martes, 8 de mayo de 2012

EL IMPACTO DE LOS PROCOS MIGRATORIOS EN LA SEGURIDAD INTERNACIONAL


IMPACTO DE LOS PROCESOS MIGRATORIOS EN LA SEGURIDAD INTERNACIONAL

Por el Dr. Adalberto C. Agozino

NOTA: El presente trabajo se publicó en francés e en la revista Cahiers de la Securite, Nº 17 y 18, Septiembre - Diciembre 2011, ps. 22 a 32.

RESUMEN DEL TRABAJO
Las migraciones internacionales son procesos complejos que involucran a novecientos cuarenta millones de personas en todo el mundo. Anualmente ciento noventa millones de personas emigran en forma ilegal. De ellas más de cuatro millones de seres humanos terminan siendo víctimas de las organizaciones criminales dedicadas al tráfico y la trata de personas. Lejos de tender a atemperarse los flujos migratorios se han acentuado debido a la crisis económica internacional y los crecientes problemas alimentarios, en amplias regiones del Tercer Mundo.
Entre los factores que han contribuido a generar esta situación deben señalarse los siguientes: El cambio de paradigma en la interpretación del rol desempeñado por el inmigrante, la criminalización del fenómeno migratorio, la inversión del flujo migratorio. El desarrollo de una cultura de la segregación. El levantamiento de barreras fronterizas y la militarización del problema migratorio, el mejoramiento en los sistemas de transporte y comunicaciones y por último la modificación de los criterios para el otorgamiento de la ciudadanía.
Palabras claves: migraciones, inmigrantes, trata de personas, tráfico de personas, seguridad internacional, discriminación, xenofobia, fronteras fortificadas, ciudadanía, discriminación, racismo.

  1. ¿A qué llamamos migración?

Durante los cien mil años que el homo sapiens habita el planeta ha estado en continuo movimiento. Grupos de hombres han estado desplazándose, de una zona a otra, de una región a otra, de un continente a otro. Así a través de la historia. En esa forma el hombre fue ocupando los diversos escenarios geográficos.

No todos los desplazamientos presentaron las mismas características. Los traslados de población suelen diferenciarse, entre otras causas, por su duración y por las motivaciones que los originaron. Así encontramos incursiones, invasiones, migraciones, flujos turísticos, etc.

Los desplazamientos humanos que implican un cambio permanente de residencia y la suspensión de las actividades laborales en un lugar para reorganizarlos y reanudarlos en otro, reciben la denominación de migraciones. [Weeks: 1984: 61]

Usualmente, al clasificar a las migraciones suele distinguirse entre traslados forzados y traslados voluntarios. Cuando los hombres deben abandonar sus hogares para salvar la vida –debido a guerras, persecuciones políticas, raciales o religiosas, epidemias, hambre, etc.- la migración se considera forzada. Por el contrario, se denominan como voluntarias o económicas aquellas migraciones motivadas por la búsqueda de progreso económico, mayores oportunidades de desarrollo profesional y/o una mejor calidad de vida.

Según otra interpretación, la búsqueda de empleo, de condiciones laborales y salario digno constituyen también una suerte de traslado forzado. Considera que nadie enfrenta los costos y riesgos de emigrar si puede evitarlo. La mayoría de la gente prefiere permanecer donde están sus afectos.

En un mundo donde 1.020 millones de personas, según la FAO, sufren hambre no puede sorprender que muchos seres humanos pongan en riesgo su vida o se conviertan virtualmente en “esclavos” para escapar a destino de pobreza y hambre. [La Nación: 21/06/09]

En base a esta interpretación, el carácter voluntario de una migración debería aplicarse en forma más restringida para hacer referencia a cierto tipo de traslados. Por ejemplo, a las migraciones de talento. Tal el caso del empleado de una empresa transnacional que es trasladado a una filial de la firma en el extranjero. Algo similar podría decirse de los diplomáticos, personal militar o funcionarios de organismos internacionales.

También debería considerarse como migración voluntaria el traslado de personas de la “tercera edad”, en situación de pensión, que cambian su residencia en búsqueda de climas más benignos, mejores servicios hoteleros y sanitarios, o aprovechan las diferencias cambiarias para lograr un mejor rendimiento de sus ingresos.

Todos estos aspectos, reflejan que bajo la denominación de “migración” hoy se engloba a un fenómeno social complejo. Por ello, toda generalización puede ser errónea.

  1. Más gente en movimiento

            Entre 1820 y 1924, más de cincuenta y cinco millones de europeos fueron registrados atravesando el Atlántico hacia destinos americanos. [Devoto: 2009: 45] A priori, puede parecer una cifra muy elevada. Pero no lo es tanto si se la compara, por ejemplo, con el dato suministrado por el ACNUR, en su Informe 2009. Unos cuarenta y dos millones de personas en todo el mundo han debido dejar sus hogares a causa de guerra, conflictos internos y otras formas de violencia y han pasado a ser refugiados. Es decir, migrantes forzados, que en un ochenta por ciento se encuentran en países del Tercer Mundo.

            A ellos podríamos sumar los dos millones ochocientos mil estudiantes universitarios que, según la UNESCO, se encuentran matriculados en institutos de enseñanza superior fuera de sus países de origen. Una cifra que se incrementó en un cincuenta y tres por ciento en los últimos diez años.

