miércoles, 21 de febrero de 2018

CRISIS DE GOBERNABILIDAD EN ETIOPÍA


Mapa de Etiopía con sus divisiones administrativas

Después de Zimbabue, República Democrática del Congo y Sudáfrica, la inestabilidad política generada por la corrupción y los conflictos tribales están afectando ahora a Etiopía y han provocado la renuncia del primer ministro.

PERFIL GEOPOLÍTICO DEL PAÍS

Etiopía es un país sin salida al mar situado en el llamado Cuerno de África. Con un territorio de 1.104.300 Km², que lo convierte en el vigésimo séptimo país en extensión del mundo, aunque vastas áreas de este son áridas y poco aptas para la vida humana.

Ese territorio se encuentra habitado por algo más de noventa y un millones de personas. Pero sólo el 42,7% de la población está alfabetizada y la tasa de hijos por mujer es de 4,3. Como ocurre con otros países africanos el virus del HIV-SIDA afecta al 1,25% de la población. Cabe destacar que Etiopía solo cuenta con 1.500 médicos para asistir a la totalidad de su población.

Etiopía es el único entre los 54 países africanos que nunca ha sido colonizado. Escapó al llamado “reparto de África” generado por la “Conferencia de Berlín” de 1884.
Solo sufrió una breve ocupación italiana entre 1936 y 1941, cuando los fascistas de Benito Mussolini conquistaron a sangre y fuego al país.

Compite con Egipto por el título de sociedad independiente más antigua del continente. Sus orígenes como nación se remontan al Reino de Aksum que ya controlaba esa región en el siglo II a. C. Aunque el nombre “Etiopía” (en hebreo Kush) se menciona en la Biblia varias veces, y es de alguna manera considerado un lugar sagrado.

Es también la segunda nación más antigua del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial después de Armenia. Esto ocurrió en el siglo IV, hasta entonces la religión oficial del reino era el judaísmo. Hoy, las diversas versiones del cristianismo comprenden al 61,6% de los etíopes, el islam al 32,8% y las creencias animistas al 5,6%.

RESISTIENDO AL COLONIALISMO

Los italianos penetraron en el Cuerno de África, en 1869, directamente después de la apertura del Canal de Suez. La empresa italiana de navegación Rubattin compró la Bahía de Asab a unos jefecillos locales a los efectos de construir un puerto de servicios para su flota comercial. El 10 de marzo de 1882, el gobierno italiano adquirió la tierra de Asab a la empresa italiana y comenzó la expansión territorial en la región. Poco a poco, a pesar de las protestas etíopes, las fuerzas italianas fueron ocupando la totalidad de la costa hasta conquistar la ciudad portuaria de Massawael, el 5 de febrero de 1885.

El 1° de enero de 1890, el Reino de Italia proclamó a ese territorio como “Colonia Italiana de Eritrea”, que constituyó la primera posición colonial italiana en África.

El 5 de marzo de 1889, Menelik II, rey de Shewa, se proclamó Emperador de Etiopía, después de haber conquistado las regiones de Tigray y Ambara.

En diciembre de 1894, Bahta Hagos lideró una rebelión contra los italianos en Akkele Guzay, solicitando el apoyo de las fuerzas del caudillo tigray Mengesha Yohannes. Sin embargo, tropas del ejército italiano al mando del coronel Pietro Toselli aplastaron la rebelión y mataron a Hagos.

El 7 de diciembre de 1895, tropas etíopes atacaron las posiciones italianas, obligando a su ejército a replegarse a Eritrea. El 20 de diciembre capturaron la fortaleza de Maquela, aunque permitieron a la guarnición italiana retirarse con sus armas y pertrechos.

El 1 de marzo de 1896, el ejército italiano concentró casi la mitad de las fuerzas que tenía desplegadas en territorio africano, en la zona montañosa de Adua (o Adowa), con el propósito de sorprender al ejército etíope. Las fuerzas italianas estaban compuestas por cuatro brigadas, con un total aproximado de 15.000 soldados, cincuenta y seis piezas de artillería y alrededor de cinco mil áscaris eritreos que actuaban como portadores y tropas auxiliares. El ejército etíope al mando del Emperador Melenik, por su parte contaba aproximadamente con 120.000 hombres, entre infantería y caballería, con un número indeterminado de cañones, de distinto calibre y con escaso parque.

El general Baratieri había previsto un ataque temprano en la mañana, con la esperanza de sorprender a un enemigo dormido y poco preparado. Sin embargo, los etíopes conocían las intenciones de los italianos, adelantaron sus oficios religiosos y fueron ellos quienes sorprendieron a los italianos con un violento contraataque. El resultado fue una amplia victoria de las tropas etíopes al mando de Menelik, lo cual se explica principalmente por la desproporción numérica de las fuerzas beligerantes que no pudo nivelar el superior adiestramiento, armamento y logística de que disponían los italianos.

Las pérdidas italianas alcanzaron aproximadamente a 6.000 muertos y desaparecidos, y cerca de cuatro mil prisioneros. Además, 1.200 áscaris eritreos resultaron muertos. Los etíopes, por su parte, habrían sufrido alrededor de diez mil bajas, entre muertos y heridos. 

Los italianos capturados fueron tratados como prisioneros de guerra, pero a los ochocientos áscaris eritreos que apresaron los etíopes fueron considerados como traidores. En consecuencia, los castigaron amputándoles la mano derecha y el pie izquierdo.

Luego de su victoria, Menelik se retiró ordenadamente a Addis Abeba, confiando en que el resultado de la batalla resultara decisivo, y la derrota italiana precipitara el fin de la guerra. 

La derrota sufrida por las fuerzas italianas en la batalla de Adua era el mayor revés de una fuerza colonial europea hasta el Desastre de Annual, donde un ejército español de 13.000 hombres fue aniquilado por los rifeños marroquíes comandados por el caudillo Abd el-Krim, el 22 de julio de 1921.

Por medio del tratado de Addis Abeba, en octubre de 1896, Menelik había garantizado la delimitación estricta de las fronteras con Eritrea y obligado a Italia reconocer la soberanía e independencia de Etiopía. 

