sábado, 15 de septiembre de 2012

EL 17 DE OCTUBRE DE LA CLASE MEDIA


                 Aunque a alguno le cueste aceptarlo, el 13 de septiembre de 2012 la Argentina ha vivido un nuevo 17 de octubre. Nuevamente, una manifestación espontánea, sin apoyo de los medios de comunicación tradicionales, ni la participación de políticos profesionales, conmueve las bases de la sociedad argentina anunciando cambios trascendentes.

                Sin discutir las cifras de la movilización, podríamos considerar que lo ocurrido ayer fue aún más trascendente que el hecho fundacional del peronismo. Veamos algunas diferencias: la movilización del 17 de octubre de 1945 se produjo únicamente en la ciudad de Buenos Aires, ayer la protesta se extendió a las principales ciudades del país. En 1945 se reclamaba por una persona ayer se pedía el respeto a la constitución, a las leyes y a las instituciones republicanas. En 1945 se produjeron algunos incidentes que derivaron en la muerte de Darwin Passaponti, un militante de tan sólo 17 años de la Alianza Libertadora Nacionalista. El 13/9 la movilización fue absolutamente pacífica y civilizada, al punto tal que los manifestantes evitaron pisar el césped de la Plaza de Mayo. El 17 de octubre de 1945 se movilizó la clase obrera asalariada en defensa de sus “conquistas sociales”; el 13 de septiembre del 2012 se movilizó la clase media urbana para reclamar una auténtica democracia respetuosa de las reglas del gobierno republicano.

                Aunque los reclamos individuales abarcaban un amplio espectro (desde la relección indefinida de la presidente, al “cepo cambiario” pasando por la corrupción gubernamental, la impunidad, la soberbia y el acoso fiscal como instrumento de “disciplinamiento” político, sin olvidar la inseguridad y la alta inflación) la movilización social fue un claro pronunciamiento contra el modelo clientelístico - autoritario populista basado en el apoyo electoral de los sectores marginales.

                Como ocurrió en 1945, el gobierno ha tratado de ignorar o minimizar la importancia de la movilización ciudadana: Pero lo cierto es que un importante sector de la sociedad ha roto con su inercia y demanda un cambio, tanto de personas como de métodos de gestión.

                A diferencia de las movilizaciones del año 2008 contra la Resolución N° 125, ya no es un sector económico quien sale a la calle para reclamar el cese de alguna medida gubernamental que lo afecta. Ahora son vastos sectores sociales que expresan su disconformidad con el proyecto que el gobierno intenta imponer. El kirchenerismo no debe llamarse a engaño. El 54% que voto a Cristina Kirchner no le entregó un cheque en blanco para que “vaya por todo”.

                La demanda de cambios también llega a los sectores de la oposición que hasta el momento no han sabido estructurar una propuesta alternativa a la del oficialismo y a un conjunto de dirigentes opositores más preocupados por como quedar bien con el gobierno que en expresar claramente sus aspiraciones de poder, de cambio y de proponer un país distinto. Porque bueno es reiterarlo, hoy claramente un sector de la sociedad argentina quiere un país distinto del “modelo” que intenta imponer autoritariamente el kirchenerismo.

                Siempre que surge un nuevo movimiento social busca sus propios dirigentes. Si los actuales líderes opositores carecen de la audacia y percepción política necesaria para conducir este movimiento, pronto surgirán de los lugares más inesperados otras figuras para conducir el movimiento, vendrán de redes y organizaciones sociales, partidos hasta ahora minoritarios, sindicatos o de cualquier otro sector de la sociedad, pero este colectivo no continuará acéfalo por demasiado tiempo.

                La movilización de ayer ha dejado una clara agenda para la clase política. Esa agenda podría sintetizarse en las siguientes consignas:

·         Respeto por la Constitución Nacional y por el correcto funcionamiento de las instituciones republicanas.

·         Evitar la reelección indefinida de Cristina Kirchner.

·         Terminar con la corrupción y la soberbia de los funcionarios.

·         Evitar todo intento de cercenar las libertades individuales.

·         Superar el miedo y la intimidación gubernamental.

·         Por el fin de la manipulación y la distorsión de la realidad para convertirla en “el relato”.

·         Detener la inseguridad y el avance del delito.

·         Por el deterioro económico: inflación creciente, el déficit fiscal, la recesión, el aumento del desempleo, el “cepo cambiario” y el acoso fiscal.

 

        Si el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner insiste en ignorar estos reclamos e intenta profundizar su proyecto con el “vamos por todo”, lo único que logrará será incrementar la conflictividad hasta poner en peligro la gobernabilidad del país.

 

        El desafió para estos “indignados” argentinos es dar continuidad a su movimiento. Algunas de estas expresiones de protesta suelen ser esporádicas y difícilmente se transforman en un movimiento político perdurable en el tiempo y capaz de producir cambios profundos y duraderos. Los meses siguientes dirán cual es el alcance del descontento de un importante sector de la ciudadanía con el gobierno nacional y si este malestar es suficiente para generar el cambio de hombres e ideas que demandan quienes así se han expresado en la noche del 13/9.

 

        La señora Presidente, por su parte, debe analizar detenidamente lo ocurrido durante la llamada “Primavera Árabe”, atender los reclamos de la ciudadanía y cambiar el rumbo de su gobierno y buscar acercar posiciones con los sectores de la ciudadanía que rechazan la actual situación. En este sentido el mejor gesto que puede hacer Cristina Fernández es anunciar claramente que no aspira a una nueva relección ni a cambiar las reglas del juego constitucional. Por supuesto, que para ello debería demostrar capacidades de estadista, algo que hasta ahora no ha evidenciado.