Consideradas estas cifras no parece excesiva la estimación de que más de novecientos cincuenta millones de personas se encuentran en movimiento anualmente sobre el planeta. De ellos, según la Organización Internacional de las Migraciones, hay ciento noventa y un  millones de personas trashumantes, emigrantes legales e ilegales –voluntarios o forzados-, nómades que deambulan por el planeta buscando mejores destinos y se instalan, en forma provisional, en algún Estado distinto del cual vieron la luz por primera vez. [Noble: 2001: 1] La mayoría son hombres en edad laboral (54%), aunque el número de mujeres se está incrementando.

¿Por qué hay más gente que emigra? La respuesta es sencilla: porque somos más. El hombre demoró unos 100.000 años en alcanza la cifra de 1.000 millones de personas hacia el 1800. Pero, un siglo más tarde, es decir, en el 1900 había alcanzado el monto de 1.600 de individuos. Hoy, superamos los 7.000 millones de personas y la humanidad continúa en expansión acelerada. [Sartori y Mazzoleni: 2003: 19]

Por lo tanto, si comparamos que mientras transitábamos el incremento de 1.000 a 1.600 millones de personas, 55 millones se trasladaron de Europa rumbo a América. Ahora que rondamos los 7.000 millones de personas resulta lógico que los flujos migratorios se incrementen proporcionalmente o aún más. Especialmente, si consideramos que de los 55 millones que dejaron Europa entre 1820 y 1924, 20 millones lo hicieron tan sólo entre 1901 y 1909.

Además del incremento cuantitativo de los flujos migratorio se han operado en el escenario global algunos cambios que han transformado a las migraciones en una delicada cuestión que afecta a la seguridad internacional en su conjunto. Entre otras pueden citarse los siguientes.

1.- Cambio en el paradigma en la interpretación del rol desempeñado por el inmigrante.
2.- Criminalización del fenómeno migratorio.
3.- Inversión del flujo migratorio.
4.- Aparición de una cultura de la segregación
4.- Levantamiento de barreras fronterizas.
5.- Mejoramiento en los sistemas de transporte y comunicaciones.
6.- Modificación de los criterios para el otorgamiento de la ciudadanía.

  1. Cambios en el escenario migratorio

            Desde los tiempos de la “Doble Revolución” –Revolución Industrial (1750) y Revolución Liberal (1776) la inmigracióin ha estado asociada con las características de “europeo”, “trabajador”, “con cierta privación de medios” e implícitamente “agricultor”. [Devoto: 2009: 31] Así lo reflejan diversos instrumentos internacionales de la época. En la Conferencia Internacional de Roma, en 1924, en la que se intentó establecer una política migratoria común, se propuso una definición de migrante muy exclusiva. La definición comprendía a todo aquel que viajaba para reunirse con parientes emigrados con esa intención. Se incluía además la voluntad de residencia permanente. En cambio, si la persona se trasladaba para buscar trabajo pero sólo en forma temporaria, se lo consideraba trabajador y no emigrante. Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo propuso, en 1932, considerar “emigrante”, simplemente a toda aquella persona que cambiaba de residencia –y de país- por lo menos durante un año. [Devoto: 2009: 36]

            Así el inmigrante era considerado como un elemento valioso ligado al trabajo pero también al progreso. La inmigración aumentó en forma desmedida la población de la Argentina en sesenta por ciento entre 1870 y 1910, y su fuerza de trabajo en un ochenta y seis por ciento. La población de Canadá aumentó un treinta y dos por ciento debido a la inmigración y su fuerza de trabajo, un cuarenta y cuatro por ciento en el mismo período. En los Estados Unidos, con una base de población más numerosa, el aumento proporcional fue menor pero todavía sustancial: el diecisiete por ciento de la población y el 24% de la fuerza de trabajo.[1]  

En ese momento histórico la inmigración era apreciada y estimulada. Tanto por los estados emisores que aliviaban sus problemas de desocupación y de mayor demanda de infraestructura debido al acelerado incremento poblacional. Como por los países receptores, escasos de población y por ende necesitados de mano de obra. En general, se valoraban los hábitos de trabajo y ahorro de los recién llegados. Los Estados nos sólo recibían gustosos a los inmigrantes sino que rivalizaban para captarlos. Los gobiernos solían apelar a comisiones y agentes reclutadores en Europa, pasajes y alojamiento gratuito y hasta la entrega de tierras a los recién llegados.

Las dos guerras mundiales gradualmente cambiaron el panorama. Por un lado, la gran mortalidad de la guerra redujo la población europea en edad laboral. Por el otro, pareció el concepto de “refugiado”, un inmigrante, en muchos casos sin “valor económico”, pero al que se debía acoger y asistir por razones humanitarias. Es decir, un inmigrante aceptado pero no deseado. Un inmigrante que dejaba de ser un símbolo de progreso para convertirse en una carga para la sociedad receptora. Paralelamente, comenzó el proceso de descolonización y la población de los nacientes países del Tercer Mundo comenzó a incrementarse gracias a los avances en la medicina, en la alimentación y la urbanización.[ONU: 1997]

Lentamente el flujo migratorio comenzó a invertirse. Luego de la recuperación de la postguerra, Europa y los restantes países de mayor desarrollo dejaron de ser expulsores de población para convertirse en receptores. De colonizadores pasaron a ser pacíficamente colonizados por la población de sus antiguas posesiones de ultramar.

