jueves, 2 de enero de 2014

LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ


LA POLÍTICA DEL AVESTRUZ

Por el Dr. Adalberto C. Agozino

El último mes de año 2013 ha sido difícil de sobrellevar para los atribulados argentinos. Recordemos que se inició con las huelgas policiales y los saqueos que asolaron a las principales ciudades del centro y norte del país. Luego llegaron las elevadas temperaturas, que al aumentar bruscamente el consumo, desnudaron las falencias del sistema de provisión eléctrica dejando sin luz ni agua a 1.800.000 usuarios de la Capital Federal y el conurbano bonaerense.

Todo ello en medio de un panorama de bolsillos flacos por efecto de la inflación en ascenso que, tan sólo en este, mes sumó un incremento del más del 4% en general y más del 6% en el rubro alimentación.

A ello se agregó un balance anual por demás desalentador. La Argentina alcanzó en el año pasado una inflación del 30%. Este indicador, la situó segunda en el continente americano, siendo sólo superada por Venezuela con el 56%. Mientras tanto, las reservas monetarias disminuyeron en 2013 unos 13.000 millones de dólares y quebraron  la barrera de menos de 30.000 millones de esa moneda. El dólar oficial sufrió una depreciación anual del 32%. Se incrementó el costo del transporte público en la ciudad y la provincia de Bs. As., entre un 66 y 150%.

El espiral inflacionario se aceleró debido a los abultados incrementos otorgados al personal de las policías provinciales, después de las salvajes huelgas de comienzos de mes. Otros gremios –en especial los estatales y docentes- reclaman reajustes similares. Creando el círculo vicioso que todos los argentinos de más de 50 años recuerdan tristemente. Es de esperar que hacia el fin del verano, con el inicio de las clases, la puja salarial se tornara aún más intensa y conflictiva.

Es lógico que esta combinación de factores terminara por alterar el humor social de los argentinos llevándolos a la crispación. Especialmente porque desde el gobierno se sigue apelando a la “política del avestruz”, es decir, ocultar la cabeza y esperar que la tormenta pase.

En los últimos cien días, la Presidente sólo se ha dirigido al pueblo en dos ocasiones. En la primera para presentar a su perrito Simón y en la segunda para desmentir una posible e inconstitucional tercera candidatura presidencial. El silencio de Cristina Kirchner llegó incluso a omitir el tradicional saludo navideño que todos los presidentes dirigen a su pueblo al llegar las festividades de fin de año.

Esta ha sido también la política aplicada por el gobierno de Fernández de Kirchner en cada crisis: silencio e inactividad gubernamental esperando que amaine la tormenta o milagrosamente surja algún hecho que modifique favorablemente el clima social.

Tal vez, este hecho sea una cruel e inesperada tragedia personal que conmocione y despierte la empatía del pueblo con su doliente gobernante. Quizá que un argentino sea elegido algo así como Papa o surja algún otro contratiempo en la salud presidencial que desvíe la atención del público. Hoy, la esperanza de un sector del gobierno gira en torno a la llegada del Mundial de Futbol, donde la expectativa popular estará centrada en la posibilidad de que el Seleccionado Nacional obtenga la copa o al menos se mantenga jugando la mayor parte del campeonato, para desviar la atención de la población de los problemas más urgentes del país.

Todo parecer servir a los artífices del relato para ganar un poco más de tiempo, aguardar a que el paso de los meses mejore la imagen presidencia en las encuestas de opinión para que el gobierno pueda transitar su viacrucis final con los menores sufrimientos posibles.

Diariamente, el gobierno de Cristina Fernández ve como la acumulación de errores y la inoperancia de sus funcionarios erosiona su legitimidad. No la de origen. Porque nada ni nadie cuestiona el 54% de los votos que hace dos años consagraron a Cristina como presidente de los argentinos por un nuevo período. Sino la otra parte que constituye la auténtica legitimidad de un gobierno. La legitimidad de ejercicio, es decir, la idoneidad y eficacia en la gestión exitosa de los asuntos públicos, que consolida la gobernabilidad de cualquier administración.

En este sentido, el segundo mandato de la presidente tiene poco que ofrecer. Desde el año 2006, el gobierno kichnerista ha gastado 600.200 millones de pesos en subsidios. Entre ellos 28.000 millones de pesos anuales en subsidios al transporte que no fueron suficientes para evitar la tragedia de la estación de Once y el accidente de la estación de Castelar, ambas del ferrocarril Sarmiento. Ni los 77.000 millones de pesos invertidos todos los años en el sector energético que no fueron suficientes para asegurar que los porteños transitaran la última Navidad en paz con agua y luz eléctrica. Por otra parte, desde el año 2000, el tamaño del Estado que era del 26,5% del PBI se incrementó hasta alcanzar su actual 42,5% del PBI. El kirchnerismo gobernó durante gran parte de este período.

Además del cepo al dólar y de los escándalos de corrupción, que afectan al Vicepresidente de la Nación y los oscuros vínculos financieros entre la Presidente y el empresario Lázaro Báez, el país atraviesa un aislamiento internacional que es un hecho inédito para un gobierno constitucional de la Argentina. Por último, pero no menos importante, cabe mencionar el amordazamiento y la persecución política y fiscal a cualquier expresión de periodismo independiente.

Todo ello es suficiente para que la “década ganada” se torne poco creíble para la mayoría de los argentinos. La pérdida constante de legitimidad de ejercicio orada a ritmo creciente la gobernabilidad del actual gobierno. Algunos sectores de la oposición han percibido esta situación y se aprestan a aprovecharla. Eso explica el incremento de las reuniones y los rápidos acuerdos electorales a que han llegado algunos dirigentes hasta hace poco enfrentados.

Aunque nadie se atreve a “mencionar la soga en la casa del ahorcado”, ciertos sectores políticos –tanto oficialistas como opositores- se aprestan para enfrentar cualquier eventual adelantamiento de los comicios presidenciales del 2015. Para el caso de que la salud presidencial o la salud del país así lo requiera.