LA AGRESIÓN FASCISTA

Desde su llegada al poder, tras la Marcha sobre Roma, de 1923, el “Duce” Benito Mussolini había apelado a la invocación de la liturgia romana y planteado la creación de un Imperio Italiano en las costas del mar Mediterráneo. El problema era que hasta entonces el Mediterráneo era una parte importante en las esferas de influencia de Francia y el Reino Unido. Para no confrontar directamente con esas potencias, Mussolini enfocó su vista en Etiopía, en ese momento situada entre las colonias de la Eritrea Italiana y la Somalia Italiana.

Mussolini creía que una corta campaña militar exitosa en África, frente a un rival débil, elevaría la moral de su Ejército y aumentaría el prestigio internacional del régimen fascista. Por otra, parte estaban los intereses comerciales italianos y la posibilidad de enviar la población italiana excedente como colonos a ese continente reduciendo el nivel de desempleo en la metrópoli.

El rearme alemán y su propaganda expansionista sobre Europa Oriental decidió al dictador italiano a llevar a cabo su propio programa armamentista incrementando el tamaño de las fuerzas armadas italianas. Las guarniciones italianas en Eritrea y Somalia se reforzaron notablemente.

Los fascistas italianos comenzaron lentamente a ocupar territorio etíope. El emperador Haile Selassie, que había ascendido al trono en 1934, se dirigió al Reino Unido en búsqueda de apoyo contra la inminente agresión italiana. Pero, tanto el Reino Unido como Francia estaban involucrados en una “política de apaciguamiento” frente a las Potencias del Eje y no querían arriesgarse a una nueva guerra en Europa por defender a una nación africana. Además, como países colonialistas, no veían con desagrado que Italia satisficiera sus apetencias expansionistas incorporando territorios fuera de Europa. En este sentido, Etiopía no fue más que un precedente de lo que, en 1938, ocurriría con Checoslovaquia.

El 4 diciembre de 1934, tropas etíopes e italianas se enfrentaron en duros combates, en el oasis de Walwal, próximo a la frontera común. Murieron ciento cincuenta etíopes y cincuenta italianos. Ambos países aceptaron recurrir al arbitraje de la Sociedad de las Naciones, que salomónicamente exoneró de responsabilidades a ambos países por el incidente.

Entre el 11 y el 14 de abril de 1935, el primer ministro británico Ramsay Mac Donald, ministro de Asuntos Exteriores francés Pierre Laval y Benito Mussolini, se reunieron en la localidad italiana de Stresa para reafirmar la vigencia de los Tratados de Locarno, apoyar la independencia de Austria y proclamar la necesidad de que Alemania respetara el Tratado de Versalles.

Mussolini interpretó que el interés de Francia y el Reino Unido por mantener el statu quo y la paz en Europa le dejaba las manos libres en Etiopía. Inmediatamente comenzó una intensa campaña propagandística para preparar al pueblo italiano y a la opinión pública internacional para una guerra en África. Los economistas italianos comenzaron a presentar a Etiopía como un país rebosante de materias primas y un floreciente mercado para los productos italianos. En mayo de 1935, Italia proclamó su intención de dominar la región y de recurrir a la guerra, si era necesario, para conseguirlo.

Mientras tanto el emperador Haile Selassie comenzó a reclutar un ejército, llegando a crear una fuerza de medio millón de hombres. No obstante, las tropas etíopes estaban precariamente armadas. Su armamento principal era tan solo fusiles de diverso calibre, algunos de ellos de un avancarga y de un solo tiro por vez, algunos guerreros incluso solo portaban sus escudos y lanzas. Carecían de artillería y ametralladoras pesadas y por todo apoyo aéreo disponían de una docena de aviones de la Primera Guerra Mundial piloteados por mercenarios. Incluso carecían de un mando unificado y eran más bien una milicia tribal que combatía según las ordenes de sus varios jefes. Incluso su sistema de comunicaciones dependía de mensajeros a pie pues carecían de aparatos de radio, por lo cual resultaba muy fácil a los italianos dejar incomunicados a los destacamentos etíopes.

El 3 de octubre de 1935, cien mil soldados italianos comandados por el mariscal Emilio De Bono atacaron a Etiopía desde Eritrea sin declaración previa de guerra. Al mismo tiempo una fuerza menor comandada por el general Rodolfo Graziani atacó desde Somalia.

La Sociedad de las Naciones, condenó a Italia como país agresor, el 11 de octubre de 1935, y le impuso numerosas sanciones económicas, pero estas incluían el embargo de productos que no eran de primera necesidad para la industria italiana: el mineral de hierro y el petróleo no estaban consideradas en dicha lista, y por ello empresas de Estados Unidos (que no era un país miembros de la Sociedad de las Naciones), el Reino Unido, Francia y Alemania no respetaron las sanciones.

Al mismo tiempo, los británicos aseguraron al gobierno fascista que no llevarían a cabo ninguna intervención en Etiopía.

Exasperado por el lento y precavido avance del general De Bono, Mussolini lo reemplazó por el general Pietro Badoglio. Las fuerzas etíopes lanzaron un contrataque en diciembre de 1935, pero su ejército rudimentariamente armado, no pudo hacer mucho frente a los invasores, aunque logró detener su avance durante varias semanas. Pero, pronto los italianos hicieron pesar su mejor armamento: artillería de campaña, vehículos blindados y aviones modernos, impidiendo a los etíopes explotar sus éxitos iniciales. Los italianos incluso violaron la Convención de Ginebra empleando gas mostaza contra la población civil y los combatientes. Los etíopes carecían del más mínimo equipamiento contra armas químicas e incluso su vestimenta dejaba expuesta gran parte de su cuerpo. Los italianos incluso abrieron fuego sobre ambulancias y puestos de la Cruz Roja Internacional.