  1. La Criminalización del Inmigrante

Gradualmente, el paradigma que valorizaba al inmigrante como factor de progreso se modificó pasando a considerar al trabajador extranjero como un riesgo de seguridad. Cesó el aliento e impulso a la inmigración y los gobiernos comenzaron a implementar mecanismos para impedirla o al menos desalentarla. Así, nació la “inmigración ilegal”. Hoy el inmigrante está asociado a la marginalidad y al delito. En algunos países, los prejuicios suelen vincular al inmigrante, si es latino con la  droga, y si es musulmán con el terrorismo.

Es cierto que el inmigrante suele habitar el mismo territorio que el delito. Pero, en la inmensa mayoría de los casos no es su elección. Los Estados al cerrarse a la inmigración legal con barreras físicas e incrementos en los requisitos de recepción –sistemas de puntaje- impulsan a los inmigrantes desesperados a vincularse con organizaciones dedicadas a la trata de personas.

El inmigrante se ha convertido en inmigrante ilegal. En un “indocumentado”, que está pero que no existe y a quien se puede explotar, tal como el mismo presidente Obama reconoce: .

Hoy en día el inmigrante ilegal es una persona desesperada que llega a extremos tales como poner en riesgo su vida, cruzando desiertos, embarcándose en precarias pateras y aceptando ser encerrado en oscuros containers durante semanas. El espejismo de una vida mejor los lleva incluso a venderse como “esclavos” pagando con su trabajo y con su cuerpo durante años a quienes los han trasportado hasta el paraíso capitalista con el sólo objeto de explotarlos y abusar de ellos.

En esta forma, los inmigrantes se convierten en víctimas de los “cabezas de serpientes” chinos, los “coyotes” mexicanos, los “paseros” bolivianos y otros traficantes de personas [Gayraud: 2007]. Anualmente más de tres mil personas mueren al intentar ingresar ilegalmente al territorio de la Comunidad Europea y otros cuatrocientos fallecen en la frontera mexicano – estadounidense y sus aledaños.

Según estimaciones de la Organización Internacional de Migraciones, la trata de personas afecta anualmente a unos cuatro millones de seres humanos, objeto de tráfico ilegal a través de fronteras internacionales. La mayor parte de estos inmigrantes son mujeres y niños. Unos 500.000 de ellos logran ingresar ilegalmente al territorio de la Comunidad Europea y otros 50.000 lo hacen a los Estados Unidos de América. Como veremos posteriormente más de setecientos mil inmigrantes ilegales con contenidos anualmente en las fronteras de los Estados Unidos

Pero, es necesario reiterarlo, el inmigrante no elige ser ilegal, indocumentado, marginal y delincuente. Es el Estado receptor quien lo reduce a esa condición cuando el impide ingresar y ofrecer su trabajo por la vía legal.


  1. Desarrollo de una cultura de la segregación

La expansión de fenómeno migratorio y su criminalización han impulsado en el mundo en desarrollo el surgimiento de un discurso racista y xenófobo que en momentos de crisis prende con facilidad en la población. La interpretación instrumental de la inmigración (reducida a recurso económico de bajo costo) tiene como contrapartida un discurso que no duda en plantear como solución una política expulsiva que vulnera los derechos de los trabajadores inmigrantes y tiende a estigmatizarlos en el campo social (planteando los como “sobrantes” o “amenaza laboral”). Tal lo expresado por el ex ministro de Trabajo español, Celestino Corbacho, quien además de llamar a combatir la “inmigración ilegal”, manifestó en 2009 que España ya no podía absorber más inmigrantes, siendo el “mercado laboral” quien marcaba la “capacidad de acogida de un país”. (Borra : Rebelión :  2011)

      Este paradigma tiende a difundirse rápidamente por la Europa comunitaria. De hecho diecinueve países europeos tienen partidos políticos con representación parlamentaria que impulsan políticas antiinmigratorias. En particular, en Holanda, Austria, Filandia, Estonia, Dinamarca, Estonia, Lituania, Italia, Francia y Rumania esos partidos tienen una importancia significativa en sus respectivos países.

      En España, por ejemplo, en las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo de 2011 muestran que el número de votos de los partidos antiinmigración (que incluyen España 2000, Democracia Nacional, Coalición Valenciana, Plataforma por Catalunya, Falange Española o Alternativa Española, entre otras), se ha duplicado en cuatro años pasando de 47.000 votos a más de 100.000. Lo cual no sorprende si se considera que la inmigración está en cuarto lugar entre las principales preocupaciones de los españoles.

Italia, uno de los países que mayor exportación de inmigrantes realizó en los siglos XIX y la primera mitad del XX, es quien tiene la actitud más radical hacia la inmigración. El gobierno de Berlusconi aprobó, el 02 de julio de 2009, una nueva ley de seguridad que criminaliza a la inmigración ilegal y sanciona duramente no solo a los inmigrantes sino también a quienes cooperen de cualquier forma con ellos.

