lunes, 5 de mayo de 2014

EL JEFE DE CAMPAÑA DE LA OPOSICIÓN

CAMBIOS EN BALCARCE 50

En escaso diecinueve meses un nuevo presidente estará instalándose en la Casa Rosada. Una nueva Primera Dama comenzará a redecorar las habitaciones de la Residencia Presidencial de Olivos. Con un poco de suerte los argentinos podrán descansar de los vespertinos discursos presidenciales por la cadena nacional detallando los efectos constipatorios del arroz, por ejemplo, o los soliloquios del Jefe de Gabinete, “Coquí” Capitanich negando las afirmaciones de algunos de sus ministros o, viceversa, afirmando lo que estos habían negado. Antes de concluir el 2015 el “modelo” y sus artífices pasaran a ser parte del “relato” y este comenzará a ser olvidado.
Por ahora, la gran incógnita consiste en determinar quién será el nuevo ocupante de Balcarce 50. A medida que transcurren los meses y arrecia la guerra de encuestas y las especulaciones, el escenario electoral del 2015 parece adquirir un perfil similar al que se conformó durante las elecciones presidenciales del año 2003.

ALGO SIMILAR AL 2003
Si no surgen imponderables de último momento, como la aparición de un postulante netamente kirchnerista apoyado abiertamente por la Presidente o una candidatura de último momento de Marcelo Tinelli, la oferta comicial se concentrará entre cuatro candidatos muy parejos en las preferencias del electorado.

Tal como aconteció en el año 2003 cuando Carlos Menem, Néstor Kirchner, Ricardo López Murphy, Adolfo Rodríguez Saá y Elisa Carrió se repartieron en forma bastante equitativa el 91,22% de los sufragios. Conformando un escenario donde ningún candidato alcanzó el 25% , ni descendió del 14%, de los votos emitidos.
De producirse un escenario similar, forzaría por primera vez la realización de una segunda ronda electoral. La primera vuelta electoral, se transformaría en una competencia por situarse entre los dos más votados. Luego, los dos candidatos mejor situados ingresarían en una contienda final donde, en un mano a mano, se definiría el nuevo presidente.

Siguiendo con este razonamiento, los candidatos peronistas: Daniel Scioli y Sergio Massa se adjudicarían en conjunto un caudal cercano al 60% de los votos.
El centro izquierda –que hoy sumaría el 14% que en aquella oportunidad obtuvo Elisa Carrió a los votos logrados por Leopoldo Moreau (2,34%) y Patricia Walsh (1,72%). De este modo una fórmula integrada por alguno de los candidatos del FAU: Hermes Binner, Julio Cobos, Ernesto Sanz o Fernando “Pino” Solanas, podría situarse levemente por encima del 20% de las preferencias electorales.

El centro derecha representado actualmente –pese a todas sus negativas- por el ingeniero Mauricio Macri, muy probablemente supere la performance lograda, hace una década, por Ricardo Lópz Murphy (16,37%) y alcance un expectante 20% de los votos.
LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL

Cualquier variante en este esquema supondría la realización de una segunda vuelta entre dos candidatos peronistas, un candidato peronista y otro proveniente del centro izquierda o entre un peronista y un representante de la centro derecha. Escoja el lector la variante que más prefiera.
Ninguna de estas combinaciones tiene mayor relevancia porque en todos los casos en la segunda ronda electoral el voto se decidirá por la antinomia kirchnerismo versus antikirchnerismo.

Al margen de las alianzas entre dirigentes que se proclamen después de la primera vuelta, el electorado en forma independiente, según su posición política, elegirá al candidato que considere más kirchnerista o al que estime más antikirchnerista.
LA GRIETA SOCIAL

No olvidemos que, tal como los bautizara Jorge Lanatta, estos son “los años de la grieta” donde la sociedad argentina –tal como había ocurrido en la década de 1950- se encuentra escindida en dos sectores antagónicos.
El antagonismo crece a medida que el gobierno insiste en la aplicación de políticas erradas que descargan el peso de la crisis económica sobre los sectores medios. El kirchnerismo podrá retener en gran parte el voto de los sectores marginales que se han beneficiado con el clientelismo feroz de la Década Ganada. Pero, el voto de estos sectores, pese a la expansión alarmante de la pobreza y la marginalidad en los últimos años, probablemente no sea suficiente para garantizar la continuidad del “modelo” más allá del 2015.

Especialmente porque el mejor jefe de campaña que tiene la oposición es precisamente Cristina Kirchner. La Presidente aporta votos a la oposición con cada discurso en tono de superioridad moral que descarga con impunidad en forma despectiva sobre las forzadas audiencias de la “Cadena Nacional de Radiodifusión”, cuando insiste en sostener a funcionarios desgastados por la mala gestión y sospechados de graves hechos de corrupción, cuando permite que los derechos humanos se instrumenten para la revancha o sirvan de escusa a algún turbio negocio inmobiliario, y finalmente, cuando insiste en cerrar filas con un círculo íntimo de obsecuentes de incondicional obediencia pero de escasas ideas.
En conclusión, cuanto menos cambie el Gobierno y más insista en profundizar el modelo, más posibilidades tendrá la oposición de alcanzar el sillón de Rivadavia, en el 2015, y el país de disfrutar una tregua.