El 29 de marzo de 1936, Graziani bombardeó la ciudad de Harar y dos días después los italianos consiguieron una gran victoria en la batalla de Maychew, la cual anuló toda posible resistencia organizada de los etíopes. El emperador Haile Selassie se vio forzado a escapar al exilio, el 2 de mayo, y las fuerzas de Badoglio llegaron a la capital Addis Abeba el 5 de mayo.

Italia anexó oficialmente el territorio de Etiopía, el 7 de mayo de 1936, y el rey italiano Víctor Manuel III fue reclamado emperador. Las provincias de Eritrea, Somalia Italiana y Abisinia (Etiopía) fueron unidas para formar la “Provincia Italiana de África del Este”.
Mussolini retiró su país de la Sociedad de las Naciones, en 1937, y se acercó mucho más a la Alemania Nazi y al Japón.

La ocupación italiana de Etiopia no duró ni siquiera una década. Durante la Campaña de África Oriental, tropas británicas y guerrillas etíopes expulsaron a los italianos de Etiopía. Cinco años más tarde, el 5 de mayo de 1941, y Haile Selassie regreso al poder.

En 1952, la ONU aprobó la Federación de Etiopía y Eritrea. Hacia 1974, el régimen de Haile Selassie se enfrentaba a una gran crisis interna. El anciano Emperador era acusado de corrupción, los militares lo responsabilizaban por las derrotas sufridas a manos de guerrilleros independentistas eritreos. Para colmo, una de las periódicas hambrunas provocadas por las sequías, en las provincias de Welo y Tigray, agravó la situación.

La crisis terminó con un golpe de Estado protagonizado por oficiales de baja graduación del Ejército, apoyado por grupos de izquierda. El Emperador fue derrocado y sus bienes expropiados. En su reemplazo asumió el gobierno una junta militar conocida como “Derg”.

En 1977, asumió el control de la Derg, el coronel Menghistu Haile Mariam quien instauró un gobierno de inspiración soviética y convirtió al país en “República Democrática Popular de Etiopía”.

En 1984, el país sufre una atroz hambruna que termina con la vida de millones de personas por inanición. Finalmente, cuando desaparece la URSS, en 1991, también desaparece la República Democrática Popular de Etiopía. Las tropas del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope derrotan a Menghistu y su líder Meles Zenawi es proclamado presidente del país.

Entre 1997 y 2l año 2000 se produce una cruenta guerra civil que culmina con la secesión de Eritrea y, bajo el patrocinio de la ONU y la Unión Africana se obtuvo la paz.

EL SISTEMA INSTITUCIONAL

El actual sistema político etíope fue establecido por la Constitución del 22 de agosto de 1995. Se basa en el sistema parlamentario. El gobierno efectivo reposa en la “Cámara de Representantes del Pueblo”, compuesta por 549 diputados electos por sufragio universal directo cada cinco años. Ésta designa al presidente y al Primer Ministro y tiene competencia en materia legislativa, fiscal y presupuestaria.

El regionalismo está representado por la “Cámara de la Federación” integrada por 108 miembros elegidos por sufragio universal indirecto. Son los representantes de los intereses de las regiones que ejercen el control constitucional.

El Poder Ejecutivo es dual. Por un lado, está el presidente de la República. En una función casi honorífica. El presidente es elegido cada seis años y no ejerce ningún poder real.
El gobierno efectivo está en manos del Primer Ministro, también designado por la Cámara de Representantes del Pueblo, su mandato dura cinco años y puede ser reelecto una sola vez.

EL MILAGRO ETÍOPE

A algo más de treinta años de gran hambruna y a veinticinco del fin del régimen prosoviético, Etiopía se ha convertido en uno de los países africanos que más inversiones internacionales atrae. El país es considerado un aliado estratégico fiable de Occidente en la región. Estados Unidos posee una base militar en el país y aporta medios militares para luchar contra el grupo terrorista yihadista Al Shabab en la vecina Somalia.

El país ha experimentado tasas de crecimiento de dos dígitos en los últimos diez años. Un buen número de etíopes se han convertido en millonarios según consigna un informe de The New World Wealth. Las calles de Addis Abeba vibran por un ruido ensordecedor que producen los martillos neumáticos en manos de obreros, abundan las estructuras de hormigón de nuevos edificios y está en marcha un proyecto de construcción de un ferrocarril electrificado elevado de 34 km a lo largo de las principales arterias de la ciudad.

Todo ello en el contexto de un modelo de desarrollo de “estilo chino” que combina la más absoluta libertad económica, la seguridad para las inversiones extranjeras y el apoyo a los empresarios locales, con un régimen de partido hegemónico (de los 549 diputados electos, tan solo uno pertenece a la oposición) y un rígido control de las actividades políticas opositoras.

Este modelo posterga las mejoras sociales y el asistencialismo a la población hasta tanto se produzca un mayor desarrollo industrial y comercial.

Sin embargo, la expansión urbana y la especulación inmobiliaria ha comenzado a destruir campos de pastoreo y labranza desarraigando a miles de agricultores que han protagonizado desde noviembre de 2015 violentas protestas callejeras y huelgas.

El gobierno ha respondido como era habitual reprimiendo duramente los incidentes callejeros al costo, en estos años, de casi un millar de muertos y ha encarcelado a veinte mil opositores (incluidos dirigentes políticos de partidos legales, reconocidos periodistas y blogueros), la mayoría de los cuales enfrentaron cargos por terrorismo.

Los más activos en las protestas han sido 150.000 agricultores de la etnia oromo, la más numerosa del país, cuyas tierras serán expropiadas para proyectos urbanísticos de ampliación de la ciudad de Addis Abeba. Los oromo piden respeto a su propiedad, a su identidad y el cese de su marginación y persecución sistemática del gobierno en manos de la etnia Tigray que domina al actual partido gobernante del Frente Democrático Revolucionario Etíope (FDRE), en el poder desde el derrocamiento del régimen izquierdista del coronel Mengistu Haile Mariam en 1991.

Los oromo, en su lucha contra el gobierno, han recibido el apoyo de la etnia guerrera de los amhra, con grandes vínculos en el Ejército, que también se sienten discriminados y relegados por los políticos tigray.