Con esta nueva legislación la inmigración ilegal se penaliza con una multa de entre 5.000 y 10.000 euros y expulsión. Obliga a los funcionarios públicos a denunciar a los inmigrantes sin papeles, eximiendo tan sólo a los médicos y directores de centros educativos. También el alquilar un apartamento a un inmigrante ilegal u ofrecerle hospedaje se convierte en un delito que se sanciona con hasta tres años de cárcel. No se permiten matrimonios entre ilegales aunque uno de ellos tenga sus documentos en regla y para evitar los matrimonios de conveniencia para obtener más rápidamente la ciudadanía italiana los aspirantes a esposos deberán convivir dos años. La ley también obliga a los padres extranjeros de un recién nacido a presentar el permiso de estadía para registrar el nacimiento, lo que seguramente contribuirá a incrementar el fenómeno de los indocumentados o como se los denomina en Europa, los “niños invisibles”.

Pero la medida más emblemática, adoptada por presión del movimiento xenófobo Liga Norte, de extrema derecha, es que “asociaciones de ciudadanos” realicen rondas para vigilar las ciudades por las noches. En esta forma cuerpos de parapoliciales de vecinos reemplazaran las funciones que antes cumplían exclusivamente los cuerpos  estatales de aplicación de la ley.[2]

  1. La Inversión de los Flujos Migratorios

Por otra parte, tal como se ha mencionado, resulta evidente que se ha operado una inversión de los flujos migratorios. En los siglos XIX y XX las corrientes migratorias salían de Europa rumbo a América y las colonias europeas de Asia y África. Eran los tiempos en que Rudyard Kipling (1865 / 1936) hablaba de “la carga del hombre blanco”. Hoy, por el contrario, los flujos migratorios van desde los países pobres a las naciones ricas. Dentro de esos países pobres no sólo se ubican las naciones del Tercer Mundo sino cualquier país que no ofrezca la calidad de vida que un inmigrante cree que hallará en Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia o Japón. Los deseos de un mejor futuro impulsan a emigrar a millones de personas de la Europa del Este, India, Turquía, China, América Latina y por supuesto África.

Hace algo más de un siglo, los deseos de emigrar nacían, por ejemplo, de las cartas que enviaban quienes habían emigrado primero. Muchos emigrantes eran analfabetos, por lo cual, para comunicarse con sus parientes, apelaban a los servicios de “escritores profesionales” para confeccionar sus misivas. Estos “ghostwriting” solían adornar los éxitos económicos logrados por sus clientes. Los familiares del emigrado usualmente también eran analfabetos. Por lo cual, frecuentemente apelaban a los buenos oficios del sacerdote de su pueblo para la lectura de las cartas. Así, surgió una tradición. En muchos pueblos europeos, los domingos, después de la misa, se leían a toda la comunidad las noticias que enviaban quienes habían partido “a hacer la América. Esos relatos se convirtieron en un poderoso estímulo para impulsar a otros hacia la emigración.

Actualmente, el estímulo para la emigración no necesita de correspondencia, llega en forma directa. Los medios de comunicación, en especial la televisión satelital, proyectan a todos los rincones del planeta un modelo de vida, de consumo y de bienestar que se convierte en una meta de vida para muchos miembros de sociedades pobres. Para quienes poco y nada tienen, para el habitante de un barrio pauperizado de América Latina o para el trabajador agrícola de una aldea subsahariana, vivir en un pequeño departamento de una ciudad europea y poseer un automóvil de segunda mano pueden constituir un verdadero cambio de vida. Aún cuando para conseguirlos deban abandonar a sus seres queridos, poner en riesgo su vida, y trabajar muy duro en condiciones precarias durante años. En otras palabras, es el “efecto de demostración” de las sociedades plutocráticas del primer mundo el factor que impulsa la inmigración desde las sociedades pobres.

  1. Mejoramiento en los sistemas de Transporte y Comunicaciones

A ello debe agregarse el sustancial mejoramiento de los medios de comunicaciones. En 1850, el traslado desde el noroeste de España –Galicia- hasta el Río de la Plata, demandaba unos cincuenta azarosos días. Este viaje se redujo a veinte días en la década de 1870 con la introducción del vapor. Para la década de 1930, con el empleo del motor a diésel de combustión interna en la navegación, el viaje solo demandaba trece días. Hoy ese mismo recorrido puede realizarse en horas empleando un avión. Los costos de los pasajes sufrieron una reducción similar. En 1910, un pasaje a América en “tercera clase” demandaba unas doscientas jornadas de trabajo para un peón. [Devoto: 2009: 56]. En los diarios de Buenos Aires de la fecha se ofrecen pasajes aéreos en clase turista, ida y vuelta, por aproximadamente ochocientos dólares hacia Europa y quinientos a los Estados Unidos. Tomando en consideración que un peón en la industria de la construcción, que trabaje “en negro”, puede ganar unos veinte dólares diarios, podría pagar su traslado a Europa con cuarenta jornadas de trabajo, es decir, con la quinta parte del trabajo que hubiera requerido el mismo recorrido en 1910.[3]

Lógicamente estas cifras corresponden a viajes corrientes y legales. Los que suelen emplear los inmigrantes que ingresan en calidad de “turistas” y permanecen ilegalmente en el país de acogida. Los valores son muy distintos cuando esas mismas rutas son explotadas por lo traficantes de personas. Los viajes pueden demandar meses y los costos incrementarse sustancialmente. Un inmigrante ruso o de Europa del Este puede pagar aproximadamente unos diez mil dólares a una red de tráfico por su ingreso y documentación de ciudadanía de Argentina. Con ese pago, recibe un servicio que incluye un pasaporte y documento nacional de identidad argentino. Ingresa legalmente como ciudadano aunque nunca haya pisado el país y, por supuesto, desconozca el idioma.

