insisten tanto en el adoctrinamiento, aunque quienes hemos visto su documental de propaganda “Los hijos de las nubes”, recordamos su patético final donde tres jóvenes de los campos de Tinduf juran con fanatismo ofrecer su vida en pos de lo que llaman su “causa”.  Lo que resulta indudable es que los dirigentes del Polisario emplean a los niños de su pueblo, desde la más tierna edad, con propósitos de agitación y propaganda e involucran en estas actividades a las familias españolas que creen de buena fe estar participando en una tarea humanitaria.

Nadie sabe con exactitud que mecanismo utilizan los funcionarios para establecer que niños se hacen acreedores al “premio” de unas vacaciones en España, ni que mecanismo se emplea para determinar cuáles familias españolas son adecuadas para recibir a estos niños. Mucho menos se conoce si existen mecanismos de seguimiento sobre las condiciones de estadía de los menores, su adaptación al nuevo ambiente, los controles sanitarios que se realizan, etc. Todo el proceso es manejado en forma reservada por funcionarios del Polisario.

En algunos casos, la presencia de los niños marroquíes secuestrados ha servido para determinar las inhumanas condiciones de vida en los campamentos de Tinduf donde los dirigentes polisarios insisten en retener a la población marroquí. A muchos de los niños los médicos españoles le detectan cuadros de anemia crónica, enfermedades intestinales producto del consumo de agua y alimentos contaminados y otras patologías.

Incluso se ha constado la existencia de casos de esclavitud en esos campamentos, como el protagonizado por una niña mauritana, Saltana, hecha pasar por marroquí por su propietaria saharaui. La niña arribó a España, en 2002, como parte del programa “Vacaciones en paz” y fue asignada al matrimonio formado por Rosa Marìa Sánchez y Gregorio Martínez. Los padres de acogida no solo detectaron que la niña padecía de una enfermedad hepática sino también que era retenida en condiciones de esclavitud en Tinduf, por lo cual la justicia española decidió mantenerla en la Península para su protección. El caso del Saltana inspiró a la escritora española Reyes Monforte a escribir su célebre novela “Besos de Arena”.

Son muchos los casos en que los funcionarios del Polisario aprovechan su influencia para solicitar contribuciones económicas a los padres españoles de acogida a los efectos de enviar el año próximo el mismo niño a sus hogares, en otros casos se les pide que firmen solitudes en favor del Frente Polisario o que realicen otras actividades de apoyo a sus reclamos.     

Con frecuencia los mismos niños que pasan sus vacaciones en España y sus padres de acogida son obligados a participar en actos proselitistas y de recolección de fondos. Porque esta es otra de las facetas que presenta el “Programa Vacaciones en Paz”, mantener siempre presente ante la opinión pública local la responsabilidad que tiene España en el tema de los exiliados marroquíes en Argelia.

El Frente Polisario obtiene grandes donaciones de gobiernos, ayuntamientos, asociaciones y ONG españolas, tan sólo el Gobierno de Canarias dona dos millones de euros al año, además de ayuda material: alimentos, medicamentos, vehículos usados y materiales diversos. Toda esta ayuda económica es administrada por el Polisario en forma discrecional sin rendir cuenta a ninguna institución internacional.

Qué mejor para motivar los sentimientos de culpa de los españoles de seguir financiando las aventuras del Polisario que exhibir a un conjunto de niños carenciados y enfermos. A quien le importa si los niños disfrutan de estas “vacaciones” o no. En muchos casos se trata de niños muy pequeños que, aunque reciban afecto y atenciones de quienes los hospedan, extrañan sus hogares, a sus padres, sus costumbres y hasta su religión.

Además se encuentran librados a su suerte en un país extraño, si tienen algún inconveniente en el hogar de acogida, en el mejor de los casos solo pueden recurrir al representante regional del Polisario, un funcionario solo preocupado por preservar la buena imagen del Programa evitando que transciendan sus aspectos negativos.

Tampoco nadie se ha preocupado seriamente sobre el impacto psicológico que sufren los menores. Primero el desarraigo de sus hogares y de su ambiente. Luego el efecto que les provoca el tener que retornar a la miseria de su campamento en medio de un desierto de arena y piedra después de haber probado las delicias de la vida en una sociedad opulenta de Europa. A partir de su regreso a Tinduf, esos niños estarán seguros de una cosa: el paraíso existe pero no es para ellos…

En realidad, lo más sorprendente e indignante de todo esto, es la tolerancia con que los sucesivos gobiernos españoles han soportado –e incluso alentado- estas infames prácticas enmascaradas de gesto humanitario por parte del Frente Polisario.

 



[i] BALILLA: Era el apodo de Giovanni Battista Perasso, un niño genovés que, según la leyenda local, inició la revuelta de 1746 de los italianos contra las fuerzas de los Habsburgo que ocupaban su ciudad durante la Guerra se Sucesión de Austria (1740 – 1748), arrojando una piedra contra los ocupantes.