El gobierno declaró el estado de excepción tras diversas protestas en las regiones de Oromia y Amhra, durante el Festival Irrecha (una suerte de días de acción de gracias del pueblo oromo), el 2 de octubre de 2016. Incidentes entre manifestantes y fuerzas policiales durante el desarrollo del Festival arrojaron un saldo de aproximadamente cien manifestantes muertos.

Para terminar con las protestas y alivianar las tensiones, el gobierno liberó desde enero unos mil presos políticos. Entre los liberados figura Bekele Gerba, secretario general del Congreso Federalista Oromo, el periodista y bloguero Eskinder Negga y el vicepresidente del mayor partido de la oposición, la Unidad por la Democracia y la Justicia, Andualem Aragie.

También prometió el cierre de las instalaciones carcelarias de Maekelawi. Inaugurada en los años setenta, el penal de Maekelawi fue denunciado, en 2013, por Human Rights Watch como un centro de torturas. El gobierno ha dicho que construía un “museo” en las citadas instalaciones.

Esto un fue suficiente para los activistas oromo que llamaron a una huelga el 12 de febrero en la que se cerró el comercio y jóvenes armados con palos y piedras bloquearon las carreteras en Oromia para presionar al gobierno para que mantenga su promesa de amnistía total para los presos políticos.

El jueves 15 de febrero, renunció el primer ministro Hailemariam Desalegn, que llevaba casi seis años en el cargo. Desalegn dejó también la presidencia del Frente Democrático Revolucionario Etíope y a la presidencia del Frente de Liberación del Pueblo Tigray, uno de los cuatro partidos que integran la coalición gobernante.

Posteriormente, el ministro de Defensa, Siraj Fegessa, emitió un comunicado anunciando que se establecía nuevamente el estado de emergencia en el país por los siguientes seis meses, que podía ser ampliado por otros cuatro meses.

La renuncia del Primer Ministro no ha descomprimido la situación. Por el momento no ha trascendido quien lo reemplazara en el cargo.

CONCLUSIONES

Más allá de lo formal, Etiopía no es una auténtica democracia sino un régimen autoritario de partido hegemónico. El gobierno se sostiene en base a un régimen policíaco que encarcela a los opositores y ejerce una férrea censura sobre la prensa e internet.

El conflicto actual, más allá de haberse detonado por la corrupción y la especulación inmobiliaria en la expansión edilicia de Addis Abeba asume todas las características de un conflicto tribal por el control del gobierno, y de los privilegios y negocios que este genera, entre las étnicas tigray y los oromo y amhra. Si esto es así, será difícil encontrar un punto de equilibrio entre las distintas tribus que permita estabilizar al país.


sábado, 17 de febrero de 2018

FUERTES VÍNCULOS DEL FRENTE POLISARIO CON EL ESTADO ISLÁMICO




La detención de una célula terrorista del Estado Islámico o Dáesh, en Marruecos, pone de manifiesto los vínculos entre el separatismo saharaui y el terrorismo yihadista.

La detención, el jueves 15 de febrero, en Marruecos de terroristas pertenecientes al grupo yihadista Estado Islámico y que anteriormente eran miembros del Frente Polisario, confirma el efecto desestabilizador que cumplen en la región sahelo – sahariana los campamentos argelinos donde, desde hace años, los separatistas retienen a la población saharaui marroquí.

La Oficina Central de Investigaciones Judiciales, el organismo responsable en Marruecos de la lucha contra el terrorismo y la delincuencia transnacional, que dirige Abdelhak Khim como parte de la Dirección General de la Supervisión del Territorio Nacional, la eficiente DGST marroquí, arrestó en las ciudades de Laayun, Salé y Marrakech a tres individuos, de entre 24 y 30 años, miembros de una célula terrorista del Dáesh.

En el proceso, las autoridades antiterroristas marroquíes secuestraron documentación, uniformes y hasta una bandera pertenecientes al Frente Polisario.
Precisamente, una semana antes, en declaraciones formuladas a la prensa, Khim había advertido sobre los vínculos del Dáesh con el Frente Polisario y las actividades del terrorismo yihadista en el sur de Argelia.

Dijo el alto funcionario de seguridad marroquí: “El Dáesh no ha desaparecido. Hubo una reubicación; se reorganizaron en la zona sahelo – sahariana y en Libia. Donde encuentran áreas sin ley, allí se establecen”. Para luego agregar: “El problema se incrementa con la falta de cooperación de los argelinos y la existencia de un área controlada por un grupo terrorista que es el Frente Polisario.” Concluyendo: “Al Qaeda en el Magreb Islámico sigue intentando controlar el sur de Argelia y al norte de Mali”.

Cabe destacar que la DGST marroquí colabora con los organismos de seguridad e inteligencia europeos en la lucha contra el terrorismo yihadista y ha sido esencial en el esclarecimiento de atentados en Bélgica, Francia y Barcelona, España.
Las recientes detenciones de terroristas yihadistas no hacen más que confirmar lo acertado de las declaraciones del jefe antiterrorista.

Durante largo tiempo, otros expertos internacionales en terrorismo yihadista, como Chema Gil Garré, Codirector del International Security Observatory, con sede en España, y responsable del Departamento de Análisis de Terrorismo y Seguridad Internacional, han denunciado insistentemente que los líderes del Frente Polisario mantienen vínculos con grupos terroristas y con organizaciones criminales dedicadas, entre otros negocios ilícitos, al secuestro de cooperantes europeos.

El Frente Polisario tiene un largo historial de actividades terroristas. El grupo separatista asesino a casi trescientos ciudadanos españoles durante las décadas de los años 70 y 80. Los pescadores españoles que faenaban en la zona de El Aaiún o los trabajadores que picaban piedras en las minas de fosfato de Fosbucraá fueron aniquilados en masa. Barcos con toda la tripulación pasada a machete, secuestros, torturas físicas y psicológicas o fusilamientos con ráfagas de ametralladora eran algunas de las desastrosas “postales” que dejaron los terroristas separatistas que nunca fueron debidamente investigadas ni sancionadas, según afirma la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (ACAVITE).
También son inocultables los vínculos del Frente Polisario con el crimen organizado internacional.