  1. Levantamiento de Barreras Fronterizas

            Resulta evidente que la globalización de las comunicaciones y el incremento de los procesos de integración económica en bloques de Estados no han sido suficientes para suprimir las fronteras. Muy por el contrario, la desigualdad económica entre los Estados y los crecientes problemas que afectan a la seguridad internacional –tales como el creciente poder de las organizaciones criminales transnacionales, el incremento del terrorismo internacional -e incluso las emergencias sanitarias como los brotes de cólera en la década de 1990, la denominada “gripe aviar” en la década siguiente y recientemente la “influenza porcina o Gripe A1H1”- llevaron a un reforzamiento de los controles aduaneros y a que muchas fronteras sufrieran un proceso de militarización.

            En el siglo XXI, aquellas fronteras que separan al mundo en vías de desarrollo de los países del mundo plutocrático se han convertido en vallas que separan la pobreza de la prosperidad. Esta situación también puede expresarse más brutal pero más directamente señalando que estas fronteras sirven para mantener a los bárbaros del Tercer Mundo fuera del Imperio. Un Imperio que a estos efectos se encuentra constituido por los prósperos países capitalistas del Norte: los Estados Unidos, Canadá, Japón y la Europa Comunitaria.

            Las aguas del Mediterráneo donde los africanos arriesgan su vida en las frágiles “pateras marroquíes o los cayucos senegaleses” (Pizarro:2011:187) intentando alcanzar las costas comunitarias de Europa. Las alambradas de acero y púas que protegen los encalves españoles de Ceuta y Melilla del ingreso de las hordas de subsaharianos pobres. O la temible frontera que separa a México de los Estados Unidos donde anualmente dejan sus huesos más de trescientos inmigrantes ilegales provenientes de América Latina, son los nuevos “limes”, las fronteras amuralladas del tercer milenio.

En 2008, por ejemplo, 723.825 migrantes ilegales fueron detenidos cuando intentaban ingresar a los Estados Unidos. Entre los detenidos figuraban 19.346 hondureños, 16.396 guatemaltecos, 12.068 salvadoreños y 1.466 nicaragüenses. La cifra de muertos fue de 386, algo menor a los 398 que perecieron durante el año fiscal 2007.[4]

            Por otra parte, los controles fronterizos anteriormente laxos comenzaron a hacerse extremadamente rigurosos después de los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos -y sus secuelas de Madrid (11/3/2004) y Londres (7/7/2005) en los años siguientes-. Los mayores controles en aeropuertos y las crecientes restricciones en el otorgamiento de visas y permisos de residencia proporcionaron un nuevo protagonismo a las fronteras.

            En el próspero mundo desarrollado las fronteras han cobrado una nueva relevancia. Hoy son barreras contra la inmigración no deseada, contra  el terrorismo y el crimen organizado. Las limitaciones a la circulación de seres humanos y los riesgos que algunas personas asumen para cruzarlas, convierte con frecuencia a estas fronteras en auténticos “muros de la vergüenza”.[5]

            En Medio Oriente, por ejemplo, desde 1995 se ha comenzado a construir el “Muro de Cisjordania”, una obra de defensa fronteriza de 728 kilómetros de extensión erigida por el Estado de Israel para protegerse de ataques terroristas provenientes del territorio de sus vecinos árabes. El muro ha sido construido en un ochenta por ciento en territorio cisjordano y consiste en una valla alambrada a lo largo del noventa y cinco por ciento de su trazado, que en algunos tramos adopta la forma de un muro de hormigón prefabricado de hasta siete metros de altura, creada con módulos individuales dispuestos uno al lado del otro, e intercalados cada cierto intervalo con torretas para el control militar. Las partes de hormigón fueron erigidas para impedir ataques desde los edificios contra los vehículos militares en el lado israelí. Todo el sistema lleva aparejada una zona “estéril” de unos cincuenta metros de ancho que transcurre a todo lo largo del trazado, que sigue en un veinte por ciento de su longitud la denominada Línea Verde, la línea fijada en el armisticio tras la Guerra Árabe – Israelí de 1948. El resto de su longitud transcurre en territorio cisjordano –adentrándose una distancia que discurre entre los doscientos metros y los veinte kilómetros- con el fin de anexionar asentamientos israelíes del lado palestino densamente poblados en Ariel, Gush Etzion, Emmanuel, Karnei Shomron, Givat Ze’ev, Oranit y Maale Adumin. Aproximadamente el veinte por ciento de la barrera corre sobre la Línea Verde que, aunque nunca fue propiamente una frontera, ha sido reconocida por la ONU y la comunidad internacional como la frontera que debería delimitar un futuro estado palestino.