El 24 de octubre de 2011, por ejemplo, la madrileña Ainhoa Fernández Rincón, el mallorquín Eric Gonyalons y la italiana Rosella Urru, todos ellos cooperantes europeos pertenecientes a diversas ONG, fueron secuestrados en Rabuni, la sede administrativa de los campamentos argelinos controlados por el Frente Polisario, mientras desarrollaban actividades humanitarias.

Del secuestro de los cooperantes participaron elementos del Frente Polisario en asociación con terroristas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), vinculados a Mokhtar Belmokhtar, el terrorista conocido periodísticamente como “Míster Marlboro”, desde sus tiempos de contrabandista de tabaco.

Los cooperantes fueron trasladados por sus captores en vehículos 4X4, primero a territorio de Mauritania y luego al norte de Malí. Meses después, luego de intensas negociaciones y de que sus gobiernos pagaran a los terroristas un sustancial rescate, fueron liberados.
En este sentido, los organismos de seguridad e inteligencia de la Unión Europea ven con preocupación la actitud tolerante de Argel hacia algunos terroristas yihadistas de origen argelino que operan en el Norte de Mali, como el mencionado Mokhtar Belmokthar. Cuando estos terroristas son perseguidos por las fuerzas internacionales en el Sahel suelen encontrar refugio en territorio argelino.

Tampoco podrá hablarse de verdadera seguridad en la zona mientras persistan los campamentos controlados por el Frente Polisario donde vive y recibe adiestramiento militar una población sin futuro, propensa a radicalizarse y a engrosar las filas de organizaciones terroristas como el Dáesh o AQMI.

Población que el Frente Polisario mantiene sumida en la pobreza y en la desesperación. Esos pobladores, para ganarse la vida, se ven naturalmente tentados a realizar actividades ilícitas.

De nada servirán los crecientes esfuerzos internacionales por controlar la región como la francesa “Operación Barkhane”, la “Misión de Entrenamiento de la Unión Europea en Mali (EUTM-Mali)”, establecida por la Unión Europea, con auspicio de las Naciones Unidas; la “Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas (MINUSMA)” o la costosa “Force Conjointe du G-5 Sahel (FC-G5S)”, constituida por Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger.

El Frente Polisario es una organización terrorista, las pruebas están allí quien quiera verlas las verá y quien persista en su infantil creencia de que trata con una minoría perseguida enfrentará, más tarde o más temprano, las consecuencias.


jueves, 15 de febrero de 2018

CAMBIO EN EL PODER DE SUDÁFRICA

Cyril Ramphosa, nuevo presidente de Sudáfrica



La renuncia del presidente sudafricano Jacob Zuma, acosado por denuncias de corrupción, desnuda los grandes problemas que afectan a los sistemas políticos africanos.

CORRUPCIÓN EN LA POLÍTICA AFRICANA

La crisis política que hoy vive Sudáfrica y el partido del Congreso Nacional Africano debido a la renuncia del presidente Jacob Zuma pone de manifiesto que la corrupción gubernamental es un mal endémico que afecta a la mayoría de los Estados africanos.

Los sistemas políticos de los jóvenes Estados africanos padecen una serie de males, qué como una suerte de enfermedades juveniles, afectan su desarrollo, estabilidad democrática y paz social.

Uno de los principales males es que los gobernantes, una vez que llegan al poder se niegan a abandonarlos y se eternizan en el cargo y hasta pretenden transmitirlos a sus esposas o hijos. Veamos algunos ejemplos: el desaparecido Mobutu Sese Seko gobernó a la República Democrática del Congo durante 32 años hasta ser derrocado por una fuerza guerrillera, Robert “Camarada Bob” Mugabe lo hizo en Zimbabue por 37 años entre 1980 y 2017, cuando dejó la presidencia tenía 93 años; Teodoro Obiang Nguema llegó al poder en Guinea Ecuatorial gracias a un golpe de Estado, en 1979 y lo retiene actualmente. El presidente camerunés Paul Biya está en el cargo desde 1982, pese a sus 85 años. En tanto que, Abdelaziz Bouteflika, a sus 80 años y tras varios accidentes cerebro arteriales, se aferra empecinadamente al poder en Argelia.

Como puede apreciarse, viejos y enfermos los gobernantes africanos suelen empecinarse en no dejar sus cargos.

Por otra parte, la denominada “maldición de los recursos naturales” hace que la corrupción en el continente africano sea un mal endémico. Gobernantes y políticos en general se enriquecen desmedidamente permitiendo el saqueo de sus recursos naturales a manos de empresas multinacionales y gobiernos extranjeros mientras su población vive en medio de la pobreza más extrema.

Por último, las estructuras tribales de las sociedades africanas hacen del nepotismo una práctica común y aceptada. Los gobernantes y funcionarios eligen a sus parientes, a los miembros de su clan para ocupar los cargos más relevantes y favorecen a los miembros de sus tribus en las promociones o para el otorgamiento de cualquier ventaja. En estas designaciones rara vez se tiene en consideración la idoneidad de las personas. 

Estas conductas se repiten porque los políticos africanos suelen considerar que gozan de una absoluta impunidad. En raras ocasiones terminan en la cárcel por los delitos cometidos en la función pública. Incluso aberrantes dictadores suelen negociar su huida al extranjero con las riquezas malversadas cuando son derrocados: Mobutu Sese Seko y Robert Mugabe han sido ejemplos paradigmáticos en este sentido.

EN EL LIBRO GUINNESS DE LA CORRUPCIÓN

Pero, el caso del ex presidente sudafricano Jacob Zuma rompió todos los parámetros y merece figurar en el “Libro Guinness” de la corrupción africana, con ochocientas denuncias en su contra. Aunque su renuncia se ha producido más por los problemas que enfrenta la economía sudafricana y, especialmente, por el enfrentamiento de Zuma con quien era su vicepresidente y reciente presidente del gobernante partido del Congreso Nacional Africano (ANC), el acaudalado empresario y abogado Matamela Cyril Ramphosa.

El ex presidente Jacob Gedleyihlekisa Zuma (1942), de origen muy humilde y sin educación formal alguna, en su juventud ingreso al Partido Comunista Sudafricano (SACP) que participó activamente de la lucha contra el régimen blanco de apartheid en Sudáfrica. Por este activismo debió cumplir una condena de cárcel de diez años en el penal de Robben Island, junto a Nelson Mandela y luego con otros diecisiete años de exilio en Mozambique, Zambia y otros países africanos.

Es un político populista que, cumpliendo con las tradiciones zulúes, practica abiertamente la poligamia. Se ha casado seis veces, se divorció de una de sus esposas y enviudó de otra, cuando la mozambiqueña Kate Mantsho se quitó la vida en el 2000. Sus esposas le han dado 21 hijos.

Primero fue vicepresidente de Sudáfrica, luego presidente del ANC y, al ganar las elecciones de 2009 se convirtió en presidente de su país. Su último mandato vencía en 2019.

Zuma había logrado superar, gracias al apoyo del ANC, siete mociones de censura parlamentaria por hechos de corrupción y hasta por delitos comunes.

Las principales imputaciones que pesan sobre el ex presidente sudafricano datan al menos del año 2005. En ese entonces, Zuma era vicepresidente del presidente Thabo Mbeki, cuando fue imputado por lavado de dinero y extorsión, con relación a un controvertido acuerdo de armamentos por valor de cinco mil millones de dólares firmado con una empresa francesa, en 1999.

En 2017, la Suprema Corte de Sudáfrica ordenó su procesamiento por 783 cargos de corrupción que Zuma había logrado que tribunales inferiores descartaran.
En 2006, fue absuelto de la acusación de haber violado a Fezekile Ntsukela Kuzmayo, una amiga de su familia. Zuma adujo que mantuvo con ella relaciones sexuales consensuadas y logró que la corte le creyera.

En 2013 empleó fondos estatales para remodelar su residencia en la zona rural de Nkandia, en el norte de KwaZulu – Natal, donde nació. La justicia lo obligó a devolver veinte millones de dólares apropiados ilegalmente con ese propósito.

Zuma también esta acusado de tráfico de influencias por favorecer los negocios de la rica familia india Gupta posibilitando que obtuviera lucrativos contratos con el gobierno.
Pero lo que puso fin a la carrera de Zuma no fueron estos hechos de corrupción sino su enfrentamiento con el vicepresidente Ramaphosa.

Jacob Zuma postuló a su ex esposa Nksazama Dlamini – Zuma para sucederlo como presidente del ANC en camino a la candidatura presidencial para las elecciones de 2019. Pero está perdió la votación frente a Matamela Cyril Ramphosa.

Desde la presidencia del ANC, Ramphosa inició una campaña de desestabilización contra el presidente Zuma empleando como excusa la lucha contra la corrupción. No es que Zuma fuera inocente de estas acusaciones, sino que Ramphosa nunca había mencionado el tema y aceptado importantes cargos en su gobierno hasta que se enfrentaron por la conducción del ANC y la candidatura presidencial en 2019.

El 13 de febrero de 2018, Ramphosa logró que el Congreso Nacional Africano pidiera al presidente Zuma que dejará su cargo “por interés del país”.

En un primer momento, Jacob Zuma intentó resistir su desplazamiento y pidió al ANC un plazo de tres a seis meses para dejar su cargo. Pero, ante la intransigencia de sus detractores y al ver que carecía totalmente de apoyo debió renunciar.

OTRO MAGNATE COMO PRESIDENTE

Matamela Cyril Ramphosa, es un magnate sudafricano, nacido en la pobreza y que se ha convertido en uno de los africanos más ricos. Al dedicarse a la política, Ramphosa sigue el mismo camino de otros potentados que descubren su vocación por la política como Donald Trump, Silvio Berlusconi o Mauricio Macri.
Nacido en la turbulenta área urbana de Soweto, situada 24 km al suroeste de Johannesburgo, en la provincia de Gauteng, en 1952. Soweto es una de las superficies urbanas más grandes del país, con una población estimada de entre tres y cuatro millones de personas. Su nombre deriva de la abreviatura silábica en inglés para South Western Townships (Asentamientos sudoccidentales).
Ramphosa, era hijo de un agente de policía que falleció cuando el era tan solo un niño. Mientras estudiaba derecho en la Universidad del Norte se unió a la Organización de Estudiantes Sudafricanos y a la Convención del Pueblo Negro. Este activismo político lo llevó en dos oportunidades acusado de actividades terroristas.
Al ser liberado comenzó a trabajar como asistente en un estudio jurídico y completó sus estudios de derecho, graduándose como abogado en la Universidad Nacional de Sudáfrica, en 1981.
Ramphosa se convirtió en abogado del Consejo de Sindicatos de Sudáfrica. En 1982, se convirtió en Secretario General de la Unión Nacional de Mineros, cargo que desempeñó hasta su renuncia en 1991.
Ese mismo año se convirtió en Secretario General del Congreso Nacional Africano. Inmediatamente se convirtió en jefe del equipo de negociadores de ANC que acordaron la transición del régimen de apartheid con el gobierno del Partido Nacional.
Después de las primeras elecciones totalmente democráticas, en 1994, Ramphosa se convirtió en miembro del Parlamento. Fue elegido presidente de la Asamblea Constituyente, el 24 de marzo de 1994, y desempeño un papel central en el gobierno de unidad nacional.
Después de perder la competencia para convertirse en presidente de Sudáfrica con Thabo Mbeki, renunció a sus cargos políticos en 1997 y se dedicó a la actividad privada.
Este humilde abogado, sindicalista y político, de pronto se convirtió en un magnate. Se inició como director de New Africa Investment Limited. Pronto se convirtió en presidente ejecutivo del Shanduka Group, una compañía con intereses en la explotación minera, energía, bienes raíces, bancos, seguros y telecomunicaciones (SEACOM). También es presidente de Bidvest Group Limited y la empresa de telecomunicaciones MTN. Integra las juntas del Macsteel Holdings, Alexander Forbes y Standard Bank. Además, tiene la franquicia del McDonad’s South Africa por veinte años. También es miembro del Consejo Asesor Internacional de Coca-Cola Company.
La revista Forbes lo considera uno de los africanos más ricos con una fortuna aproximada a los setecientos millones de dólares y numerosas propiedades.
Ramphosa también ha encontrado tiempo para desarrollar una actividad académica como jurista. En 1991, fue profesor visitante de la Universidad de Stanford. Ha recibido doctorados honoris causa de la Universidad de Natal, Universidad de Port Elizabeth, Universidad de Universidad de Ciudad del Cabo, la Universidad del Norte, la Universidad Nacional de Lesoto, la Universidad de Massachusetts Amherst y la Universidad de Pensilvania.
Recibió el premio Olaf Palme en 1987 y en 2007, fue incluido en la lista Time 100, como una de las cien personalidades que están moldeando nuestro mundo.
Este hombre, un claro representante del mundo financiero internacional, es quien tiene ahora en sus manos los destinos de Sudáfrica y que promete hacer un gobierno libre de corrupción. Veremos cuanto de esto se cumple.
Por otra parte, recordemos que África hoy tiene 1.200 millones de habitantes, pero, en 2050, habrá duplicado esa población alcanzando los 2.400 millones de personas. Una explosión demográfica de tal envergadura significa que lo que afecte a África no se quedará en África. Por lo tanto, la corrupción y la debilidad de los regímenes políticos africanos es también un problema para el resto del mundo.