            El 9 de julio de 2004, la Corte Internacional de Justicia –CIJ-, en una decisión consultiva pero no vinculante dictaminó que Israel tiene la obligación de suspender la edificación de la barrera y de desmantelar las estructuras ya erigidas que se adentran en Cisjordania. Sin embargo, a pesar de esta resolución internacional, Israel en la actualidad continúa su construcción.

            En el mundo árabe mientras se incrementan las protestas contra la frontera militarizada construida por Israel, los problemas de seguridad también obligan a la construcción de muros fronterizos. Arabia Saudita se encuentra construyendo instalaciones de seguridad a lo largo de su frontera de novecientos kilómetros con el convulsionado estado de Irak, con el propósito de evitar que terroristas iraquíes ingresen a su territorio.

            La barrera, cuya construcción se inició en 2006 y demorará entre cinco y seis años en estar completamente lista, forma parte de un conjunto de medidas de seguridad cuyo costo aproximado será de 12.000 millones de dólares. Está prevista la instalación de un doble muro con 135 accesos controlados electrónicamente, sensores ultravioletas para detectar intrusos situados sobre sus bordes, sensores subterráneos para detectar ondas radiales, bases y obstáculos materiales –tales como alambradas de púas- para proteger a ese reino rico en petróleo de sus vecinos pobres.

            También los Emiratos Árabes Unidos están construyendo un muro similar a lo largo de su frontera con Omán, principalmente para impedir el paso de inmigrantes ilegales.[6]

            Pero, donde mejor se aprecia la existencia de una valla antiinmigración, que no fue concebida para impedir atentados terroristas sino para limitar el ingreso de los pobladores pobres de América Latina, es la frontera entre los Estados Unidos y México. Una frontera de 3.379 kilómetros de extensión que es atravesada anualmente por trescientos cincuenta millones de personas.

            Esta frontera, protegida por los adelantos técnicos más sofisticados en materia de vigilancia electrónica, corre desde San Diego, California, y Tijuana, Baja California, en el Oeste hasta Matamoros, Tamaulipas, y Brownsville, Texas, en el este. Atraviesa una variedad de terrenos, desde grandes áreas urbanas hasta desiertos inhóspitos. Desde la frontera que cruza en El Paso, Texas y Ciudad Juárez, Chihuahua, hacia el este, sigue el curso del Río [7]Grande –Río Bravo del Norte- hasta el golfo de México; desde la misma conurbación binacional hacia el oeste hasta el Océano Pacífico, cruza vastos trazos de los desiertos de Sonora y Chihuahua, del delta del río Colorado, el extremo más al norte de la península de Baja California.

            La línea fronteriza separa a cuatro estados de Norteamérica de seis estados mexicanos y tiene veinte pasos fronterizos habilitados.

            Las autoridades estadounidenses comenzaron a construir un muro fronterizo en 1994 bajo el programa anti-inmigración ilegal como “Operación Guardián –Operation Gatekeeper-. El proyecto en su totalidad prevé la construcción de un doble vallado en 1.126 kilómetros de los 3.379 kilómetros de frontera  a un costo que, algunas fuentes, han estimado en siete mil millones de dólares.

            Actualmente está formado por unos ciento veinte kilómetros de extensión en la frontera Tijuana – San Diego. El muro incluye tres vallas de contención, iluminación de alta densidad, detectores antipersonales, sensores electrónicos y equipos de visión nocturna entrelazados con radiocomunicación de la guardia fronteriza estadounidense, que se complementa con vigilancia permanente desde automóviles y helicópteros artillados. Otros tramos del muro se extienden en los estados de Arizona, Nuevo México y Texas.

            Paralelamente a la construcción del muro, las autoridades norteamericanas han reforzado los controles en toda la frontera con México. La Administración del presidente George W. Bush, desde su asunción hasta fines del 2006 incrementó en un 66% los gastos en seguridad fronteriza. El personal de la Patrulla Fronteriza incorporó a 2.700 nuevos agentes alcanzando una cifra total de 12.000 agentes. No obstante, el presupuesto para el año fiscal 2007 preveía la contratación de 1.500 agentes adicionales.

            Además del personal de la Patrulla Fronteriza –que cuenta con 18.000 efectivos-, la Administración Bush estacionó desde junio de 2006 a un total de 6.000 soldados de la Guardia Nacional en la frontera con México. Los militares permanecerán en el lugar por dos años dedicados a actividades de construcción de cercas, instalación de barreras para impedir el paso de vehículos, operar sistemas de vigilancia y analizar datos de inteligencia. No participarán en actividades policiales ni en detenciones de personas sospechosas. Sin embargo, este personal militar adicional portará su armamento de dotación para el combate.[8]

            No sólo se ha incrementado el número de efectivos sino que se ha dotado al personal de un moderno y sofisticado equipamiento que incluye cámaras de rayos infrarrojos, scaners, sensores avanzados de movimiento y sensores avanzados de movimientos y aeronaves no tripuladas para tareas de patrullaje aéreo.

            Se ha reforzado la infraestructura de seguridad, con barreras para vehículos, vallados y cercas en zonas urbanas.

            En ese mismo período, las autoridades fronterizas han capturado y deportado a más de seis millones de inmigrantes ilegales, entre ellos a más de 400.000 con antecedentes penales.[9]

            Lógicamente, la política fronteriza de los Estados Unidos ha provocado un profundo malestar y protestas diplomáticas en los países de América Latina en especial México y los estados de Centroamérica.