martes, 13 de febrero de 2018

UNA GUERRA EN LAS SOMBRAS SE LIBRA EN EL SÁHARA - SÁHEL




El Sáhara – Sáhel conforma un amplio espacio sin ley de 12.000 km² donde terroristas yihadistas, traficantes y contrabandistas enfrentan a tropas especiales europeas en una guerra en las sombras.

El imponente conjunto de la región Sáhara – Sahel constituye una gran masa territorial, más grande que el continente europeo. Esta región vincula al Océano Atlántico, en el oeste, con el Mar Rojo en la costa este y, a través de este último, con el Océano Índico. En esta forma actúa como una porosa frontera de 5.400 km, de extensión, a través de la cual se intercomunican las dos mitades del continente africano.
La región Sáhara – Sahel abarca más de doce millones de kilómetro cuadrados (9.400.000 km² para el Sáhara y 3.053.200 km² para el Sahel) y conforma un vasto espacio de integración e intercomunicación donde las crisis alimentarias, el subdesarrollo económico y la actividad de grupos terroristas y organizaciones criminales internacionales han conformado un gigantesco espacio sin ley.
En esta región sin ley, formada por estados fallidos en un escenario geográfico muy particular, prosperan todo tipo de negocios ilícitos. En vastas áreas del Sáhara – Sahel se trafica con todo tipo de materiales desde personas y ayuda humanitaria hasta armas, drogas, combustible, sin olvidar los diamantes y el oro. Mientras se aplica implacablemente la “sharía” y se destruyen monumentos históricos, patrimonio de la humanidad, y del pasado de los pueblos de la región. 
Las crisis alimentarias son endémicas debido a la irregularidad de las precipitaciones, las rudimentarias técnicas agrícolas y la continua inestabilidad política que provoca el éxodo de la población de las áreas más violentas e interrumpe el flujo natural de los intercambios comerciales con los países vecinos.
Además, los circuitos habituales de pastoreo trashumantes se ven alterados. Los pastores se desplazan en busca de zonas de pastoreo y agua más alejados para proteger a su ganado del creciente pillaje. Todo esto deja a millones de personas a merced del clima y de los terroristas.
Es inmenso oasis terrorista opera como base logística desde la cual se recluta, radicaliza, entrena y financia la yihad. Desde allí se difunde propaganda extremista, se planifican atentados y se entrenan terroristas y guerrilleros sin que las potencias occidentales sepan con precisión donde ubicarlos.
Moviéndose como “peces en el agua”, conviven con la población local toda suerte de personajes: terroristas, narcotraficantes, traficantes de armas, mercenarios, guerrilleros separatistas, o una combinación de todos estos delincuentes con negociadores de secuestros de empresas de servicios militares, instructores de fuerzas especiales y agentes secretos de los principales servicios de inteligencia del mundo. Como señala el Alto Representante de la Unión Europea para el Sahel: “…el vacío del Estado es el oxígeno del terrorismo”.
En síntesis, podríamos decir que se trata de una gigantesca región que combina las características desestabilizantes y peligrosas de Afganistán, Irak, Siria y Somalia. Un área sin ley a las puertas de la Europa Comunitaria que desestabiliza por igual a los países de la región y afecta la seguridad de otros ámbitos del escenario atlántico. Es por ello por lo que los países europeos han optado gradualmente por militarizar la región.
El primer país en desembarcar en la región fue Francia (la potencia colonizadora de la región), que lleva cinco años de presencia militar activa en el lugar. Sus operaciones comenzaron en enero de 2013 con la denominada “Operación Serval” destinada a preservar la vida de los seis mil residentes franceses de Malí. El primer contingente contaba con 1.700 hombres de la fuerza de intervención francesa y el apoyo de los Estados Unidos que proporcionó la capacidad de repostar combustible en el aire a los aviones galos. Las fuerzas francesas, apoyadas por efectivos del maltrecho ejército maliense, efectivos de la Comunidad Económica de África Occidental -CEDEAO-, y 800 hombres del Ejército de Chad, repelieron con aparente facilidad el avance de los grupos rebeldes y recuperaron el control de las principales ciudades del norte de Malí: Tombuctú y Gao.
En agosto de 2014, al Operación Serval se transformó en Operación Barkhane, que estableció su cuartel general en Yemena y extendió sus responsabilidades del norte de Mali hasta cubrir parte de Níger, Mauritania, Chad y Burkina Faso. El contingente francés se incrementó hasta los 4.000 hombres.
Junto a Francia, los Estados Unidos están presentes en el Sahel desde hace tiempo. Desde 2002, los Estados Unidos han llevado a cabo una serie de operaciones de entrenamiento antiterrorista a miembros de los ejércitos de la región. Además, en Níger tienen estacionado el mayor contingente estadounidense en África, compuesto por 800 soldados. En ese país construye dos nuevas bases militares que se sumaron a una destinada a drones, casi concluida, cerca de Agadez. Así, por ejemplo, el 4 de octubre de 2017, cuatro soldados estadounidenses de una fuerza especial resultaron muertos durante una misión de reconocimiento en Níger.
En noviembre, Níger dio la aprobación para que los aviones no tripulados estadounidenses portasen armas. Esto permite que se lleve a cabo en la región saharo-saheliana el mismo tipo de guerra -de efectos letales y graves consecuencias para la población civil- que ya se lleva a cabo en Afganistán, Yemen y Somalia.