            El Muro de Cisjordania, la frontera Estadounidense – Mexicana, las vallas en Ceuta y Melilla, las pateras en el Mediterráneo, los balseros cubanos y otros son ejemplos claros de que, al comenzar el Tercer Milenio, las fronteras han recobrado una nueva importancia. En un momento en que el hombre ha   alcanzado la posibilidad de trasladarse de un punto a otro del planeta con sencillez y economía. Las fronteras, lejos de desaparecer o de constituirse en elementos facilitadores del intercambio cultural, han recobrado su ancestral carácter de instrumentos de seguridad militar y económica ayudando a la separación entre los hombres.

            Pero, además de fortificar sus fronteras y criminalizar la inmigración ilegal, las plutodemocracias del hemisferio Norte están militarizando el problema. Hemos visto como la Administración Bush apeló a la Guardia Civil para frenar el ingreso de inmigrantes. En Italia se apela a rondas de “ciudadanos” para controlar las ciudades y en España, los efectivos de la Guardia Civil que intentan contener el ingreso de extranjeros cuentan con el apoyo de navío de guerra para perseguir a los “barcos nodriza” que trasbordan inmigrantes a las pateras y cayucos en aguas internacionales del Atlántico.

            Pero la mayor muestra de la dimensión que esta tomando el problema puede observarse en California, Estados Unidos. En el Condado de Imperial, lindero con la frontera mexicana, los jóvenes boy scouts, de entre 14 y 21 años reciben entrenamiento para luchar contra el terrorismo, la inmigración ilegal y la escalada de violencia fronteriza.

            Se trata del Programa Exploradores, uno de los doce programas que conformar la propuesta denominada “Aprendiendo para la vida”. El programa se encuentra supervisado por el FBI, la Patrulla Fronteriza y los departamentos de policía y bomberos de cada localidad. Durante el entrenamiento los jóvenes realizan prácticas de tiro y simulacros de detención de inmigrantes ilegales. Anualmente, participan de este programa 35.000 jóvenes estadounidenses que se capacitan para saber como proceder frente a amenazas tales como “los peligrosos inmigrantes ilegales”.[10]

  1. Modificación de los Criterios para el Otorgamiento de la Ciudadanía

Por último, deben analizarse los mecanismos de otorgamiento de ciudadanía. Esta cuestión tiene gran relevancia porque hace a la asimilación del inmigrante en la sociedad receptora. Integra a las minorías raciales y culturales, al mismo tiempo que reconoce sus derechos políticos.

Tradicionalmente se han seguido dos criterios para el otorgamiento de la ciudadanía. El ius soli, por el cual la pertenencia deriva del lugar de nacimiento y el ius sanguinis, donde la pertenencia se deriva del origen de los ancestros. Los países europeos cuyos sistemas jurídicos se inspiran en el derecho romano emplean el ius sanguinis. Mientras que las naciones americanas, por ser naciones receptoras de población extranjera, se inclinaron por el ius soli o por una combinación de ambos criterios. Tal fue el caso de la Argentina

La aplicación del ius soli, en los siglos pasados, facilitó la asimilación de los hijos de inmigrantes que desde el momento mismo de su nacimiento se convertían en ciudadanos plenos.

Sin embargo, la inversión de las corrientes migratorias, tal como se ha analizado, ha modificado la situación. Los inmigrantes, aún cuando legalizan su situación y acceden al status legal de “residentes”, carecen de derechos políticos y, por ende, se encuentran en inferioridad de condiciones a la hora de defender sus intereses. Pero, lo que resulta aún más grave es que sus hijos, nacidos en territorio europeo, no son ciudadanos, sino tan sólo residentes sin derechos políticos y en algunos casos sin acceso a ciertas ventajas tales como becas universitarias o subsidios especiales que solo reciben los ciudadanos.

La aplicación del ius sanguinis afecta la plena vigencia de los derechos humanos de los veinticinco millones de personas que componen la población europea de origen inmigratorio.

Los defensores de la aplicación del ius sanguinis se escudan en la defensa de la “identidad nacional” para ocultar el temor a la declinación demográfica. Temen que paulatinamente el tipo nacional –étnico, cultural y religioso- sea reemplazado por el de los recién llegados. En especial, porque estos suelen tener una tasa de natalidad muy elevada. Esta visión xenófoba alcanza su mayor exponente en la obra de Samuel P. Huntington, “Quienes somos”. Este teórico consideraba que, si no se tomaban medidas especiales para impedirlo, una gradual invasión hispana modificaría la identidad nacional de los Estados Unidos.

También tienen una clara intención discriminatoria los “sistemas de puntaje” como el que aplica Canadá desde 1967, Australia desde 1989; Nueva Zelanda desde 1991 y el Reino Unido desde el 2001. En 2006, el Reino Unido, por ejemplo, decidió que los graduados de las cincuenta mejores escuelas de negocios de todo el mundo automáticamente recibirían los setenta y cinco puntos que el país requiere para residencias permanentes. Desde 1965, los Estados Unidos emplean un sistema de preferencias basada en el empleo para conseguir la admisión de inmigrantes con las calificaciones necesarias; el tope para los visados en esa categoría fue aumentando a 140.000 por año en virtud de la Ley de Inmigración de 1990. Actualmente, se estudia modificar esta sistema y adoptar también un método basado en el puntaje. El problema radica en que estos sistema de selección de inmigrantes no sólo margina a los menos capacitados  que son normalmente también los más necesitados. También favorecen las migraciones de talento o “fuga de cerebros” como se las denomina periodísticamente. Por lo tanto, descapitalizan a los países del Tercer Mundo que sufren un proceso continuo de pérdida de elites. Así, los países pobres terminan invirtiendo sus escasos fondos en capacitar profesionales que luego emigran y no contribuyen al desarrollo de sus sociedades.  Mientras que los países ricos adquieren en forma gratuita profesionales idóneos sin invertir en su capacitación. Pueden contratar los mejores “cerebros” del planeta sin pagar más de lo que pagarían por un científico formado en sus propias universidades.

CONCLUSIONES

Las migraciones internacionales son procesos complejos que involucran a novecientos cuarenta millones de personas en todo el mundo. Anualmente ciento noventa millones de personas emigran en forma ilegal. De ellas más de cuatro millones de seres humanos terminan siendo víctimas de las organizaciones criminales dedicadas al tráfico y la trata de personas. La problemática de las migraciones ilegales afecta a más de ciento cincuenta Estados en todo el mundo. Lejos de tender a atemperarse los flujos migratorios se han acentuado debido a la crisis económica internacional y los crecientes problemas alimentarios, en amplias regiones del Tercer Mundo.
Estos hechos convierten a las migraciones ilegales en un tema central y prioritaria para las relaciones internacionales en el siglo XXI.
Entre los factores que han contribuido a generar esta situación deben señalarse los siguientes: El cambio de paradigma en la interpretación del rol desempeñado por el inmigrante, la criminalización del fenómeno migratorio, la inversión del flujo migratorio. El levantamiento de barreras fronterizas y la militarización del problema migratorio, el mejoramiento en los sistemas de transporte y comunicaciones y por último la modificación de los criterios para el otorgamiento de la ciudadanía.
Todos estos factores no sólo complican las relaciones entre los Estados y modifican las políticas de seguridad, fundamentalmente, los terminan afectando la vida de millones de personas en todo el planeta que son, en última instancia, las reales víctimas de estos cambios en el escenario internacional.
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[1] DEPARTAMENTO DE INFORMACIÓN PÚBLICA DE LAS NACIONES UNIDAD: “La migración internacional y el desarrollo”. Artículo publicado en http://www.unorg/spanish/migration/americas.html
[2] EL UNIVERSO: “Delito, multa y expulsión dicta Italia a ‘sin papeles’”. Artículo publicado en http:www.eluniverso.com/Imprimir.html. 03/7/09
[3] Hemos calculado el valor de un jornal de peón en tareas ligadas a la construcción en 80 $ argentinos y el dólar a un valor de U$S 1 = $ 4. De lo cuál resulta que un peón cobra U$S 20.- por jornal. Igual salario percibe una empleada doméstica por ocho horas de trabajo a razón de  $ 10.- la hora. TRABAJO EN NEGRO: Es la denominación que recibe el trabajo informal, sin relación de dependencia, sin prestaciones sociales, jubilación o seguro por accidente de trabajo.
[4] ADITAL: Más de 700.000 migrantes fueron detenidos y 386 fallecieron en EE. UU. durante 2008. Artículo publicado en http:///www.adital.com.br. 23/12/2008.
[5] MURO DE LA VERGÜENZA: El nombre se empleó por primera vez en 1961 tras la construcción del muro que separaba Berlín Occidental de Berlín Oriental por parte del gobierno de la entonces República Democrática Alemana. Denominada por éste “Muro de protección  antifascista”, los berlineses lo llamaban “Schandemauer” que significa literalmente Muro de la vergüenza. Este muro, habitualmente conocido como Muro de Berlín recibió también fuera de Alemania la apelación de Muro de la vergüenza en un artículo que apareció en la portada de la revista estadounidense Times Magazine en 1962. Poco más tarde, el presidente John F. Kennedy se refirió explícitamente al Muro de la Vergüenza en su discurso anual del 14 de enero de 1963 ante el Congreso de los Estados Unidos.
[6] KRANE, Jim: Arabia Saudita también tendrá su muro. Artículo publicado en La Nación.com, Bs. As. 28 de septiembre de 2006, en http://www.lanacion.com.ar.
[7] BBCMUNDO.COM: El muro México / EE. UU. Artículo publicado el 07/10/2006 en http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/hi/spanish/latin_america/newsid_5415000/5415150.stm

[8] LANACION.COM: Cientos de soldados ya vigilan la frontera de EE. UU con México. Artículo publicado en Bs. As. 17/06/2006  en http://www.lanacion.com.ar.
[9] CASA BLANCA: Oficina de Secretario de Prensa 27/3/2006 publicado en http://usinfo.state.gou/xarchive/display.html

[10] STEINHAUER, Jennifer: “El terrorismo y los ilegales, en la mira de los boy scouts”. Artículo publicado por The New York Times, tomado de http://www.lanación.com.ar/nota.asp?nota_id=1128320 15/5/09