España fue otro de los veintitrés países europeos que primero respondió a la llamada de la “Misión de Entrenamiento de la Unión Europea en Mali (EUTM-Mali)”, establecida por la Unión Europea, con auspicio de las Naciones Unidas. Actualmente, los españoles han desplegado 292 efectivos en Mali y además han ofrecido instructores y profesores para el Colegio de Defensa del G-5 situado en la capital mauritana, Nuakchot.
España es el mayor contribuyente a las misiones militares de la Unión Europea en África. Además del personal militar desplegado en Mali, tiene otros 65 efectivos destinados en Senegal en apoyo a la Operación Barkhane y la EUTM-Mali más otro ocho dentro del apartado de cooperación bilateral. Bajo esa misma categoría también se enmarcan los 32 militares españoles que están en Mauritania y los dos de Cabo Verde. Además, hay 45 en Gabón como apoyo a Francia y a la EUTM-RCA, cinco en República Centroafricana y 23 en Somalia. A estas cifras hay que añadir los 375 militares españoles que forman parte de la “Operación Atalanta”, establecida en 2008 en Somalia para luchar contra la piratería en el Océano Índico y los 250 desplegados en el mar Mediterráneo en la “Operación Sofía”, además de los efectivos que participan de la “Operación Sea Gardian” y los que están con la OTAN en la misma zona. Son oficialmente 1.347 militares españoles que prestan servicio en África sin contar con las tripulaciones de los buques y submarinos.
En Malí opera también la “Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas (MINUSMA)” que cuenta con 14.000 efectivos provenientes de 123 países. Es una de las más caras de todas las que ha montado la ONU hasta ahora y ha sido objeto de ataques por parte de grupos vinculados a Al Qaeda. Unos 86 cascos azules han sido asesinados en la región desde julio de 2013.
Alemania aporta a la MINUSMA con 875 efectivos. En los últimos años la presencia alemana ha experimentado cada vez más peso y ha sido fundamental en el apoyo a operaciones francesas, sobre todo en lo referente al control de fronteras. Además, hay otro contingente germano que participa de la EUTM-Mali. Actualmente, los alemanes están a punto de concluir la construcción de una base de apoyo a sus tropas en Níger.
El gobierno italiano también ha desplegado 470 soldados en Níger, que se suman a los que prestan servicio en Libia y en el mar Mediterráneo. Roma, además de su colaboración en la lucha contra el terrorismo yihadista, otorga prioridad en el control de fronteras y de los flujos migratorios. Estos efectivos se alojan en la base francesa de Madam, que está próxima a las rutas migratorias en Libia.
También el Reino Unido ha expresado su propósito de enviar efectivos militares para colaborar en la lucha contra el yihadismo en la región, aunque no se sabe aún que cantidad y donde estarán desplegados.
El aporte africano a la seguridad de la región saharo-saheliana se ha materializado a través del llamado G-5, un grupo de países compuesto por Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger, cuyo propósito es brindar mayor seguridad a la región.
Estos países, organizados por Francia y financiados por los Estados Unidos, que aportaron sesenta millones de dólares; conformaron la “Force Conjointe du G-5 Sahel (FC-G5S)” que tiene desplegados, desde julio de 2017, 5.000 efectivos en la zona. Además, cuenta con una Escuela Saheliana de Seguridad con sede en Bamako y una Escuela de Defensa, en Nuakchot; así como cuarteles en distintos puntos estratégicos.
Recientemente, Arabia Saudí prometió para el FC-G5S unos 82 millones de euros y Emiratos Árabes Unidos, otros casi 25 millones.
Este importante despliegue militar ha terminado con la vida de docenas yihadistas y ha conseguido la destrucción de grandes cantidades de armamento, pero no ha logrado evitar la actividad de los grupos extremistas y del crimen organizado, e incluso la formación de nuevas organizaciones, que ahora además de Mali, operan en Burkina Faso y Níger.
Aunque la Unión Europea destina a la zona hasta ocho mil millones de euros (incluyendo las aportaciones de los países) prioriza siempre sus intereses geopolíticos, la respuesta militar al terrorismo yihadista, la lucha contra el crimen organizado y el control de flujos migratorios con destino a su territorio sin aportar mayores contribuciones al desarrollo de la región. Frecuentemente, el envío de ayuda humanitaria para aliviar las necesidades más urgentes de la población local llega tarde o directamente no llega.
De nada sirve que el Alto Representante de la Unión Europea para el Sahel, el español Ángel Losada, comprenda todo el dramatismo de cuestión. Al señalar que “La pobreza engendra un problema de inseguridad, terrorismo y radicalización”. En la región saharo-saheliana, este proceso de radicalización hacia el yihadismo es muy distinto de cómo se desarrolla en Europa. “Es gente que no tiene nada que perder. Estamos hablando de una zona con enorme pobreza en la que la población se multiplica de forma exponencial y la riqueza en forma aritmética. Por eso hay que trabajar con esa juventud para que tenga salidas, porque si no las tiene buscará la migración o incluso la radicalización”, sentenció el funcionario comunitario.